sábado, 6 de marzo de 2010

PEDAGOGÍA DE LA INSUMISIÓN

La pedagogía de la insumisión implica entonces una propuesta de educación popular, que no se define por la pro-institucionalización o la anti-institucionalización, sino por disputarle al capital absolutamente todos los espacios educacionales posibles.

PROBLEMATIZACIÓN E INSUMISIÓN

"Confrontamos con esa certeza ideologizada, según la cual el estudiante existe para aprender y el profesor para enseñar" (Freire, 1986: 51).


Partimos de recuperar la indignación que debe despertar todo orden social injusto, y junto a ella la posibilidad de enfrentar la dominación, sin la cual sería imposible mantener el equilibrio que permite la reproducción de las desigualdades. No se trata de un abordaje de la dominación como determinación; en su resistencia y en las alternativas que se logren conformar se asienta la esperanza.


DISPUTANDO TODOS LOS ESPACIOS EDUCACIONALES POSIBLES

El debate entre la corriente nacida en Francia que postuló la teoría de la reproducción y la corriente de la pedagogía crítica ha reforzado la idea de la escuela como ámbito donde transcurre lo educacional. A pesar de que ambas corrientes han realizado aportes más amplios, la fuerza de la contradicción entre una escuela que sólo reproduce las relaciones sociales de producción y otra que ofrece grietas desde donde impulsar la transformación resumió notablemente ambos planteos.


Desde nuestra perspectiva, consideramos que es necesario ampliar el análisis de lo educacional más allá del ámbito escolar y cuestionarnos acerca de las prácticas que pueden definirse tanto al interior de las instituciones educativas como por fuera de ellas.


Los medios de comunicación, las fábricas, las bibliotecas y las ONG, entre otros, son también espacios en los que se conforman sentidos. No sólo la escuela es un sitio donde la permanencia de una cantidad de horas diarias abre la posibilidad a la conformación de sujetos disciplinados a un orden social.


Si la dominación, a través de la educación bancaria, procura hacernos ordenados, comandados y alienados, la educación problematizadora debe permitir interrogarnos sobre esta condición de que existimos encontra-de-y-más-allá-de ser clase trabajadora.


La crítica a la pedagogía bancaria no se reduce a la relación asimétrica entre el docente y el estudiante, o a la capacidad y disposición del primero para formular preguntas o la visión del estudiante como tabla rasa; del mismo modo que alertamos contra los posicionamientos políticos que proponen la transformación y sostienen la transmisión de conocimientos, resulta necesario alertar contra aquellos que se desprenden del contenido político de la propuesta y presentan recetas tecnocráticas que ocultan la naturaleza política de la educación.


La problematización busca desmitificar la realidad en una sociedad capitalista que procura negar el carácter histórico de los sujetos, tarea que por sus dimensiones no puede adjudicarse exclusivamente a la institución escolar.


Una propuesta pedagógica que promueva la insumisión no puede sostener una práctica basada en un optimismo pedagógico encerrado en los límites de la escuela.


La lucha por la búsqueda de este sujeto no será entonces contra la escuela o a favor de ella, sino contra los intereses del capital en cualquiera de los espacios educacionales posibles.



CÍRCULOS DE CULTURA, DIÁLOGO Y RESISTENCIA

No podemos utilizar un patrón único de cultura popular. No son iguales los sentidos que le asignan a la realidad y los procesos que generan un grupo de jóvenes desocupados que un grupo de obreros de muchos años de fábrica, un grupo de trabajadores inmigrantes o un grupo de estudiantes universitarios que deben enfrentar las amenazas de arancelamiento u otros embates contra la educación pública.


Dominadores y dominados siempre están presentes en la obra de Freire, y son a la vez esenciales para analizar y comprender la praxis político-pedagógica, ya que esta implica acción y un conocimiento que se va construyendo con los dominados y que tiene como búsqueda la transformación. Un tipo de posicionamiento que constituye a la vez identidades.


"La cultura popular casi nunca es considerada como elemento constitutivo de los acervos que deben ser considerados importantes para la evolución de la especie" (Romão, 2006: 1).


Más allá de este reconocimiento, en muchos casos se trata de que los mismos sectores populares puedan reconocerse desde su identidad y preservar diferentes producciones como su música, su literatura, y sus diversas resistencias. Desde distintos espacios educativos, se dará una lucha de sentidos para imponer las miradas hegemónicas en las que, entre otras cuestiones, se alentará el consumo, la desconfianza hacia el otro y la cultura erudita como única noción de cultura.


Ante la necesidad de promover espacios de resistencia que se propongan recuperar y/o producir otras miradas, Gadotti recuerda el pensamiento de Gramsci:


Gramsci atribuye gran importancia a lo que llama academia y núcleos de cultura popular, organizados a partir de comunidades pequeñas. Esas academias –que se extenderían desde los círculos locales, urbanos y rurales hasta secciones regionales y centrales– deberían estar articuladas con las escuelas y las universidades; tendrían una organización más flexible que las escuelas […] Gramsci atribuye a esos círculos la función de minar las estructuras capitalistas de la sociedad y fortalecer la organización de los movimientos populares (Gadotti, 1996: 70).


Estos núcleos de cultura popular, muy cercanos a los círculos de cultura que propone Freire, pueden convertirse en los espacios para darle vida a una pedagogía de la insumisión que resista una dominación que busca imponerse por sobre cualquier expresión de la cultura popular.


Si sostenemos que no existe un patrón único de cultura popular, resulta evidente que a la hora de pensar en estos círculos no podemos imaginar receptores pasivos. "Si el educador no se expone por entero a la cultura popular, difícilmente su discurso tendrá más oyentes que él mismo" (Freire, 1999: 102). Esto significa mucho más que una estrategia para conseguir oyentes, o un sincretismo que busque imponer sentidos; alude a un diálogo necesario en función de una construcción colectiva de conocimientos.



La relación dialógica contiene un elemento marcadamente pedagógico, en el que los participantes buscan enseñarse el uno al otro y aprender el uno del otro; y el aspecto voluntario de esa participación es decisivo, puesto que es improbable que un participante que se resista al diálogo obtenga o aporte algo (Burbules, 1999: 55).


Respecto al sentido que le asignamos al diálogo, es necesario dejar en claro que recuperamos la concepción de diálogo entre diferentes, pero en contra de los antagónicos.


La obra de Freire puede ser manipulada en distintos sentidos, y esta apelación al diálogo puede alimentar ciertas tendencias a escaparle a la lucha de intereses antagónicos.


LA EDUCACIÓN POPULAR MÁS ALLÁ DE LA POBREZA

En la sociedad de clases, como afirmamos anteriormente, la realidad se nos presenta mitificada. Diferentes situaciones injustas aparecerán como determinaciones que, como tales, resultan imposibles de transformar.


La posibilidad de plantearse objetivos que se presentan como imposibles y que Freire denominó como inédito viable es algo que podemos asociar a las actuales resistencias a la dominación, y junto a ellas los procesos de construcción de conocimiento que contribuyen a convertir diversas luchas populares en acumulaciones que posibiliten la transformación social.


La idea de educación popular está, en muchos discursos, asociada a la pobreza. La existencia de un proyecto popular emancipatorio plantea la necesidad de articularlo en todos los espacios educacionales posibles que no se limitan a los barrios más pobres; también podemos pensarlo en los sindicatos, en organizaciones independientes de los trabajadores, centros culturales, e incluso en las instituciones educativas como elementos de articulación con el resto.


Las ayudas sociales destinadas a los excluidos, a la vez que sirven para paliar el hambre, se constituyen en gigantescos instrumentos de control social para la dominación y alejan al sujeto de la posibilidad de reconocerse desde el hacer humano.


No se trata de educar en la idea de que el trabajo dignifica con el simple propósito de proveer al capital de una disciplinada fuerza de trabajo. El educador democrático no puede negarse el deber de reforzar, en su práctica docente, la capacidad crítica del educando, su curiosidad, su insumisión. Tales condiciones implican o exigen la presencia de educadores y de educandos creadores, investigadores, inquietos, rigurosamente curiosos, humildes y persistentes (Freire, 2005: 27).


La capacidad crítica se ha convertido en un contenido común en los procesos de reforma educativa de la región, respecto a la propuesta de Freire que citamos; lo que no está presente en los documentos es la posibilidad de alentar la insumisión.


Autonomía, en estos términos, significa poder definir los contenidos desde los espacios educacionales que venimos proponiendo y no desde los acogedores despachos ministeriales donde el consenso tritura los proyectos emancipatorios.


Volviendo a Freire, encontramos que la rebeldía es un punto de partida indispensable; es el detonante de la ira justa, pero no es suficiente. La rebeldía en cuanto denuncia necesita prolongarse hasta una posición más radical y crítica, la revolucionaria, fundamentalmente anunciadora. La transformación del mundo implica establecer una dialéctica entre la denuncia de la situación deshumanizante y el anuncio de su superación, que es, en el fondo, nuestro sueño (Freire, 2005: 77).


CONSIDERACIONES FINALES

Este atrevimiento de nombrar a la pedagogía de la insumisión tiene que ver con la sensación de que, en el campo educacional, la pedagogía crítica (por responsabilidades propias y ajenas) está quedando encerrada en la reflexión, y que, para abordar una nueva definición que conforme la idea de praxis, es necesario integrar diferentes experiencias actuales que mucho tienen de acción y que significan magníficos ejemplos para la esperanza de transformación.


La palabra crítica ha sufrido distintas profanaciones y re-apropiaciones, por lo cual hablar de insumisión alude a una acción que pareciera generar mayores incomodidades a la dominación.


Lo anterior no implica, de ningún modo, renunciar al ejercicio de la crítica. Son momentos en los que es clave defender el carácter político de la educación.


Autor

Marcelo Hernández

Licenciado y Profesor en Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de Luján (UNLu), Buenos Aires, Argentina


 

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