viernes, 24 de septiembre de 2010

Educación popular y socialismo del siglo XXI

Los que tenemos la vocación de ser educadores populares comprendemos esta ocupación como un ejercicio de convivencia, de trabajo y preocupación por el bien común, por la sociedad de justicia y equidad. Por eso, no nos referimos sólo al hecho de ser educadores, profesores, maestros de aula, sino educadores-ciudadanos. Pues no estamos hablando sólo de escolaridad, de aprobación de asignaturas y logro de competencias académicas que permiten pasar de un grado a otro, dando como resultado un cúmulo de conocimientos que obtiene un título profesional por el que acceder a un mejor trabajo. No es desde ese paradigma lo que está en la base del socialismo que será venezolano, ni de la educación popular de la que hablaba don Simón Rodríguez; pues la propuesta está entendida como una manera de ser y estar en el mundo como republicanos, hombres y mujeres activando una mejor sociedad en América Latina, en Venezuela, en el barrio y en la casa desde el compromiso sociopolítico con los sectores empobrecidos para alcanzar la igualdad social para todas y todos, no para que siga habiendo pobres o ricos.

Está en la raíz de nuestro socialismo la acción revolucionaria que potencia el poder creador del pueblo, del barrio; el cuestionamiento a la reproducción del modelo opresor, como decía Freire, y que cargamos a cuesta; la concientización de la hegemonía capitalista que nos educó en la superación que genera la corrupción, permite el enriquecimiento ilícito y desprecia la sencillez de vivir con lo justo y necesario.


La educación popular (EP) desde su intencionalidad y metodología tienen hoy el desafío de concebir propuestas alternativas, nuevos modos y medios de entender y construir esa otra sociedad justa e igualitaria para sostener el proyecto socialista en el que nos embarcamos como propuesta de vida. La apropiación de la idea de necesitar otro país, el deseo de ver a otra gente gobernando, la búsqueda de otra forma de repartir las riquezas, el alcanzar reivindicaciones laborales y denunciar la grosería imperialista de dominio y manipulación, se han afianzado elección tras elección.


Sin embargo, eso no es suficiente para derrocar al capitalismo e imperialismo que activamente cada día seguimos alimentando y que no nos permite construir plenamente, desde la base ni desde algunas personas del gobierno, el país otro que queremos. Para derrocar al capitalismo, decía Gramsci, hace falta un sujeto social colectivo que intervenga, que sea activo en el proceso de derrocamiento y transformación social. La EP en Venezuela, uno de los cinco motores del nuevo periodo presidencial tiene que impulsar ese sujeto social colectivo que no espera pasivamente a que las instituciones hagan su trabajo.


La acción política-educadora- transformadora se evidenciará en unos Concejos Comunales (CC) que realmente articulan e integran las diversas organizaciones comunitarias sin hacerse sombra ni sospecharse del poder que impondrán unas sobre otras, con el único objetivo de ser germen de la nueva sociedad. Ocupados en una vocería atenta a las alegrías y dificultades del sector, barrio o urbanización. Los miembros de los CC, tercamente han de insistir en la reunión semanal que comunica preocupaciones locales y continentales, que organiza las ideas y eventos sociales, y proponen soluciones en relación con los órganos del estado.


Tarea difícil la de la corresponsabilidad, lo sabemos; eso nos enseñó el neoliberalismo: sólo tenemos que reunirnos para alcanzar el interés inmediato no para reflexionar, menos para pensar o elaborar ideas.


Nuestro socialismo amerita unos CC entendiendo la organización desde procesos formación y creación que permiten relacionar directamente los actos, la teoría y la práctica, creando y recreando la conciencia crítica. Es el tiempo de las reuniones formativas, tiempos de debates y foros al interior de los CC. Debates que cada vocero ha de extender a su cuadra, a su calle, a su casa como parte fundamental de la participación popular.


Otro llamado importante en el cambio de ministros fue el de tener Ministerios en la calle, oyendo y canalizando propuestas y denuncias; no esas oficinas burocráticas que han sido muro de contención de la consolidación de la participación popular; oficina que han desencantado a los líderes comunitarios, desairado a educadores populares, voceros, activistas vecinales. ¿Será imposible que haya un oído de los ministerios dentro de la agenda semanal, o quincenal de los CC? Necesario es un encuentro directo entre las propuestas de los CC y la colaboración del ministerio correspondiente; entre los líderes vecinales y la mayoría vecinal para que se potencien nuestras capacidades de organizar, articular y ejecutar acciones socialistas.


Derrocaremos el capitalismo cuando todas y todos los trabajadores del sistema educativo bolivariano se convenzan de que la educación tiene que ver con sacar fuera lo mejor del ser humano para compartirlo en la sociedad que vive, al tiempo que se nutre de los ideales de esa sociedad y sus buenas acciones sociales. Cuando entendamos el conocimiento y la educación como un proceso social de carácter colectivo que aportan el desarrollo de la identidad personal y social avanzaremos en el quehacer transformador, por lo que hoy debemos desaprende el individualismo capitalista y separatista.


Tendremos el socialismo del siglo XXI cuando las maestras y maestros de los Simoncitos se relacionen fraternalmente con los niños y niñas sin limitar su creatividad y creaciones. Los empoderen de su formación tocando y cuidando la naturaleza sin miedo al ridículo o a la pregunta que genera la reflexión y no la respuesta mecánica.


Estimulen la solidaridad y la protección entre compañeros de estudio sin reparar en color o condición. Promuevan el compartir de los útiles y destierren la lista escolar individualizada sin temor a la cooperación. Necesitamos maestras y maestros que ayuden a nuestros niños a observar su entorno, y al modo de Don Simón, descubran la utilidad de los colores, de la construcción, del trazado de las calles, de experimenten la lluvia y el sol y sus consecuencias vitales en el cuerpo. ¿Qué necesitamos para eso? ¿Aulas llenas de juguetes? ¿Salones abiertos? ¿La amplia calle? ¿Un día de paseo? ¿El pausado caminar que nos ayude a comprender procedimientos y procesos? ¿Y qué hacer con la vieja academia liceísta y universitaria en Venezuela? Desarrollar nuestras capacidades para la lectura, la escritura, la reflexión, el trabajo comunitario, no la competencia ni el ser alguien por el estudio titular, que aún predomina en el ambiente de nuestras misiones educativas. La educación popular ensanchó la comprensión de la acción educativa y política en la sociedad, desde Simón Rodríguez hasta Freire sabemos que es urgente una nueva formación en nuestras maneras de ver las cosas, de actuar, de manejar el capital. Eso que llamamos nuevo paradigma socialista tienen que ver con atender a las mismas cosas con otros ojos, con otras razones, con otras intenciones. El empeño organizativo y de transformación que implican los Consejos Comunales para el proyecto de país que queremos se ha de de complementar con una formación en los liceos y universidades consecuente:


- Nuevas relaciones de poder, entendiendo éste no como una imposición de fuerzas o un cargo de gerente de, sino una fuerte relación de vinculación entre las personas y las cosas, una suma de capacidad crítica para entender y atender los procesos y desarrollar competencias instrumentales para actuar complementados y recíprocamente necesitados; y la propuesta del socialismo del siglo XXI es recuperar esa convicción de que somos portadores de poder en la medida en que todos nos encontramos envueltos en relaciones que se influencian mutuamente y nos implicamos más conciente en el proyecto de país que deseamos. Por lo que poder es sinónimo de participación, y se encuentra difuso y confuso en todas las áreas de la sociedad.


- Necesitamos profesores, maestros, educadores, obreros, estudiantes fortaleciendo ese tipo de poder en los liceos y universidades, en las escuelas y liceos bolivarianos. La cotidianidad del liceo ha de volverse trabajos comunitarios, reelaboración del conocimiento a través de la investigación y la acción social. Eso es parte de esas nuevas relaciones de poder y transformación social Y la EP que estamos proponiendo en el sistema educativo bolivariano quiere fortalecer los intereses de la cooperación interna en la institución educativa como ya se dan en muchas escuelas, pero el salto del interior de las escuelas al exterior de las comunidades aún nos espera.


Nuestros chamos no pueden alcanzar la disciplina del trabajo y la colaboración en la simple actividad de limpiar o reparar su institución educativa; pero es un paso, siempre y cuando vean a sus maestros dando el ejemplo.


No se enseña lo que no se sabe, y el respeto, la equidad, la justicia, en las relaciones de poder que se entablan en las instituciones educativas se proyectan a la organización comunitaria, a la organización cultural, a la cotidianidad del país, ahí hay un reto para favorecer la coherencia y el alcance de los objetivos de nuestro socialismo. La escuela tiene que hacer experiencia de vida la valoración de las normas necesarias para la convivencia, y consolidará un ambiente de respeto y solidaridad para darle carne y sangre a este socialismo que necesita nuevas generaciones de jóvenes y adultos honestos y corresponsables, implicados en su formación para la vida no para pasar el año escolar, no para un semestre, con lo cual se desterrará el aprendizaje de la corrupción.


Es importante reafirmar que las escuelas bolivarianas han de potenciar más que nunca esta formación de nuestros adolescentes y jóvenes con esas actividades alternativas que se incluyeron en la matriz curricular como danza, deporte, música; y más aún, combinar junto con las casas de la juventud el compromiso de cuidar los espacios comunitarios que estén a su alcance; que puede ir desde limpiar la calle que se habita hasta la consolidación de grupos educativos culturales vecinales surgidos de las inclinaciones juveniles y de los intereses de la patria.


En este sentido, la red de bibliotecas públicas debe trascender su horario de oficina y también ofrecer sus espacios para la ocupación nocturna de nuestros jóvenes, a quienes sabemos que en sus casas aún les falta el acceso al libro de estudio y el espacio tranquilo para trabajar. Y además se le cierran las puertas de una biblioteca pública a las cuatro o cinco de la tarde.


Más aún, ¿qué haremos en este socialismo del siglo XXI con nuestros niños y niñas que están en la calle trabajando sin acceder al sistema escolar oficial? Grandes esfuerzos ha hecho el ministerio del trabajo par atenderlos con los comisionados NAT, para favorecer el respeto de sus derechos laborales y personales, puesto que las necesidades les colocó en esa coyuntura laboral, pero el país que queremos enmarcado en una formación permanente de empoderamiento y organización, aún no impacta a esa juventud desde el diálogo de saberes con su experiencia y el conocimiento socializador de las potencialidades humanas.


Desde ahí donde trabajaban: mercados, centros comerciales o calles, la EP debe dar una respuesta a estos adolescentes y jóvenes, se necesitan facilitadores que adapten el currículo establecido, o puedan crear otro, para recuperar el potencial de vida esos pequeños patriotas y se les despeje el futuro de explotación y opresión que el capitalismo les signo.


¿Cómo institucionalizar los foros educativos de padres y representantes, sabiendo de su perezosa participación? Pero hemos de insistir para sumarlos cada vez más, pues será la discusión de las preocupaciones por la formación de nuestros hijos, hermanas, sobrinos la que empuje soluciones vinculantes con todo el quehacer nacional. Y los foros educativos han de trascender la escolaridad para instalarse en la comunidad como espacios de participación y reflexión comunitaria que aborda temas como justicia y ciudadanía, planificación y gestión, violencia y delincuencia, grandes temas que preocupan el día a día vecinal. Foros, conversatorios, debates constantes de atención al quehacer y ser comunitaria para aperturar un proceso de recuperación del espacio público como espacio de encuentro y discusión, pues la comunidad entramada en foros de seguridad, en diálogo de corresponsabilidad con los CC comunales y con los ministerios en la calle podrá ser parte del sistema de seguridad que previene la violencia que tanto nos preocupa.


Así el desarrollo endógeno no es sólo un asunto de cooperativas y pequeñas microempresas, necesarias para la economía alternativa y contra imperialista, sino un proceso de formación y construcción constante. Toda sociedad necesita desarrollar los mecanismos por los cuales sus habitantes accederán a los aprendizajes necesarios del proyecto de vida que dicha sociedad tiene. Por eso la tarea educadora de desaprender más de 40 años de sin sentido social, de falta de sentido de partencia al país y despreocupación por lo comunitario y por el porvenir de los más desfavorecidos es tarea fundamental de este socialismo del siglo XXI; tarea de nuestras organizaciones comunitarias, de nuestras misiones educativas, de la propuesta de formación para el trabajo de la misión vuelvan caras. Vamos a paso de vencedores.


La educación popular que inspiró a Don Simón Rodríguez y a muchos otros tantos educadores de América latina tiene hoy más que nunca su vigencia: Impulsar y sostener desde los sectores populares y empobrecidos la transformación socialista que propone el gobierno nacional, pues es fundamental en la identidad de la educación popular su intencionalidad política de transformación social devenida de una praxis educativa, ciudadana y convivencial éticamente responsable, orientada por los principios, valores y convicciones del socialismo que se propone. Haciendo revisiones constantes, sistematizando desde la praxis y teorizando con la confrontación y evaluación permanente. Recuperando el día a día, reconociendo que la calle, el barrio, el trabajo, el sindicato, el consejo comunal, la escuela, son la base del empoderamiento y concreción de este socialismo del siglo XXI.


Creo que una gran orientación par alcanzar ese socialismo del siglo XXI no es el decreto ni la ley sino la fe, la actitud convencida de cada hombre y mujer, de cada educador, que apuesta por este camino. Es necesaria la convicción de que este es le proyecto de vida para hacernos más humanos y mejores ciudadanos. Creer y activar desde esa fe. Por mucho que el gobierno proponga estructura e instituciones que puedan favorecer la concreción del socialismo, cualquier estructura gubernamental se falsificará o desviará su intención si las personas que sostienen la institución no actúan en consecuencia; es tiempo de avanzar en la formación de la actitud socialista. Ahí tenemos una tarea principal los educadores populares.


Para los revolucionarios, decía Gramsci, el principal obstáculo es superar la conciencia puramente economicista para alcanzar una conciencia socialista que no limite su alcance en reivindicaciones mínimas sino que intenta transformar el conjunto global de las relaciones de poder y quehacer en la sociedad. En este caso, en nuestra esperanzada sociedad venezolana.


Autor


Jacquelin Jiménez, rscj


 

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