jueves, 26 de julio de 2012

Ideologías políticas e igualdad de oportunidades en Educación

Es muy probable que todos estemos de acuerdo con la idea de “Igualdad de oportunidades”, pero ¿Tenemos el mismo concepto? ¿Cuáles pueden ser las diferentes miradas? ¿Tienen influencias las ideologías políticas?



Las concepciones de igualdad de oportunidades y las políticas educativas están asociadas a diferentes tradiciones de pensamiento político. Así, cómo llegue a implementarse la igualdad es dependiente de cada política educativa, congruente –a su vez– con una ideología y con una determinada teoría de la justicia. Que todos tengan las mismas oportunidades depende de qué características de los individuos (talento, esfuerzo, mérito, riqueza, etc.) son moralmente arbitrarias para la educación y, por tanto, debían eliminarse (o no influir) en una igualdad de oportunidades. Siguiendo a Rawls, Fernández Mellizo-Soto identifica cuatro modos de entender la igualdad de oportunidades:


a) Sistema de libertad natural es, de hecho, la negación de la igualdad de oportunidades, defendida por ideólogos neoliberales, puesto que se oponen a cualquier acción redistributiva del Estado. Todas las características (incluida la riqueza familiar) son relevantes para alcanzar un determinado nivel educativo, por lo que es “natural” que los más ricos o listos alcancen una mejor educación.


b) Igualdad de oportunidades meritocrática según la cual el origen social no debe condicionar la carrera escolar, sino sólo el mérito, entendido como talento y esfuerzo de cada uno, que debe influir en el nivel educativo alcanzado. La escuela democrática de masas, de hecho, suele basarse en el mérito dentro de una carrera hacia el éxito escolar. Pero una escuela justa no puede basarse en el solo mérito, sino en el éxito de cada uno y para todos, especialmente de los más débiles. Por eso, como dice Ángel Puyol, “si queremos impedir que la competición social sea injusta, tenemos que dejar de ser meritocráticos”.

c) Igualdad de oportunidades universal o igualitaria se corresponde con una socialdemocracia, defendiendo que todos los estudiantes deben ser tratados por igual (independientemente de su talento o riqueza) y recibir la misma educación. Esto no impide que, por las diferencias naturales y sociales, reaparezcan desigualdades. Por eso, debe ser complementada por (d).


d) Igualdad de oportunidades compensatoria, propia de socialdemocracia progresista, que aboga por acciones directas (discriminación inversa o positiva) para compensar a los desfavorecidos, del que sería un ejemplo la propuesta de Rawls. Los individuos peor dotados por encontrarse en desventaja deben ser objeto de especial atención, con medidas compensatorias y mayores recursos. El problema, como veremos, es que la discriminación inversa “es una medida que se mueve por la superficie de esa estructura de desigualdad, pero no socava sus fundamentos, que son muchos más profundos y tienen que ver con las desigualdades socioeconómicas y de poder”.

Aunque la política educativa puede ser una mezcla de estos conceptos, para simplificar, podemos distinguir según dos grandes ideologías políticas (conservadores y socialdemócratas). Una política socialdemócrata considera que la igualdad de oportunidades tiene que ir mas allá de la meritocracia (como defiende una política republicana), compensando las desventajas o los necesidades educativas especiales en función de una ciudadanía social (no sólo civil y política). Además, casi todas las políticas educativas suelen distinguir entre la educación obligatoria y la postobligatoria, nivel este último donde la igualdad universal o la compensación dejan de tener el mismo papel, aunque un socialdemócrata mantendría que las desventajas sociales deben ser también compensadas en la educación superior.

Tabla 2
Igualdad de oportunidades en la Educación Secundaria según ideologías

Igualdad de oportunidades
Libertad natural        
Meritocrático
Igualitario o universal          
Compensatoria

Conservadores         
Diversificación temprana (tracking)
Educación privada Competencia (mercado)
Diversificación Mecanismos objetivos de selección
Ayudas/Becas a los de mayor talento          


Socialdemócratas                
Comprensividad Gratuidad Currículum común      
Acciones compensatorias Discriminación positiva Superar desventaja social



De acuerdo con la Tabla, los cuatro modos de entender la igualdad de oportunidades se dividirían, según las tradiciones de pensamiento político, entre conservadores y socialdemócratas, por no incluir la tradición republicana, subdivididos a su vez según el grado en que defiendan la libertad natural o los mecanismos compensatorios. Las políticas educativas de uno u otro signo implementan estas ideologías en el diseño de un sistema educativo. Así, una educación comprehensiva, donde se retrasa la división de los estudios, posibilita que el origen social influya menos en la diferenciación educativa. Por su parte, ha sido propio de las ideologías conservadoras en educación fomentar el tracking (división en ramas o itinerarios en los últimos tramos de la escolaridad obligatoria, con diferentes salidas al mercado laboral o estudios superiores). Un sistema meritocrático da ayudas a los alumnos con talento, como resalta Ángel Puyol:


La meritocracia no es un ideal igualitario. Mientras que la igualdad resalta que todos somos iguales, la meritocracia consiste en encontrar el mejor. Su finalidad no es reducir las desigualdades sociales, es decir, el espacio que separa a los de arriba de los de abajo, sino encontrar un modo diferente de legitimarlas, un modo nuevo y moderno de acceder a la jerarquía social que sustituya el nacimiento por la capacidad.






Extraído de
Justicia social y equidad escolar. una revisión actual
Antonio Bolívar
REVISTA INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN PARA LA JUSTICIA SOCIAL
VOLUMEN 1, NÚMERO 1
Justicia social y equidad escolar. Una revisión actual, 1(1), 2012, pp. 9-45
http://www.rinace.net/riejs/numeros/vol1-num1/art1.pdf




miércoles, 18 de julio de 2012

La Web 2.0 y la educación emancipadora

La Web2.0 nos brinda enormes posibilidades de interacción ¿Puede convertirse en un medio emancipador? ¿Cómo usarla? ¿Cómo puede cambiar nuestra cultura educativa? ¿Qué valores permite poner en juego?





La Web 2.0, como toda herramienta tecnológica, permite un conjunto de posibilidades, que está en nosotros identificarlas y explotarlas. En Aguilar, Petrizzo, y Terán y en Colina se hacen análisis sobre el uso de las TICs como habilitadoras del desarrollo, revisando su papel en el marco de procesos educativos. En nuestro caso, lo relevante es cómo el modelo educativo emancipador puede usar esta herramienta como un dinamizador de las relaciones de interacción social para la creación colectiva de conocimiento. Estamos hablando de cómo tratar de proponer una nueva cultura educativa, estrategias de aprendizaje, desde la Web 2.0, para catalizar el modelo de educación emancipador.

Las herramientas alrededor de la Web 2.0, o Web social, como también se le conoce, permiten la utilización y creación de conocimiento basadas en la colaboración y en la flexibilización de los procesos de aprendizaje. Los medios sociales que se desarrollan con la Web 2.0 tienen su mayor pertinencia y sentido en un modelo educativo en que los contenidos puedan ser utilizados de forma flexible y libre, y en que los usuarios compartan una cultura de colaboración.

Al mismo tiempo, permiten una gran participación y, lo que es más importante, nuevas formas de relacionarnos. Su uso en el modelo de aprendizaje emancipador es esencial porque permite llevar a su máxima expresión la relación que se debe dar entre lo que pasa en el aula y lo que sucede afuera, tal que la Web 2.0 se convierte en una forma de llevar la cotidianidad y la comunicación a los procesos educativos. Así, las aulas dejan de tener sentido como espacios de transmisión de conocimiento, para convertirse en espacios de discusión, interacción y trabajo colectivo.

Con la Web 2.0, además de las formas de creación colectiva y acceso al conocimiento que ellas permiten, adquieren una gran importancia las herramientas de gestión de conocimiento. Ellas se refieren a aspectos que tienen que ver con criterios para evaluar y analizar la información sobre la web, con las formas de uso eficiente y eficaz de la tecnología para aprender, entre otros. En ese sentido, el papel de los educadores se convierte cada vez más en facilitadores y mentores, que orienten en esos aspectos señalados, a partir de una relación de confianza en que cada uno es consciente de sus capacidades y limitaciones, y del papel que juega en el proceso.

Actualmente existen algunas señales positivas que deben ser alimentadas por una propuesta educativa emancipadora: la formación importante en herramientas de la Web 2.0, la popularización creciente de los blogs académicos, la educación a distancia bajo la forma de auto-aprendizaje y, el gran uso actual del software libre, etc. Este es un proceso largo, pero estas señales indican que algo está cambiando. El reto está en acelerar este proceso de cambio con la introducción de dinámicas emancipadoras en los procesos de enseñanza, de tal modo de usar estas herramientas como mecanismos de cambio que permitan al sujeto transformar su realidad. Todo ello requiere de un sistema mínimo de reglas sociales como el respeto mutuo y la tolerancia, que coadyuven a formas sociales que permitan escuchar, dialogar, y la inclusión del prójimo.



Extraído de
CONOCIMIENTO LIBRE Y EDUCACIÓN EMANCIPADORA
Jose L. Aguilar C.
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
CONOCIMIENTO LIBRE Y EDUCACIÓN EMANCIPADORA
BARQUISIMETO – EDO. LARA – VENEZUELA
Volumen 15 Nº 1
Enero-Abril 2011

martes, 10 de julio de 2012

Hacia un modelo educativo liberador

¿Cómo deben ser las prácticas educativas en un modelo emancipador  ¿Qué diferenciación debe hacerse ante las de la escuela clásica? ¿Qué significa "Educación Liberadora"? Los siguientes párrafos reflexionan sobre una praxis transformadora de la realidad.



Características de base del Modelo Educativo Liberador
Como ya hemos dicho, si queremos procesos de emancipación del hombre se requiere de un nuevo modelo educativo. Ese nuevo modelo educativo debe permitir la construcción de un conocimiento liberador de manera participativa, y debe vincular el hacer-educativo con la cotidianidad de la sociedad. Esta visión educativa debe desarrollar en el educando su conciencia crítica, su sensibilidad social, y su sentido común, con el fin de propiciar nuevas formas de ver la realidad social y posibilitar en el educando transformar su realidad. Es decir, estamos hablando de un proyecto educativo basado en la praxis concreta de transformación de la realidad.

 Algo fundamental para ese nuevo modelo educativo es revisar la forma actual del trabajo académico, así como la división del conocimiento por disciplinas. Además, debe contraponerse al modelo global educativo imperante, donde unos somos los consumidores de conocimiento y otros los que lo producen para venderlos en sus diferentes formas de expresión (por ejemplo, como productos tecnológicos), estableciendo de esta manera exclusividades en la generación de conocimientos. Por otro lado, el modelo educativo debe llevar a procesos de producción de conocimientos que tiendan a ser cada vez más críticos y solidarios, para interrogarse permanentemente sobre sus propias presuposiciones y pertinencias. Además, debe incentivar la creatividad en la determinación de teorías y métodos de enseñanza diversos, que le permitan permanentemente autoconstruirse. También, debe incorporar la cultura popular para establecer una cierta unidad social en términos de identidad, costumbres, valores, entre otros, que nos permitan vivir en comunidad. Finalmente, debe transformar los espacios de creación del conocimiento en esferas públicas democráticas que rompan con la cultura del silencio para cuestionarse sobre preguntas como: ¿Qué debemos hacer para conformar una sociedad más equitativa y justa?, ¿Cuál sería el papel de los espacios educativos en la conformación de dicha sociedad?

 Todo esto facilitaría la búsqueda permanente de la verdad, desde lo local, como el eje fundamental del proceso educativo. Así, esto debería ir llevando a la sociedad a edificar colectivamente y progresivamente un sistema educativo desde lo local. Un sistema educativo que privilegie el trabajo colectivo, la realidad local, la igualdad y solidaridad. Espacios educativos que permitan desarrollar un sentido de comunidad, de crítica a los valores del individualismo, de la ganancia y del fetichismo de la mercancía. Espacios de formación que permitan que todos podamos tener una participación activa en la solución colectiva de los problemas de la comunidad en que vivimos, que todos podamos participar en la construcción y ejecución del proyecto de vida comnitario. Lo anterior requiere de prácticas docentes basadas en la convivencia, en la cooperación y en la ayuda mutua, factores claves que han estado presentes en las redes sociales.

Freire plasma una forma de construir ese sistema educativo desde lo local, en su propuesta de la pedagogía del oprimido:

…es aquel que debe ser elaborado por el propio oprimido, ya que la práctica de la libertad sólo puede encontrar adecuada expresión en una pedagogía en que el oprimido tenga la condición de descubrirse y conquistarse, en forma reflexiva, como sujeto de su propio destino histórico.

 Las ideas de Freire convergen con la pedagogía crítica propuesta en Giroux y Mclaren  y con lo que exponemos en este trabajo, al plantearnos como reto transformar la sociedad en la que vivimos, en la que nos educamos. Para ello, es necesario que toda educación que se pretenda liberadora parta de la propia realidad del alumno, de tal manera que le permita concientizar y comprender críticamente su realidad, y a partir de esto transformarla. Al respecto, hay dos elementos importantes a considerar en todo modelo educativo liberador según Freire: debe poder develar el mundo actual; y debe comprometer al educando, en la praxis, con su transformación. Dicho modelo debe establecerse como una práctica permanente de los hombres liberados.

 Si bien es cierto que la Pedagogía Critica ha suscitado sus críticas, entre otras, vinculadas fundamentalmente a juicios sobre su condición de proyecto ambicioso, prevalece el discurso plagado de buenas intenciones, sin claridad sobre cómo resolver las dicotomías teoría-praxis y educación- contexto histórico social, sin experiencias concretas correctas; para nuestro caso, el aspecto fundamental a retener de ella para permitir una educación emancipadora, es su posibilidad de dar cuenta y sentido del mundo actual que rodea al hombre que se hace en ella, para permitirle transformarlo. De esta manera, reivindicamos su propuesta de fondo de un proceso de aprendizaje no neutro, inserto en la esfera política, desde el cual deben emerger las respuestas locales a esas dicotomías.

 Pero veamos cómo podemos subvertir al modelo educativo actual. La “pedagogía del oprimido” nos dice, según Dussel y Freire: “el oprimido vive en una situación que da cuenta de una historia y de una forma de ver la realidad. Esta realidad del oprimido son las estructuras de dominación que lo constituyen como oprimido”. Ahora bien, hay situaciones desde las cuales podemos intuir un más allá posible (del límite que nos establece el modelo educativo donde estamos inmerso), que está fuera de la existencia que se nos impone. Promover esas situaciones en el alumno es como se debe subvertir al modelo educativo actual, para su liberación. Para ello se requiere considerar su situación presente concreta, que refleje, además, sus aspiraciones, y a partir de allí organizar el contenido programático de su educación.

 Pero cuidado, no hay liberación si no es con el otro, y por eso nos debemos educar (para la libertad) con los demás. La educación liberadora debe prepararnos con los otros, en medio del diálogo y la interacción, sin la verticalidad que se interpone a menudo entre nosotros. Así, ese nuevo modelo educativo requiere de un tipo de relación horizontal entre los hombres. Según Jaspers, “a través de una comunicación directa y profunda en la que nos podamos re-conocer y re-crear”. A partir de esta relación se da una creación mutua en la que los sujetos participantes se van implicando, llegando a conocerse y trascenderse a sí mismo. Es decir, el autodesarrollo requiere de la libertad y el libre desarrollo del otro. Así pues, la interacción humana no es un mero desarrollo de un yo, sino una creación del yo en comunidad con el otro. La idea de un hombre en relación con el mundo y sus semejantes, es vital en el modelo educativo emancipador. El auténtico diálogo horizontal en el modelo educativo liberador nos acerca a la utopía de una humanidad en consonancia consigo misma.

 Por otro lado, el modelo educativo debe tener como uno de sus objetivos centrales el desarrollo de una conciencia crítica que posibilite desentrañar cómo los currículos transmiten los valores dominantes, contraponiéndose a las prácticas cotidianas instrumentales y a la pretendida neutralidad de la educación, criticando y analizando sus fines. Para ello se debe comprender que el trabajo escolar va más allá de las aulas, y se debe convertir a la escuela en un espacio público democrático, como lo hemos señalada antes, y bien lo dice Giroux: “las escuelas se han de ver como lugares democráticos dedicados a potenciar, de diversas formas, a la persona y a la sociedad”.


Se debe dejar claro que un modelo educativo emancipador no es neutro, es un espacio de luchas, debates y construcción del quehacer social, no secuestrado por tecnócratas educativos. Estamos hablando de un modelo educativo que genere las capacidades desde abajo, que posibilite formas propias, libres, de hacer social. De un modelo educativo que rompe con la hegemonía social que se ha impuesto alrededor del quehacer del conocimiento. Para ello se deben abrir espacios de construcción permanente de métodos de enseñanza, desde abajo, que permitan democratizar al conocimiento y romper con la mediación técnica que han impuestos los tecnócratas. También requiere de procesos de aprendizaje no meramente de adquisición de conocimiento contemplativamente, sino también de procesos cuestionadores y creadores.

Se refiere entonces al planteamiento de procesos educativos que nos permitan crear nuevos modos de hacer y usar el conocimiento, que nos permitan crear un conocimiento que responda a nuestras necesidades; así, hablamos de procesos educativos que rescaten el carácter ideológico de la educación, entendiendo la educación como una actividad que tiene carácter ideológico si hay varias maneras de realizarla, algunas de las cuales contribuyen a sostener el sistema social vigente, o dificultan su reemplazo, y otras que no, como lo exponen Aguilar, Mendoza y Varsavsky. A partir de esa visión ideológica de la educación, cada tipo de sociedad requiere un modelo propio educativo, diferente por su contenido, por sus problemas a estudiar, por sus métodos de enseñanza, sus criterios prácticos de búsqueda de la verdad, así como por las características sociológicas de los miembros de su sociedad.

Si no buscamos formas sociales de construcción colectiva del conocimiento, si no entendemos la necesidad de definir espacios colectivos de construcción y socialización del conocimiento, no tendremos avances sustanciales en la sociedad. Hablamos de una nueva forma de quehacer social, donde todos los actores sociales participen en la construcción del conocimiento que se requiere, para la ejecución y construcción de proyectos de vida en común. Si llegásemos a copiar los modelos educativos de otros países, si los procesos de aprendizaje se plantean en términos de cerrar brechas, se está introduciendo de contrabando, estilos de vida de otros lares.

 Cuidado, no estamos hablando de prohibicionismo ni aislacionismo, sino de independencia educativa, tal que nos mantengamos en contacto con el mundo, pero a través de nuestra percepción crítica, y no como un “cordón umbilical”, es de eso que estamos hablando. Estamos hablando de una educación para la libertad, donde según Freire, "los educandos van desarrollando su poder de captación y de comprensión del mundo que, en sus relaciones con él, se les presenta, no ya como una realidad estática, sino como una realidad en transformación”, a la cual debemos coadyuvar todos. Así, la enseñanza se ve como una práctica emancipadora, no como una actividad carente de significado. La práctica es una actividad liberadora, comprometida con la transformación. De esta manera, la práctica es una actividad creadora, libertaria, diferente a la clásica práctica educativa meramente mecánica, pasiva y sin compromiso.







Extraído de
CONOCIMIENTO LIBRE Y EDUCACIÓN EMANCIPADORA
Jose L. Aguilar C.
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
CONOCIMIENTO LIBRE Y EDUCACIÓN EMANCIPADORA
BARQUISIMETO – EDO. LARA – VENEZUELA
Volumen 15 Nº 1


domingo, 1 de julio de 2012

Racionalidad del Modelo Educativo Liberador

¿Bajo qué lógica la escuela puede convertirse en dinamizadora de la emancipación? ¿Cómo construir los objetivos de aprendizaje? ¿Qué significa problematizar la realidad?


Si la práctica como acto de enseñanza es emancipadora, ¿cómo deberíamos concebir el aprendizaje? El aprendizaje es un proceso dialéctico: interpretamos, problematizamos, indagamos, exponemos nuestras dudas; en otras palabras, es una búsqueda permanente de la verdad. Así, lejos de concebir al aprendizaje como algo estático, como un fin en sí mismo, éste es un proceso inacabado, donde el ser humano día a día va creciendo y hace crecer a los otros.

Para dar coherencia y capacidad de materialización al modelo educativo propuesto, se requiere de una racionalidad de nuevo tipo, que propugne la emancipación. En el contexto emancipativo en el cual se enmarca la construcción del modelo educativo, esta nueva racionalidad debe sustentarse en los principios de la crítica y de la acción para el cambio. Para ello se debe dotar a los estudiantes de los elementos teóricos que les permitan combatir las formas de alienación a la que están expuestos, por los valores y prácticas de la cultura dominante. En ese sentido, es fundamental que todos participen activamente en el proceso de producción de conocimientos.

En esa nueva racionalidad, los objetivos de aprendizaje tienen un papel fundamental, al orientar la finalidad del acto educativo y explicitar en forma clara y fundamentada los aprendizajes que pretenden fomentarse en un espacio de aprendizaje. Por ello, los objetivos de aprendizaje deben ser construidos desde un espacio de consenso colectivo, como parte de esa discusión social.

Por lo expuesto, se requiere que no existan programas elaborados de antemano. Es en el hacer educativo en el cual los diferentes actores sociales reconstruyen permanentemente el programa escolar. Es decir, todos los actores sociales, desde sus roles y capacidades, deben participar en su determinación. Los programas escolares se construyen en términos del interés y de la experiencia de los actores sociales, emergiendo de los problemas de la vida diaria y de aquello que ha configurado nuestro pasado y presente. Así, los programas no son impuestos, se organizan y se constituyen con la visión del mundo que se tenga. Por ello es necesario reconocer que existen diferentes posiciones sociales y culturales, y relaciones de poder, en los espacios de aprendizaje.

En esa nueva racionalidad la evaluación debe ser vista, como un proceso, como lo exponen Neill y Pansza,

…que permite reflexionar al participante de un curso sobre su propio proceso de aprender, a la vez que permite confrontar ese proceso con el seguido por los demás miembros del grupo, y la manera como el grupo percibió su propio proceso. La evaluación así concebida tendería a propiciar que el sujeto sea autoconsciente de su proceso de aprendizaje.

 La evaluación así entendida cumple una función de crítica, de problematizar la realidad, lo que nos permite comprender los aciertos y errores que todos cometemos.

La nueva racionalidad requiere que nos podamos apropiar de nuestras propias historias, y no como ahora, que son eliminadas producto de la educación tecnocrática. Para ello, es necesario privilegiar los vínculos con la sociedad. Esa nueva racionalidad, vista como un proceso dialéctico de análisis crítico y transformación de la realidad social, política y cultural, debe tender progresivamente a eliminar las fronteras entre la teoría y la práctica, y entre los entes educativos y el resto de la sociedad. Dentro del proceso de ir eliminando las líneas divisorias entre las entidades educativas y la sociedad, es primordial que los centros educativos propicien la creación de espacios públicos para que los ciudadanos puedan discutir sus problemas sociales y políticos. A través de este proceso, el modelo educativo se nutriría de los problemas que enfrenta día a día la sociedad, así como de la cultura popular, dándole también cabida, en el proceso de creación de conocimiento, a los que siempre han sido marginados.



Extraído de
CONOCIMIENTO LIBRE Y EDUCACIÓN EMANCIPADORA
Jose L. Aguilar C.
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
CONOCIMIENTO LIBRE Y EDUCACIÓN EMANCIPADORA
BARQUISIMETO – EDO. LARA – VENEZUELA
Volumen 15 Nº 1
Enero-Abril 2011




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