lunes, 3 de septiembre de 2007

Escuela y Reproducción Social

Tal vez cometí muchos errores,
quizás en aquel tiempo no te conocí,
no valoré cada rincón del salón,
cada palabra de mis maestros.

Hoy que soy nada
comprendo lo que significas.

Eres todo:
Conocimiento, lucha y entrega.
¡Escuela de mi alma!
saber de los saberes.

Jugué de todo,
aprendí nada
me regocijé en inquietudes y
me acostumbré a las malas notas.

Hoy que soy nada
¡Como me arrepiento!

¡Escuela de mi alma!
Eres todo y yo nada.

Autora: Maricela Méndez

La lectura de este culpabilizado poema nos puede llevar a algunas preguntas. ¿Es la escuela “todo”?, ¿En la generalidad de los casos, los fracasos escolares son responsabilidad de las víctimas?, ¿Realmente fue fruto de una decisión libre el “jugué de todo, aprendí nada”?.

Este poema enmarca a la escuela en una visión “clásica”, donde se creía que los alumnos acuden en idénticas condiciones, y triunfa el más apto, el que más se comprometió con la tarea, pero ¿es eso lo que podemos apreciar a diario en las aulas?, ¿los valores culturales se reparten en forma equitativa para todas las condiciones sociales?

Si consideramos que un sistema educativo tiene “equidad” cuando todos los sectores sociales pueden acceder a los mismos servicios educativos ¡en la misma cantidad de tiempo!, ciertamente nos encontraremos en presencia de un sistema sumamente inequitativo.

Vemos entonces que el pensamiento pedagógico actual, bajo el signo del achicamiento de los estados, la supremacía de los mercados y los valores neoliberales que crea una creciente exclusión y fragmentación social la problemática de la educación ha quedado reducida a cuestiones técnicas y organizacionales, así como también se haya vaciado el discurso pedagógico de su vinculación con la ética y la política.

Pero, es necesario recordar que la pedagogía crítica se inicia hace más de treinta años y su crítica consiste precisamente en denunciar el mito liberal de la neutralidad de la escuela, destacando su función político-ideológica y reproductora del orden social dominante

Esta perspectiva propone a su vez un nuevo tipo de escuela que intente superar los aspectos deterministas, aludiendo a la autonomía del educando, y como decía P Freire:

“Soy profesor a favor de la esperanza que me anima a pesar de todo.
Soy profesor contra el desengaño que me consume y me inmoviliza.
Soy profesor a favor de la belleza de mi propia práctica”

La escuela puede ser, entonces una herramienta de lucha, y de construcción democrática. Este proceso debe darse en un contexto general transformador, implicando la sociedad toda, y en donde la libertad y la igualdad sean los ejes principales.

Entonces, no debe ser la educación una mera maquinaria de capacitación técnica y titulación que fabrique generaciones de mano de obra más o menos especializada. Todo lo contrario, se trata de la educación entendida como un derecho del ser humano.

El otro discurso, el del liberalismo, ha promocionado una visión de la escuela como formadora de "ciudadanos sólidos". Disfrazada con banderas como integración o socialización hay una necesidad de control social, de adaptación del individuo al grupo y de legitimación de desigualdades. En un principio se proponía un igualitarismo destinado idealmente a nivelar las “diferencias de cuna”, pero hoy ha sido convertido por los burócratas de la pedagogía en una mera estandarización.

No existe una educación “neutra”, alejada de las luchas mundanas, se trata ni más ni menos que la repartición de capital, en este caso no se trata de una acumulación económica, sino cultural, y todos, especialmente las familias deben ser partícipes en dos frentes, uno de ellos es ejercitando apropiadamente el currículum hogareño, en especial formando hábitos como el de lectura y de rechazo a la TV, y por otra parte participando democráticamente y en forma activa en los establecimientos escolares.
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