miércoles, 14 de noviembre de 2012

Los Sentidos de la Educación Popular

¿Qué significa “Educación Popular? ¿Es lo mismo que “Alfabetización”? ¿Lo podemos asimilar a la idea de “Educación no formal”? ¿O “Educación para adultos”? ¿Cuáles son sus principios?  En este contexto ¿Cuál es el sentido de ciudadanía crítica y madura?



Redes y articulaciones trabajan las propuestas y apuestas de la educación popular, entendida como un proceso sistemático e intencionado de comprensión de la vida para transformarla conscientemente, en función de la capacidad de organizarse en el marco de los necesarios cambios de sociedades y democracias. Es un conjunto de acciones articuladas sistemática y procesualmente con el fin de comprender colectivamente la vida para transformarla asociativamente.



La educación popular es una propuesta política, ética y pedagógica que propone una metodología transformadora, que es válida no solo para los hechos educativos, sino para el proceso integral de transformación. En ella prevalece el sentido de proceso de mediano y largo plazo, que permita superar la visión inmediatista y parcializada del fenómeno. Así pues, lo inmediato debe abordarse con visión y racionalidad estratégica. Una visión holística y compleja de la realidad debe superar los enfoques parcializados, funcionalistas y profesionalizantes que suelen sustentar las propuestas tradicionales. Por tanto, la interdisciplinariedad o, mejor dicho, la transdisciplinariedad deben ser los enfoques a considerar en las nuevas propuestas.



La educación popular, en esta perspectiva, no es sinónimo solo de “educación no formal”, o “educación de adultos”, o “educación participativa”, sino que las trasciende, puesto que por su planteamiento metodológico puede generar propuestas en diversas esferas, por ejemplo: la educación formal, la educación cívica política, la educación para todos, la EPJA, el derecho a la educación, las estrategias de comunicación, o la alfabetización de adultos y la etnoeducación.



Es bueno recordar que el analfabetismo es la máxima expresión de vulnerabilidad educativa. La desigualdad que existe en el acceso al saber está unida a la desigualdad en el acceso al bienestar. También está asociado a la ausencia de oportunidades de acceso a la escuela, y su problemática tiene relación con la baja calidad de la enseñanza escolar y con los fenómenos de repitencia y deserción.



La alfabetización significa el disfrute del derecho a la educación como condición importante de la ciudadanía activa de una gran diversidad de personas, aportando sustantivamente tanto a la construcción del desarrollo con equidad, como a la democratización de la democracia. Como afirma Paulo Freire: “Una visión de la alfabetización que va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado [...] la alfabetización es más, mucho más que leer y escribir. Es la habilidad de leer el mundo, es la habilidad de continuar aprendiendo y es la llave de la puerta del conocimiento”.



Eliminar el analfabetismo es una meta, pues el objetivo principal es universalizar la cultura escrita, construir sociedades que leen y escriben para aprender y para mejorar la calidad de su vida, como señala Rosa María Torres. Por ello, construir una sociedad letrada significa la extensión de la educación básica de calidad para todos los niños, la alfabetización universal para la población joven y adulta que se encuentra al margen del sistema escolar, promover un ambiente y cultura letrada a nivel local y nacional, y una estrategia consistente en la erradicación de la pobreza que azota nuestras sociedades.



La educación popular no puede reducirse a lo puramente instrumental, aunque este aspecto cuenta, pues debe propugnar hacia lo profundo, dinámico y continuo. Todo el proceso supone tomar notas de las tensiones entre lo micro y lo macro, entre el partir y el llegar, entre el viejo y el nuevo conocimiento, entre lo personal y lo colectivo, entre lo subjetivo y lo objetivo, entre proyecto y proceso, entre eficiencia y eficacia, entre ciencia y conciencia, entre saber y sabor, entre calidad y claridad. La educación popular relaciona los objetivos con una pedagogía participativa y crítica y una didáctica adecuada, para ello necesita llaves, herramientas eficaces (técnicas) para implementar todo el proceso. Pero estas técnicas, los métodos, los objetivos, la concepción son coherentes en el marco de la metodología y la concepción que se maneja.



La educación popular no puede tomar en cuenta una parte de la vida de la gente, sino que, aunque haga sus énfasis de acuerdo a la intencionalidad que se busque desarrollar, debe concebir la vida humana como una unidad articulada. Es necesario por ello incluir y tener presente lo subjetivo, los valores, el claroscuro de la cotidianidad de la vida. Se trata de buscar la coherencia entre las diversas dimensiones, aspirando a la conformación de un sujeto más integral y con capacidad de transformación en las diversas facetas de su vida.



Leonardo Boff lo amplía así: “Pero necesitamos, antes que nada, una utopía: mantener la humanidad reunida en la misma Casa Común contra aquellos que quieren bifurcarla haciendo de los diferentes desiguales, y de los desiguales desemejantes. A continuación, necesitamos potenciar el nicho de donde irrumpe la ética: la inteligencia emocional, el afecto profundo (pathos) de donde emergen los valores. Sin sentir al otro en su dignidad, como semejante y como próximo, jamás surgirá una ética humanitaria. Además, importa vivir –en el día a día, y más allá de las diferencias culturales– tres principios comprensibles para todos: el cuidado que protege la Vida y la Tierra, la cooperación que hace que dos más dos sean cinco, y la responsabilidad que se preocupa de que las consecuencias de todas nuestras prácticas sean benéficas. Y, por fin, alimentar un aura espiritual que dará sentido al todo. La nueva era será de la ética o no será”.



El acercamiento a propuestas educativas transformador atraviesa por procesos de desestructuración:



·            Lo más difícil es descentrarnos, cambiar el eje, es decir, cambiar nuestra tendencia a proyectarnos sobre la realidad y abrirnos a la realidad y a la diversidad. Esto es difícil, porque la diversidad genera amenaza.


·            Cambiar nuestra práctica de poder sobre, para abrirnos a un poder para y un poder con. Esto significa un redescubrimiento de una nueva concepción de lo político: lo político se juega en la relación.


·            Recuperar de la fragmentación nuestra totalidad y la totalidad del mundo (sociedad compleja de Morin).


·            Lograr el difícil aprendizaje de conocer desde la relación, no proyectando en el otro mis estereotipos, sino abriéndonos con admiración a su novedad.


·            Recuperar nuestra capacidad de emoción y de ternura que no tienen espacio en la cultura de la conquista y de la racionalidad manipuladora.


·            Revalorizar la subjetividad y la cualidad, y resituar lo cuantitativo en su ámbito específico.



Se trata de cultivar una ciudadanía formada, crítica y madura que comprenda y asuma que todas las personas son sujetos de derechos y obligaciones. Para algunos gobiernos muchas veces la participación se reduce a involucrar a la gente en la ejecución de políticas definidas desde arriba, obstruyendo la posibilidad de participación en diversos grados, incluso el decisional; en cambio, para los movimientos ciudadanos la búsqueda de participación real es una de sus principales reinvindicaciones.



Cualquier sistema que no sea sosteniblemente fundamentado en un modelo participativo y transparente se convierte en un esquema autoritario o sociedad de dominación que pervierte los objetivos enunciados por muy bellamente expresados que estén. Es innegable la necesidad de estrechar o anular la distancia entre el quehacer público y la ciudadanía. Solo en la medida en que el ciudadano se considere parte del ciclo de políticas públicas tendrá la iniciativa de ser actor y fiscalizador.



En esta ciudadanía, el sujeto democrático gesta la participación y se gesta en ella. La participación es clave, pues está íntimamente ligada al acceso de la toma de decisiones, tomando en cuenta la voluntad de los sujetos. Es la voluntad de ser menos objeto y más sujeto. Esto se manifiesta a través del empoderamiento ciudadano, ejerciendo su participación democrática en todas las esferas de la vida en democracia. La participación es la antítesis del autoritarismo que pregona una direccionalidad preestablecida, o del populismo que plantea el consentimiento de la gente sobre la base del paternalismo; o la visión estrecha que pregona la participación individualista en un mercado concentrador de ingresos y excluyente de muchos grupos humanos.





Extraído de
América Latina: redes, propuestas y apuestas de educación popular
Raúl Leis R.
En
Alfabetización y educación básica de jóvenes y adultos
Mariano Jabonero, José Rivero
Coordinadores


No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Busca en mis blogs

Google+