jueves, 28 de agosto de 2014

¿Por qué Educación en Ciudadanía?

El proceso de globalización, que tiende a un debilitamiento de la soberanía de los Estados, y a poner todos los recursos a disposición de los intereses de grandes empresas multinacionales, ha creado la necesidad de una nueva ciudadanía, para hacer frente a la pérdida de poder ¿Qué significa una “ciudadanía mundial”, con capacidad de defender derechos frente al avasallamiento de las multinacionales? ¿En qué se diferencian las visiones solidarias de las liberales, sobre la idea de Ciudadanía?


Esto nos remite a redefinir el concepto de ciudadanía. Como subraya Gadotti, ciudadanía es esencialmente conciencia de derechos y deberes (civiles, sociales y políticos) y ejercicio de la democracia. Sin embargo, los ciudadanos siempre hemos sido relegados de la acción gubernamental, tanto en el Estado centralista, paternalista, regulador y de Bienestar como en el actual modelo descentralizado.

Frente al concepto tradicional de la ciudadanía como una participación condicionada, ajena a las instancias de poder y por lo tanto despojada de ejercer decisiones que la afectan individual y colectivamente, se yergue un concepto de ciudadanía que implica el empoderamiento del individuo sobre su espacio, su tiempo, su historia y su cultura. El individuo se convierte en un sujeto histórico, activo y protagónico capaz de transformar su realidad personal y su entorno social.

Esta concepción, que hemos denominado ciudadanía protagónica, supone un ciudadano con conocimiento de sus derechos y responsabilidades, orientado al ejercicio solidario del poder, poseedor de un nuevo sistema de valores que fortalezca los principios éticos, la solidaridad y sensibilidad frente a la problemática social. Se refiere a ciudadanos y ciudadanas cuestionadores, críticos y propositivos frente al Estado y la sociedad, y por tanto capacitados para demandar del Estado sus derechos y a la vez pedir rendición de cuentas de las acciones gubernamentales. Más aún, consideramos que el ciudadano protagónico es aquel capaz de organizar y estructurar su propio poder individual y colectivo y orientarlo hacia la construcción de un tejido social que supere la descomposición actual. Ciudadanos soberanos, capaces de tomar decisiones independientemente del Estado y de los poderes económicos. Este paradigma de ciudadanía protagónica se corresponde con el desarrollo de sujetos sociales que normen sus acciones a partir de una relación solidaria y respetuosa con su espacio y su diversidad, con su tiempo y su cultura.

La ciudadanía es una institución histórica y, en consecuencia, las maneras de percibirla, de entenderla, de practicarla, de legislarla han variado conforme lo han hecho las sociedades a través del tiempo. Por otro lado, es indispensable resaltar que la ampliación de la cobertura de los derechos ciudadanos es producto de los movimientos sociales y políticos y de la lucha de los pueblos por su soberanía, y no dádiva del legislador. En efecto, la historia de nuestros pueblos es una larga y sostenida historia de resistencias y luchas por la conquista y defensa de nuevos derechos, que ha llevado a la ampliación de la ciudadanía en sentido incluyente y a la incorporación de nuevos derechos económicos y sociales, hasta los ambientales, generacionales, sexuales y colectivos. En última instancia, se trata de la transformación de las relaciones entre el Estado y la sociedad.

Uno de los efectos de la globalización en el campo de lo político es la crisis de los estados-nación, el debilitamiento de su soberanía y la porosidad de sus fronteras. Desde la década del setenta prolifera en el sistema capitalista toda una institucionalidad supranacional con pretensión de gobierno mundial al servicio de las transnacionales y las potencias hegemónicas. Frente a esa globalización perversa, crecientemente se habla de una ciudadanía mundial capaz de defender los derechos individuales y colectivos de los pueblos. Dos desafíos surgen para la construcción de ciudadanías: por un lado, reforzar las identidades y las soberanías nacionales; y, por otro, avanzar en la globalización de las solidaridades y las resistencias, y en la construcción de una integración latinoamericana desde los pueblos.

A diferencia de la ciudadanía en su concepción liberal, la visión solidaria no es opuesta al afianzamiento de la organización social. Por el contrario, un requisito para la construcción de tal ciudadanía es la consolidación de las organizaciones populares locales, a fin de que se conviertan en espacios de toma de decisiones y generadores de opinión.

Especialmente propicios para ello son los nuevos movimientos sociales contemporáneos que, como destaca María da Gloria Goñi, muestran características nuevas, entre las que se encuentran: la defensa de las culturas locales como proceso vinculado a la construcción de un nuevo patrón civilizatorio; la ética en la política, como un elemento del control social sobre la actuación de todos, especialmente de los gobiernos; la superación de la clásica diferencia entre el individuo y lo social mediante reconocimiento de lo personal y de la subjetividad de los actores; y la autonomía de los movimientos sociales en el sentido de la formulación conjunta y creativa de un proyecto político propio y flexible en el que se universalizan las demandas particulares.

Los procesos de formación para la construcción de ciudadanía adquieren así una perspectiva transformadora, en la medida en que se constituyen en lo que Gadotti llama espacios de vida, abiertos a la diversidad, respetuosos y valorizadores de las diferencias, constructores de una nueva forma de ver y ser en el mundo.

La gestión de la vida pública, y por ende la planificación para el desarrollo local, requiere de los protagonistas de ese proceso una visión clara del espacio social, económico, político y cultural en el que se desenvuelve y una definición de hacia dónde dirigir los esfuerzos colectivos. De ahí la necesidad de la educación para el desarrollo local.



Autora
María de Lourdes Larrea
Investigadora social. Directora de Corporación Mashi. Docente universitaria en programas de posgrado en temas de desarrollo local, ciudadanía, planificación territorial y metodologías de investigación social.
En
Paulo Freire, Contribuciones para la pedagogía
Moacir Gadotti, Margarita Victoria Gomez, Jason Mafra, Anderson Fernandes de Alencar [compiladores]

miércoles, 20 de agosto de 2014

Responsabilidad ética de los docentes


¿Qué sentido le otorga P Freire a la responsabilidad Ética de los docentes? ¿Cómo concebir el trabajo desde este punto de vista? ¿Qué significa “corporificación de la palabra”? ¿Cómo resignificar el quehacer docente? 
 

Un planteamiento primordial en la Pedagogía de la autonomía (Freire) es la responsabilidad ética en el ejercicio de la tarea docente. Freire considera que la ética debe acompañar toda la práctica educativa, especialmente el trabajo de formar a los educandos. Reconocer esta responsabilidad ética resulta vital en el trabajo pedagógico. Freire señala que la mejor manera de luchar por ella es “vivirla en nuestra práctica, testimoniarla, con energía, a los educandos en nuestras relaciones con ellos, en la manera en que lidiamos con los contenidos que enseñamos, en el modo en que citamos autores con cuya obra discordamos o con cuya obra concordamos”.

Es entonces en la propia práctica docente, en la relación que se establece con los educandos, donde los docentes podemos manifestar esta responsabilidad ética, otra de las responsabilidades que el trabajo de educar requiere es el rigor metodológico, los docentes necesitamos desarrollar capacidad crítica, concebir el trabajo no como un recitado de contenidos, sino como una actividad creadora que enseñe a pensar reflexivamente; y para ello debemos desarrollar una actitud investigativa y cuestionadora; para que, lejos de repetir lo que los textos (contenidos) dicen, sin relacionarlos con la realidad y con nuestra propia existencia, propiciemos el otorgamiento de sentido y significado al proceso educativo.

Así, otra condición de esta responsabilidad ética a la que Freire se refiere es la necesidad de que la enseñanza exija la corporificación de la palabra en el ejemplo, por lo que se hace necesario ser coherente entre el decir y el hacer, para que los alumnos puedan encontrar coherencia y verdad en nuestro pensamiento. el decir y el hacer requieren hacerse visibles de manera coherente, es decir, que el propio profesor crea en lo que hace y que las personas que lo observan puedan dar credibilidad a su trabajo, es necesario que los docentes resignifiquemos nuestro quehacer docente, que construyamos un sentido diferente al que el neoliberalismo nos desea imprimir, sólo como los ejecutores de programas y políticas que el estado neoliberal pretende impulsar. Es preciso que los docentes, cuando leamos, dialoguemos y nos comuniquemos. de ese modo, seguramente podremos reconstruir el sentido del trabajo docente desde una perspectiva más humana, menos enajenada y enajenante.

Otro de los planteamientos relacionados con este aspecto es el que señala Freire cuando afirma que enseñar exige la convicción de que el cambio es posible, lo cual requiere tener la certeza de que este mundo puede ser transformado, tener la certidumbre de que para nosotros, los maestros, una de las vías es la educación, para lo cual es necesario que entremos en procesos de extrañamiento y análisis de lo que acontece en el mundo, en el poblado donde vivimos, en el propio centro de trabajo.

¿Para qué extrañarnos de lo que pareciera parte del contexto? Para negar la aceptación de que así son las cosas; para poder cuestionar, analizar, proponer y actuar para modificar lo que es necesario transformar. Por ello se hace necesario estar atentos y vigilantes de las prácticas que discriminan, explotan, desprecian, etc. estas son generalmente aprendidas por imitación, porque han estado presentes de manera permanente entre nosotros y nosotras. Hemos aprendido a convivir con ellas, encontrándolas como parte del contexto, así como su justificación. Sobre todo en el actual contexto neoliberal, que de manera impositiva, encubierta, simbólica y permanente nos envuelve.

Por lo dicho hasta ahora, se requiere una actitud diferente por parte del docente y de los educandos; asumirse como sujetos históricos, es decir, personas que se insertan, deciden, eligen e intervienen en la realidad, personas que pueden romper con el pensamiento cosificado. a través del trabajo dialógico, iniciar y progresar en un proceso de reconocimiento de la propia incompletitud, de tal forma que se pueda avanzar en la toma de conciencia de ser sujetos inacabados, por lo que siempre se deberá estar atento para continuar construyendo la Historia como posibilidad y no como determinismo; ello posibilita continuar construyéndose a través de la problematización del futuro a construir.

Freire considera que enseñar exige buen juicio, humildad, tolerancia y lucha por la defensa de los derechos de los educandos, y sobre todo la visión esperanzadora de que es posible el cambio. Esto debe ser algo intrínseco a la actividad docente. la alegría y la esperanza son puntos también necesarios que no se deberán perder, sino compartir y defender, especialmente la esperanza. es la condición que forma parte de la naturaleza humana; por tanto, quien la pierde se deshumaniza y se transforma en una persona desesperanzada, que se paraliza, pues ha perdido el ímpetu que ofrece el anhelo, los maestros y maestras no podemos ser sujetos desesperanzados, porque estamos cerca de muchos adultos, jóvenes y/o niños, ellos y ellas toman sin querer el ejemplo de lo que somos, de lo que pensamos y de lo que hacemos, por lo que nadie debería ser un sujeto desesperanzado sino que, por el contrario, ante tanta perversidad que vive la sociedad actual, nosotros y nosotras, y en especial los maestros y maestras, debemos tener la necesidad de ser sujetos esperanzados.

El deseo esperanzado permite asumir decisiones, elecciones para poder intervenir en la conformación de la historia, la transformación de las condiciones que afectan, oprimen y laceran la situación humana, como sucede con una gran población de hombres y mujeres que viven en condiciones económicas y sociales humillantes, así, quien no vive en esa situación tiene que ser sensible, debiéndole lastimar el hecho de que otros seres humanos existan en tales circunstancias, por lo que deberá participar en la transformación de las condiciones que los oprimen.


Extraído de
Los círculos de cultura: una posibilidad para dialogar y construir saberes docentes
Guadalupe Juárez Ramírez
Profesora de educación Primaria. licenciada en educación y magíster en educación. Docente del Programa de licenciatura en intervención educativa en la Universidad Pedagógica nacional-Hidalgo (UPn-H). Asesora técnica Pedagógica en el Programa Nacional de Actualización y Capacitación de Maestros en Servicio.
En
Paulo Freire, Contribuciones para la pedagogía
Moacir Gadotti, Margarita Victoria Gomez, Jason Mafra, Anderson Fernandes de Alencar [compiladores]

miércoles, 6 de agosto de 2014

Ciencia, investigación y métodos en la enseñanza


¿Cuál es el rol de la investigación para el docente, según P Freire? ¿Cómo debe ser su formación permanente? ¿Los docentes somos solo consumidores de conocimientos o somos productores? ¿Cuál es el significado de “curiosidad”?

Otra condición para analizar la formación docente y repensarla desde la perspectiva crítica es el rigor metódico, que no significa reproducir mecánicamente las rigurosidades del método positivista, sino crear y recrear las condiciones en las que es posible aprender críticamente. Educador y educando rigurosamente curiosos (Freire).

Este rigor en el método, que resulta necesario en el proceso de enseñanza, no significa tener certezas definitivas o verdades absolutas sobre cómo se enseña. Por el contrario, ese mismo rigor implica que no estemos demasiado seguros de nuestras certezas (Freire). Y ligada a este planteo está la condición de historicidad del conocimiento, ya que el sujeto que intervine en el mundo y conoce el mundo es también histórico.

La investigación también es clave en el planteo de Freire, porque la tarea misma de enseñar lleva implícita la búsqueda y la indagación. La actitud investigativa también abre las puertas del pensar crítico, pues ella se justifica cuando hay objetos desconocidos; y en el proceso de descubrimiento, el sujeto conoce, reconoce y aprende. Al aprender de esta manera, no se somete a la transmisión mecánica, sino que resignifica su manera de estar en el mundo, de intervenir en el mundo.

El trabajo del profesor tiene la particularidad de ser tan riguroso como el que realiza el investigador. El educador debe trabajar como un investigador. “Lo que se necesita es que el profesor, en su formación permanente, se perciba y se asuma, por ser profesor, como investigador” (Freire). Asumirse como tal, identificando problemas de enseñanza, construyendo propuestas de solución, tomando como base su propia experiencia, poniendo en acción las alternativas planeadas, observando y analizando los resultados obtenidos, corrigiendo los aspectos que resultan poco satisfactorios en un proceso de investigación, interviniendo en la realidad.

De esta forma, educadores y educandos se conciben como productores de conocimientos y no como meros consumidores y transmisores dedicados a la implementación de conocimiento producido en otros espacios e instancias.
En el contexto actual, existen tradiciones que están más ligadas a la concepción bancaria de la pedagogía. Una de estas tradiciones (eficiencia social) es la basada en la producción de conocimientos que puedan ser aplicados en la práctica docente, tornándola más científica. Otra consiste en preparar al profesor para comprender la realidad educativa y tener una actitud experimental con relación a dicha práctica. Para superar estas perspectivas se propone, en palabras de Zeichner, la tradición de la reconstrucción social que, ligada a la pedagogía dialéctica, se basa en la preparación de los educandos y educadores para ser pensadores críticos y sujetos capaces de participar en la creación de procesos de investigación, y por ende conocer el mundo para transformarlo.

En este aspecto, resulta clave estimular la pregunta. Entender la curiosidad como un derecho. La tarea docente debe estar centrada en la estimulación de la pregunta y la reflexión crítica sobre la propia pregunta. O, al decir del propio Freire, “lo que importa es que profesores y alumnos se asuman epistemológicamente curiosos” (Freire).



Extraído de
Pedagogía crítica y formación docente
Miguel Ángel Duhalde
Profesor en Ciencias Económicas y Ciencias de la Educación. Magíster Scientiae en Metodología de la Investigación Científica. Maestrando en Teoría y Metodología de las Ciencias Sociales de CLACSO.
En
Paulo Freire, Contribuciones para la pedagogía
Moacir Gadotti, Margarita Victoria Gomez, Jason Mafra, Anderson Fernandes de Alencar [compiladores]



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