sábado, 1 de noviembre de 2008

Estado, política y educación

Los siguientes párrafos, como los dos "post" anteriores, pertenecen a Daniel Filmus

Entre el artificio de la razón y la realidad objetiva. En busca de una interpretación superadora
Las limitaciones en los análisis acerca del Estado condujeron a visiones simplistas acerca de las políticas educativas y del rol del Estado en la educación. A pesar de partir de premisas y marcos teóricos claramente antagónicos entre sí, las versiones más representativas de las perspectivas liberal y marxista coinciden en presentar un enfoque lineal, unidireccional y predeterminado respecto de la función social del Estado en materia educativa.
En lo que respecta a los supuestos no compartidos, los mismos radican principalmente en la definición de la naturaleza de las sociedades modernas y en el carácter que adquiere el Estado en ellas.
Estas diferencias se manifiestan particularmente en el análisis del tipo de relación que establecen entre la educación y la sociedad. El sistema educativo es visto como el instrumento igualador por excelencia para unos y como una herramienta necesaria para perpetuar las desigualdades sociales, para otros.
Hoy día los cambios en la relación entre Estado, sociedad y educación exigen el desarrollo de nuevos paradigmas y categorías de análisis que permitan dar cuenta de las particulares características que asume en la actualidad la realidad socioeducativa de la Argentina y de otros países de la Región.
La “crisis de los paradigmas” se expresó a través de un conjunto de investigaciones que mostraron que los marcos teóricos tradicionales, predominantes hasta el momento, no estaban en condiciones de abordar satisfactoriamente las problemáticas emergentes de las nuevas situaciones socio-políticas y educativas.
Retomando en especial los aportes del marxismo, el Estado fue replanteado para reforzar su instancia como ámbito de lucha, habilitando de este modo la posibilidad de pensar las conquistas de los sectores dominados y no sólo el aspecto de la dominación. Es así como situaciones propias de nuestra Región pudieron ser distinguidas y profundizadas, mostrando cómo el orden capitalista aunque mantiene ciertas constantes, en el ejercicio de la dominación no son lo mismo regímenes políticos democráticos o dictatoriales, por las estrategias de imposición de su poder y por la apertura o cerrazón respecto de las demandas populares.
Por ello la terceridad y generalidad no pueden ser comprendidas sólo como neutras (liberalismo) o sólo como de “una” clase (marxismo clásico), en tanto deben ocuparse de la reproducción y legitimación tanto de los sectores dominantes como dominados y la inclusión de estos últimos conlleva a concesiones no siempre beneficiosas directamente para los primeros, aunque en última instancia conducen a sostener el orden vigente.
¿Cuál es el origen de esta mecánica estatal? La concentración de diferentes especies de capital que le otorga poder sobre el resto y sobre sus detentores, sobre las reglas de juego para mantenerlo, reproducirlo y recrearlo.
Concentra el capital de fuerza física, tradicionalmente abordado como el monopolio de la violencia física legítima (ejército, policía); el capital económico (la instauración del fisco); el capital informacional (empadronamiento, estadística oficial; unificación de códigos); el capital simbólico (principios de visión y de división del mundo). Éste último es condición de existencia de los demás, ya que la eficacia de todo capital depende del reconocimiento por parte de los agentes. En su forma objetivada y codificada constituye el capital jurídico que otorga al Estado la capacidad de “nombrar” (Bourdieu, 1996).
Al hacerlo brinda existencia legítima a sujetos y circunstancias, sin lo cual no tienen existencia “aceptada”. La vida cotidiana está regida por estos actos: se es matrimonio cuando alguien “competente” en nombre del Estado los declara marido y mujer; dicha competencia es certificada por funcionarios de Estado. Es a través de estos actos de nombramiento que el Estado instituye prácticas y formas de ver el mundo en los sujetos que se encuentran bajo su jurisdicción, agrupando a los sujetos según edad, sexo, nivel de escolaridad, estado civil, situación ocupacional.En este punto, el sistema educativo cumplió una función determinante, no sólo como una máquina de clasificar (por edades, rendimiento, etc.) sino también en la construcción de una comunidad de conciencia. En el primer caso diciendo a los niños no sólo lo que deben hacer, sino lo que deben “ser”. En el segundo caso, generando el sustento de la nacionalidad, al transmitir la cultura legítima, a través de la lengua oficial. Ya sólo en el lenguaje, el maestro actúa sobre la forma de expresión de las ideas y sentimientos
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