jueves, 30 de octubre de 2014

Pensamientos de Paulo Freire. Educación, Cambio y Compromiso


No podemos pensar la Educación sin el cambio que ella provoca, en esta publicación transcribo algunos pensamientos de P Freire, que giran en torno al compromiso a asumir.


"El compromiso sería una palabra hueca, una abstracción, si no involucra la decisión lúcida y profunda de quien lo asume. Si no se diera en el marco de lo concreto".


"La primera condición para que un ser pueda ejercer un acto comprometido está en que éste sea capaz de actuar y reflexionar".


"...Es un ser inmerso en el mundo, en su estar, a él adaptado y sin tener conciencia de él. Su inmersión en la realidad, de la cual no puede emerger, ni "alejarse" para admirarla y, así transformarla lo hace un ser "fuera" del tiempo o bajo el tiempo o aun en un tiempo que no es suyo. El tiempo, para un ser tal, "sería" un presente perpetuo, un hoy externo"...


"Así como no hay hombre sin mundo, ni mundo sin hombre, no puede haber reflexión y acción fuera de la relación hombre-realidad"...


"...En efecto, si la realidad, creada por los hombres, les dificulta, objetivamente, su actuar y su pensar auténticos, ¿cómo pueden, entonces, transformarla para que puedan pensar y actuar verdaderamente?...


"...Este compromiso con la humanización del hombre, que implica una responsabilidad histórica, no puede realizarse a través de la palabrería ni de ninguna otra forma de huir del mundo, de la realidad concreta, donde se encuentran los hombres concretos. El compromiso, como propio de la existencia humana, sólo existe en el engarzamiento en la realidad, de cuyas "aguas" los hombres verdaderamente comprometidos quedan "mojados", empapados".


"...La neutralidad frente al mundo, frente a lo histórico, frente a los valores, refleja simplemente el miedo que tiene uno de revelar su compromiso. Este miedo, casi siempre, resulta del hecho de que se dicen neutros están "comprometidos" contra los hombres, contra su humanización".


"Ahora bien, si nos interesa analizar el compromiso del profesional con la sociedad, tendremos que reconocer que el profesional, antes de serlo, es hombre. Debe ser compromiso por ello mismo".


"No puedo por ello mismo, burocratizar mi compromiso de profesional, sirviendo, en una inversión dolosa de valores, más a los medios que al fin del hombre. No puedo dejarme seducir por las tentaciones míticas, entre ellas la de mi esclavitud a las técnicas, que siendo elaboradas por los hombres son siervas y no sus señoras".


"No es posible un compromiso verdadero con la realidad y con los hombres concretos que en ella y con ella están, si de esta realidad y de estos hombres uno tiene una conciencia ingenua. No es posible compromiso auténtico si, al que se piensa comprometido, la realidad se le presenta como si fuera algo dado, estático e inmutable".


"...Si mi compromiso es realmente con el hombre concreto, con la causa de su humanización, de su liberación, no puedo por ello mismo prescindir de la ciencia ni de la tecnología, con las cuales me vaya instrumentando para mejor luchar por esta causa".

"Estamos convencidos de que el momento histórico de América latina exige de sus profesionales una seria reflexión sobre su realidad, que se transforma rápidamente, de la cual resulte su inserción en ella. Inserción que, siendo crítica, es compromiso verdadero. Compromiso con los destinos del país. Compromiso con su pueblo. Con el hombre concreto. Compromiso con el ser más de este hombre".


Existe una postmodernidad en la derecha, pero también existe una postmodernidad de izquierda y no, como casi siempre se insinúa, cuando no se insiste, que la postmodernidad es un tiempo demasiado especial que suprimió clases sociales, ideología, izquierdas y derechas, sueños y utopías. Y uno de los aspectos fundamentales para la postmodernidad de izquierda es el tema del poder, el tema de su reinvención que trasciende el de la modernidad, el de su pura conquista.”



Paulo Freire. Pedagogía de la Esperanza. 2a edición. México, DF. Siglo XXI Editores. 1996. Página 189.

jueves, 23 de octubre de 2014

Reinventarnos desde la biografía social


Afirma la autora: “Se predica la privatización como solución educativa. La nueva sociedad de consumo neoliberal y neoconservadora distorsiona las finalidades de la educación ciudadana. Los ciudadanos hemos quedado reducidos a un rol de consumidores y de excluidos” ¿Estamos frente a una realidad acabada? ¿Cómo actuar frente a esta situación?






No resulta fácil elegir una categoría o un aspecto de la teoría de Freire para desarrollar, dado que su pensamiento se integra con su práctica y forma un todo significativo.
Todo lo que le concierne es de interés y nos sugiere e inspira, desde su biografía, sus experiencias, su producción; por ello elijo lo relacionado con su proyección futura y lo analizo desde el impacto que en mí produce y desde los sentimientos que me genera.
Tengo en claro, aunque no sea fácil, que a Paulo Freire no lo debemos repetir, más bien reinventarlo, recrearlo como él nos enseñó. Y esto es fundamental como punto de partida, por cuanto encierra la esperanza de reinventarnos a nosotros mismos. Nuestro mejor anclaje está en el itinerario de su práctica educativa, las experiencias de su existencia y los saberes indecisos por ella gestados. Saberes revalorizados porque posibilitaron una reflexión más crítica y más trabajada.

Aceptamos que la experiencia y la formación profesional se dan en el marco de una experiencia y formación mayor, humana, vital. Por ello, Freire nos invita a no caer ni en el optimismo ingenuo, ni en el escepticismo negativo de la educación y sus posibilidades. Su presencia, guardiana de sueños, nos ayuda a mantener la utopía. Por tal motivo su teoría es pedagógica. Es una pedagogía para la transformación social, cuya actividad educativa es acción cultural y concienciación. Es una pedagogía no autoritaria, de la liberación, de la ciudadanía. Es un modelo opuesto a la agenda neoliberal que hoy nos sumerge en una crisis que parece insalvable. Y es nuestra mejor opción esperanzada para superar dicha situación.

Ser esperanzados, no por terquedad, sino por imperativo existencial e histórico. La esperanza, para transformar, debe ser crítica, sostenida en la práctica diaria que necesita tanto de la teoría como la teoría de ella.

Freire sometía su práctica a una indagación; indagación que no se conformaba con las primeras respuestas. Seguía un camino de cuestionamientos; severo, metódico, riguroso, que no sólo lleva a reflexionar sino a nuevas lecturas. Lecturas de textos que nos dan base para continuar leyendo el contexto y por lo tanto intervenir en él. Nos muestra que se puede trabajar en una tensa relación manejable, con la tensión teoríapráctica. Sobre leer un texto afirmó: “Leer un texto es aprender cómo se dan las relaciones entre las palabras en la composición del discurso. Es una tarea de sujeto crítico, humilde, decidido” (Freire).

La globalización de cuño neoliberal, al igual que a nosotros, preocupó a Freire en sus últimos años. Debemos enfrentar su impacto en el ámbito de la política económica, de financiamiento educativo; también al nivel de las relaciones y vinculaciones entre educación y trabajo y, sobre todo, en la creación de estándares de excelencia académica. Esto último impacta sobre la evaluación, acreditación, educación superior, formación docente, sobre el sistema en su totalidad.

Nuestra ocupación, preocupación y desafío es el mismo que atrapó el pensamiento de Freire en sus últimos años. Nos referimos al avance neoliberal y su peligro para el sistema de educación pública.

Se predica la privatización como solución educativa. La nueva sociedad de consumo neoliberal y neoconservadora distorsiona las finalidades de la educación ciudadana. Los ciudadanos hemos quedado reducidos a un rol de consumidores y de excluidos.

Este es un nuevo esencialismo o fundamentalismo. Estas son siempre ideologías paralizantes y fatalistas. Debemos afrontarlas, combatirlas; cambiar la realidad que no es acabada, sino que está así porque conviene a determinados grupos de poder.
Una primera forma de lucha o acción debe comenzar por el reclamo de una verdadera Formación Docente, y por no aceptar más el entrenamiento técnico y científico como único camino de formación. Focalizar en la causa de los marginados y educar desde el respeto y la confianza. Defender la educación pública y popular. Enfatizar el diálogo, la construcción de espacios educativos donde el otro se sienta valorado y aceptado, para abrir espacios para la educación dialógica en la que la cooperación entre las personas se imponga por encima de las jerarquías y la competición.

Educar para la liberación, desarrollar mayor conciencia de los problemas que padece/mos el/los excluido/s y construir el camino para enfrentarlos implica denunciar la polarización educador/educando, recuperar la voz silenciada de los oprimidos, no confiar en el otro valor como salvador.

Paulo Freire critica la arrogancia y el autoritarismo de intelectuales de izquierda o de derecha, en el fondo igualmente reaccionarios porque se creen dueños del saber, sea este revolucionario o conservador.

Enfrentar críticamente el comportamiento de universitarios que pretenden concienciar sin concienciarse ellos mismos y que, en nombre de la liberación de las clases trabajadoras, buscan imponer la superioridad de su saber académico. Los que se venden al poder de turno, los que ahora se dedican a adular con todas sus destrezas a quienes le ofrecen una invitación a recepciones oficiales, una columna en publicaciones oficiales, una beca o viaje a través de algún organismo oficial. Es preciso cuidarse de los conversos.

Tampoco hay que confiar en recetas de algunos grupos políticos que acostumbran a asumir que nosotros no sabemos, pero que ellos tienen ideas claras. Negarse a despolitizar la educación, pues, es facilitar el avance y naturalizar las actuales políticas neoliberales y justificar la retirada del Estado de sus obligaciones. Aceptar dosis de indignación y vehemencia en la denuncia para luego hacer el anuncio de lo que no existe, aún. Porque la indignación también contiene amor y esperanza. Combatir el fatalismo, el inmovilismo, con concientización.

Freire escribía para abrir el diálogo con nosotros mismos y con los otros; nosotros debemos leerlo, releerlo, reinventarlo, abrirnos a la duda y a la crítica. Más allá de la tristeza que nos invade cuando recordamos su partida, cada nueva lectura de Freire nos llena de alegría, pues adquiere una nueva forma de presencia en ese diálogo reinventado. También ocurre lo mismo en cada nueva experiencia inspirada en su teoría, en cada nuevo acontecimiento dedicado a su estudio, su memoria.

Reinventar a Paulo Freire es recuperar su voz, es construir el futuro de la educación popular como concepción general de la educación. Felizmente, la educación popular sigue inspirando experiencias en el mundo y en nuestro continente. Su obra se desarrolla en distintas direcciones y debemos conocerlo, compartirlo, difundirlo, superarlo.

No hay fatalismo en la conducta humana ni en el mundo de la cultura. La historia la construimos nosotros, y ella a su vez nos construye. Se trata de un tema que debemos volver a discutir, analizar, para encontrar el camino del sujeto autónomo. El discurso neoliberal se impone cuando los sujetos se asumen como objetos y lo consideran inevitable.

La respuesta, nuestro desafío, es la construcción de una verdadera educación popular. Propuesta que debe ser teórica y práctica. Una forma de pensar y hacer la educación colectivamente y que todos debemos redefinir en este complejo y confuso tercer milenio. Una educación que responda a las líneas de trabajo de un proyecto político y educativo liberador.

La educación popular debe darse no sólo fuera sino también dentro de las instituciones. Omitir el afuera ha sido una manera de ocultar el uso de la educación como herramienta de dominación. Lo real es que la relación pedagógica está atravesada por muchas variables y muchas de ellas aparecen fuera del aula.

La escuela, pública y estatal, popular, es un espacio a defender también, para democratizar el conocimiento. Hoy las políticas públicas neoliberales interpretan al conocimiento como mercancía y a la educación como bien de mercado, la escuela como shopping del saber, los padres como clientes. Tales políticas, que vienen desde la década del ochenta y noventa en Argentina, no han cambiado. Tenemos más cambios de jefes de Estado o ministros de Educación que de políticas educativas.

Aunque no se trate de culpa y sí de ideología de las políticas educativas, en algún lugar, docentes y alumnos somos funcionales y las favorecemos. Darse cuenta de esto, asumirlo, debe ser un punto de partida de sinceras y honestas reflexiones, críticas y autocríticas.

Docentes, alumnos e instituciones necesitan transitar espacios de reflexión colectiva, permanente, sistemática, de diálogo franco, de coherencia, para combatir la pedagogía del adiestramiento y la domesticación. Trazar un camino para construir otra educación que nos permita pensar, decir y hacer otros futuros. Así homenajearemos a Paulo Freire y lo mantendremos vivo. Hacer, más que hablar, y conocer el mundo para transformarlo y delinear un colectivo con esperanza.

La esperanza se construye, y se construye con objetivos; y los objetivos se consiguen con seriedad, método y eficacia social. Es necesario re-ligar lo académico con lo popular para brindar respuestas teóricas, políticas y éticas.

El legado de Paulo Freire se proyecta en educadores comprometidos con su tiempo, con su contexto. Su obra tiene y tendrá gran impacto, aun cuando parezca estar un tanto dispersa; y es por ello que nos invita a recrearla, no sólo en los trabajos que sobre ella se escriben, en los cursos que se dan, en las asociaciones y centros dedicados a recopilarlas.

Nos invita también, y básicamente, a recrearla en el corazón y la mente de los oprimidos y excluidos, de los docentes y alumnos que construyen sueños y pelean por hacer escuchar su voz, de los que trabajan por un mundo mejor y más justo.
Freire nos ha legado una experiencia pedagógica que abre para la concienciación de caminos en pos de otras experiencias posibilitadas en la igualdad de oportunidades, acceso, equidad y calidad.

Pobreza y desigualdad son hoy acuciantes, y el normalismo, con su lema de educar al soberano, cayó en desuso. Por herencia, por compromiso, por convicción, debemos repensar la noción de conocimiento oficial, de fracturas y luchas culturales, de identidades y ciudadanía. La educación debe asumir prioridad en el continente, en pos de un proyecto democrático y en defensa de pactos democráticos latinoamericanos gestados por nuestra historia.

Ser docente es algo más que un trabajo o profesión si miramos y sentimos el legado del gran Paulo. Darse cuenta de los desvíos, errores, volver sobre la práctica, reflexionar, compartir, promover la curiosidad crítica, reconocer el valor de las emociones, de la afectividad, de la ética, de la estética. Ser docente es elegir un estilo de vida.

Freire potencia esas reflexiones y sentimientos. Ayuda a entender que conocer es algo más que intuir; conocer es someter las intuiciones y situaciones educativas al análisis metódicamente riguroso de nuestra curiosidad epistemológica. Así como educar no es transferir conocimientos, sino crear la posibilidad para su propia producción.

Los seres humanos somos impulsados a algo más, al tomar conciencia de la propia incompletitud. Como seres inacabados, sentimos insatisfacción y nos encaminamos hacia el futuro esperanzado. No nos debemos detener ante situaciones límites, sino convertirlas en el inédito viable, la propia utopía, la búsqueda de ser más. Camino señalado por la teoría pedagógica de Freire, camino único para la región, camino que debemos transitar en el proceso permanente de formación docente.

Transitar el camino de la utopía exige mantener vivo el gusto por la rebeldía, por la curiosidad, por la capacidad de arriesgarse, de aventurarse, de crear y de recrear.
Superar los límites e ir más allá de los condicionantes es cruzar la frontera entre el ser y el deber ser. Abandonar el dogmatismo y dar lugar a la interrogación, emancipación y concienciación. El camino hacia la autonomía nos exige reforzar la capacidad crítica, la curiosidad, la no-sumisión.

Aprender críticamente requiere de sujetos pedagógicos creadores, instigadores, inquietos, rigurosamente curiosos, humildes y persistentes. No resulta suficiente transferir conocimientos o saberes. El verdadero aprendizaje nos exige convertirnos en sujetos reales de la construcción y reconstrucción del saber enseñado. Los educadores y
educandos somos sujetos del proceso que asumen que enseñar contenidos se completa con enseñar a pensar correctamente.

El conocimiento tiene relación con la realidad, con el mundo. Y aunque nunca estemos totalmente seguros de nuestras certezas, no admite soberbia. Se enseña y aprende el conocimiento existente, pero también se trabaja para la producción de un saber aún no existente. Enseñar, aprender, investigar es el camino. Investigamos para conocer lo desconocido, para comunicarlo, para anunciarlo. Así se supera la conciencia ingenua.



Extraído de
PROYECCIÓN DE LA PROPUESTA DE PAULO FREIRE
Norma Isabel Fuentes
Profesora. Licenciada en Ciencias de la Educación. Especialista en Docencia Universitaria. Docente Investigadora en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Argentina.
En
Paulo Freire, Contribuciones para la pedagogía
Moacir Gadotti, Margarita Victoria Gomez, Jason Mafra, Anderson Fernandes de Alencar [compiladores]


miércoles, 15 de octubre de 2014

La educación formal como legitimadora de las asimetrías


Una de las funciones de la Educación formal es la de legitimar diferencias sociales, los siguientes párrafos remiten a una experiencia de educación popular realizada en el marco de un proceso sindical de organización y capacitación con trabajadores, llevada a cabo bajo las premisas de la pedagogía crítica.



La educación formal según la pedagogía crítica mantiene una relación estrecha con la intencionalidad de las clases dominantes, pues los elementos que se establecen en el curriculum de la educación formal obedecen a estos intereses de clase. Además, las asimetrías entre trabajadores con educación profesional y aquellos que sólo ostentan un oficio resultan de utilidad para la división social del trabajo del sistema capitalista (Gadotti).

En el proceso realizado, se analizó que existía en los miembros del sindicato una noción de minusvalía en relación con las personas que sí tenían algún nivel de escolaridad universitaria; y que ello se reforzaba en la relación con los patrones, quienes hacían uso de este tránsito académico para minar los derechos de estos trabajadores y desacreditar las demandas que ellos les planteaban.

Este es un elemento importante, pues la educación formal brinda estatus y poder a quien la tiene, por lo que genera fuertes asimetrías y problemas de autopercepción en los colectivos populares. Por ejemplo, cuando los trabajadores debían plantear su problemática en una reunión con funcionarios de instituciones, lo hacían con gran temor, no sólo por la relación de poder desigual con sus patrones y la eventual represión, sino por la forma y el lenguaje con que era socialmente correcto expresarse.

Uno de los ejercicios que se realizó en el proceso era evidenciarles a los trabajadores que, al ser ellos quienes vivían las injusticias, eran ellos quienes debían plantearlas en las reuniones con instituciones. Ello se hacía para contrarrestar una tendencia a delegar en la promotora sindical la representación en actividades públicas.

La presión que genera la ausencia de la educación formal en el desenvolvimiento de los colectivos populares privilegia socialmente la noción de la educación formal, lo que implica a su vez privilegiar la cultura oficial, evidentemente vinculada a los intereses de las clases dominantes.
Tal como lo plantea José Eustáquio Romão: A lo largo de la historia de las sociedades estratificadas, las producciones y expresiones de las clases hegemónicas o por ellas controladas han constituido la denominada “cultura erudita”.

Y, por ella ser la expresión de los que tienen poder, casi siempre, aparece como la única que debe ser transmitida a las futuras generaciones, como si tuviese la garantía de la elevación de los seres de la especie a niveles superiores de actualización de sus potencialidades específicas.

A partir de esto, resulta notorio el papel que cumple la educación en la autoafirmación o no de los colectivos, y cómo esta es utilizada por parte de algunos sectores –en este caso, los patrones– para desacreditar a los otros no escolarizados.

Esto debe entenderse como reflejo de una sociedad en la que se define que el conocimiento válido es el conocimiento de los opresores, por lo que se aprende, por ejemplo, la historia oficial de los opresores, sus presidentes, sus logros, sus referentes de identidad nacional.

Lo perverso de la situación es que, en tanto un oprimido conozca sólo la historia y el saber generado por los opresores que es plasmado en el curriculum educativo, y desconozca su propia historia, le es más difícil comprender su situación y emprender acciones de cambio.

Esta omisión de la historia y el conocimiento generados desde los oprimidos en la educación oficial implica una forma profunda de desacreditar y negar la experiencia de vida y el conocimiento generados desde estos sectores, por lo que tiene una intencionalidad claramente ideológica en tanto falsa conciencia.


Autora
Priscilla Carballo Villagra*
Una experiencia de educación popular según premisas de la pedagogía crítica
Docente e investigadora de la carrera de Trabajo Social, Sede de Occidente de la Universidad de Costa Rica. Ha desarrollado experiencia de trabajo sindical y trabajo con jóvenes de sectores populares en el área urbana de ese país.
En
Paulo Freire, Contribuciones para la pedagogía
Moacir Gadotti, Margarita Victoria Gomez, Jason Mafra, Anderson Fernandes de Alencar [compiladores]

miércoles, 8 de octubre de 2014

Escenario actual de la pedagogía crítica latinoamericana


¿Qué se propone la pedagogía crítica en Latinoamérica? ¿Cuáles son sus preocupaciones? ¿Qué transformaciones sociales son las buscadas? ¿En qué consisten las diferencias con las pedagogías dependientes?


Ver de nuevo lo antes visto casi siempre implica ver ángulos no percibidos. La lectura posterior del mundo puede realizarse de forma más crítica, menos ingenua, más rigurosa.
Paulo Freire, 1997

La pedagogía crítica se inserta en las corrientes pedagógicas y significa un punto de partida para problematizar y convertir la educación en una herramienta al servicio del cambio y la transformación de las sociedades latinoamericanas. Tampoco puede dejar de mencionarse el impacto de las concepciones de la pedagogía crítica europea, que influyeron sobre el pensamiento social de la región a partir de la década del sesenta, en la que el brasileño se situó con propuestas pioneras. Una suerte compartida para la pedagogía crítica y latinoamericana que surgiera en ese escenario: la propuesta de educación popular que desarrolló Paulo Freire.

Para una aproximación teórica y metodológica contextualizada en los momentos actuales de la educación, las principales herencias del pensamiento de Freire a tener en cuenta deben estar asociadas a su función crítica, como proceso que debe nutrirse de la realidad del presente en pos de reconstruir continuamente sus métodos educativos, articulados a la práctica educativa.

Esta problemática nos lleva a reflexionar acerca del déficit de las políticas educacionales en la región y su impacto en la función y efectividad de la educación como derecho pleno del hombre. Las nuevas políticas y agendas educacionales que hoy emergen demandan un programa educativo integral comprometido con el cambio, que parta de una educación abierta, responsable, crítica.

Para la pedagogía actual resulta necesario, además, incentivar aprendizajes creativos, transformadores e innovadores, que son clave en una formación integral ante las demandas profesionales que exige la vida contemporánea, completamente informatizada, globalizada y capitalizada.

La pedagogía no debe descuidar, en ninguno de los niveles de enseñanza, la formación de valores morales, éticos, políticos y espirituales, que con seguridad son los que asegurarán el compromiso de las nuevas generaciones con las transformaciones sociales más justas y equitativas en los diferentes ámbitos sociales, económicos y políticos que demanda la complejidad del mundo actual. La nueva pedagogía crítica, renovada y profundamente humanista, debe considerar que constituye como nunca antes un instrumento para el cambio social latinoamericano.

Por su parte, la escuela se erige como espacio estructural e institucional de las sociedades para reproducir su ideología y ejercer el poder. Bourdieu y Passeron sostuvieron que “la escuela se constituía en el instrumento más acabado del capitalismo para reproducir las relaciones de producción y la ideología del sistema”. En tal sentido, las tendencias actuales muestran cómo las escuelas privadas latinoamericanas responden a una educación que se convierte en servicio y oferta del mercado pues, en última instancia, reproducen las concepciones ideológicas capitalistas de las que son parte y a las cuales se deben.

La condición de subdesarrollo y de capitalismo dependiente periférico revela la precariedad de la educación latinoamericana. Su carácter de pedagogía dependiente aún no ha sido superado, pues con mayor fuerza se asumen los modelos neoliberales globalizados de la educación capitalista del mundo desarrollado. Por otra parte, se ha condicionado un conformismo ante las problemáticas educativas urgentes de la región. En algunos casos, resulta imposible pensar en superar los índices de analfabetismo tan altos, si se tiene en cuenta que los proyectos educativos se privatizan y quedan aplazados en las agendas de las políticas estatales.

Con las nuevas fórmulas neoliberales en las políticas educativas, se pretende privatizar cada vez más los ámbitos educacionales públicos en todos sus niveles de enseñanza y con ello disminuir el presupuesto estatal para la educación. Sin embargo, la agenda de las ciencias sociales comprometidas debe enfrentar este reto. “La contribución al debate consiste en seguir pensando a la educación pública latinoamericana en un contexto resignificado, teniendo como base una acción político-pedagógica alternativa a la propuesta de privatización actual” (Gomez).

Una alternativa que puede ofrecer la pedagogía reside en establecer un eje común que articule y sistematice el pensamiento actual de la pedagogía crítica latinoamericana. En efecto, las complejidades de las realidades de nuestra región han propiciado un cúmulo de teorías acerca de la educación. Aunque muchas muestran un agotamiento del modelo teórico crítico en función de su distanciamiento con la práctica, la pedagogía crítica demanda “analizar los fenómenos educativos desde una perspectiva social considerándolos fundamentalmente como procesos de reproducción y de transformación cultural” (Russo).

Lograr verdaderas transformaciones en el ámbito educativo de la región es una deuda aún pendiente para la agenda de las ciencias sociales y, en especial, para la pedagogía crítica contextualizada en circunstancias actuales.

En todo caso, la pedagogía propuesta por Paulo Freire se sitúa como pionera para América Latina, al heredarnos el camino de la educación popular. Su obra redimensiona una nueva concepción de la realidad social, por medio de la cual se hace posible reinterpretar la sociedad y la historia a la luz de los nuevos cambios sociales, culturales, económicos y políticos de la región.

Un camino posible para repensar el andar y proyectar las nuevas utopías del cambio y la transformación educativa y social que urgen en la región latinoamericana.


Autora
Zaylín Brito Lorenzo
Licenciada en Psicología, Universidad de La Habana. Investigadora del Grupo de Estudios sobre Juventud del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), Cuba.
Educación popular, Cultura e Identidad desde la perspectiva de Paulo Freire
En
Paulo Freire, Contribuciones para la pedagogía
Moacir Gadotti, Margarita Victoria Gomez, Jason Mafra, Anderson Fernandes de Alencar [compiladores]

miércoles, 1 de octubre de 2014

Posicionamiento de los docentes desde una perspectiva crítica


¿Es posible que el docente permanezca “neutral” frente a los problemas sociales? ¿Cuál es la diferencia entre “conciencia ingenua” y “conciencia crítica”? ¿Qué violencias deben ser consideradas en nuestra crítica?

Es necesario abrir espacios formativos, donde los y las docentes podamos leer, analizar, conocer diversos aspectos del ámbito educativo que nos permitirán, entre otras cuestiones, reconocer y clarificar nuestra posición ante la realidad en la que estamos inmersos. De ese modo se iniciaría un proceso progresivo, colectivo de transformación del pensamiento, al asumir una posición de análisis y de cuestionamiento que posibilite la construcción de una perspectiva crítica, y así abandonar el nivel de conciencia ingenua, entendida como “la conciencia humana en los grados más elementales de su desarrollo […] percibe los fenómenos, pero no sabe ponerse a distancia para juzgarlos” (Gadotti).

Un ejemplo es la asunción que muchos docentes tienen al considerar a la educación como una actividad neutra, y también su accionar. Los profesores y profesoras necesitamos clarificar ideas y perspectivas a través de la información, el cuestionamiento y la reflexión colectiva, la discusión y argumentación, con apoyo en diferentes posiciones teóricas. Para ello ayudaría enormemente la revisión de autores del tercer mundo que han sido ocultados, como lo plantea Bourdieu, quien afirma que sólo se prioriza y ofrece a las masas lo que a la cultura hegemónica le importa impulsar; así entonces, efectivamente, poco o casi nada sabemos de nuestro propio campo de trabajo (Bourdieu).

El trabajo docente será más completo y enriquecedor para educandos y educadores si logramos pasar de la conciencia ingenua a la conciencia crítica, que Freire concibe del siguiente modo:

el conocimiento o la percepción que consigue develar ciertas razones, las cuales explican la manera como los hombres “están siendo” en el mundo, revela la realidad, conduce al hombre a su vocación ontológica e histórica de humanizarse, se fundamenta en la creatividad y estimula la acción verdadera de los hombres sobre la realidad, promoviendo la transformación creadora (Gadotti y Torres).

De este modo, pasar de un nivel de conciencia a otro permitirá, entre muchas cosas, que los educadores logremos el soporte para reflexionar sobre nuestro quehacer educativo de manera más sustantiva, lo cual hará posible la problematización de los fenómenos que enfrentamos, asumir una actitud de cuestionamiento e indagación, para avanzar e intentar la asunción de una postura crítica, entendiendo a esta como la actitud “de continua reflexión, de curiosidad ante las cosas. El deseo de conocer las cosas tal y como suceden en la realidad, desafiando a los demás y dejándose desafiar sin adoptar prescripciones dogmáticas” (Gadotti y Torres). Asumir una condición con estas características nos permitirá avanzar en el análisis y posicionamiento críticos.
Trabajar bajo estos parámetros posibilitará generar fortaleza, criticidad y autoconfianza en los educandos y educadores que asisten a nuestras escuelas –en este caso, nuestra universidad–, lo cual requiere un pensar y actuar diferentes al interior de las aulas. Sin embargo, ese quehacer docente distinto, más humanizado y humanizante, sólo puede lograrse a partir de la transformación de los propios sujetos participantes, una cuestión en la que nosotros, los docentes, tenemos una gran responsabilidad.

En un alto porcentaje de las escuelas de mi país, México, se violenta de manera constante a los alumnos y alumnas, al igual que a los profesores y profesoras, entre otras causas por el propio sistema económico y social que padecemos. específicamente en el ámbito educativo, por la propia organización verticalista que prevalece tanto a nivel patronal como sindical. Por ello, se hace necesario y urgente revisar, problematizar y revertir esta relación desde nuestros propios espacios cotidianos. Vale decir, es preciso actuar desde distintos ámbitos: el entorno familiar, laboral, de las relaciones sociales, entre otros.

La violencia, como señala Freire, no sólo es física, verbal o psicológica, sino que también existe aquella que es más difícil de develar: “la subrepticia, simbólica, violencia y hambre, violencia e intereses económicos de las grandes potencias, violencia y religión, violencia y política, violencia y racismo, violencia y sexismo, violencia y clases sociales”.

Recuperar los planteamientos freireanos permite encontrar sustentos a la necesidad de soñar, comunicarnos, crear utopías y trabajar para concretarlas. Freire sostiene:

Nadie me puede afirmar categóricamente que un mundo así, hecho de utopías, jamás será construido. Este es, al final, el sueño substantivamente democrático a que aspiramos, si somos coherentemente progresistas. Soñar con este mundo, por lo tanto, no basta para que se concrete. Precisamos luchar incesantemente para construirlo. Sería horrible si tuviésemos la sensibilidad del dolor, del hambre, de la injusticia, de la amenaza, sin ninguna posibilidad de captar la o las razones de la negatividad. Sería horrible si apenas sintiésemos la opresión, pero no pudiésemos imaginar un mundo diferente, soñar con él como proyecto y entregarnos a la lucha por su construcción. nos hicimos mujeres y hombres experimentándonos en el juego de estas tramas. no somos, estamos siendo. La libertad no se recibe de presente, es bien que se enriquece en la lucha por él, en la búsqueda permanente, en la medida misma en que no hay vida sin la presencia, por mínima que sea, de libertad. Pero, a pesar de que la vida, en sí, implica libertad, esto no implica de ningún modo que la tengamos gratuitamente. Los enemigos de la vida la amenazan constantemente. Precisamos, por eso, luchar, sea para mantenerla, para reconquistarla o para ampliarla. De cualquier manera, sin embargo, no creo que el núcleo fundamental de la vida, la libertad y el miedo de perderla pueda ser jamás suprimido, amenazado, sí, de la vida extendida en la totalidad de la extensión del concepto y no sólo vida humana. Vida que implicando la libertad como movimiento o permanente búsqueda implica también cuidado o miedo de perderla, libertad y miedo de perder la vida engendrándose en un núcleo más hondo, indispensable a la vida, el de la comunicación. en este sentido me parece una contradicción lamentable hacer un discurso progresista, revolucionario y tener una práctica negadora de la vida. Práctica contaminadora del aire, de las aguas, de los campos, devastadora de la mata (Freire).

A partir de reconocer estas reflexiones, que comparto y asumo como innegables, considero que se puede soñar, organizarnos, proponer y trabajar para poder asumirnos como sujetos históricos, y a partir de ello direccionar nuestra vida social, familiar y, específicamente en este caso, la vida educativa.



Extraído de
Los círculos de cultura: una posibilidad para dialogar y construir saberes docentes
Guadalupe Juárez Ramírez
Profesora de educación Primaria. licenciada en educación y magíster en educación. Docente del Programa de licenciatura en intervención educativa en la Universidad Pedagógica nacional-Hidalgo (UPn-H). Asesora técnica Pedagógica en el Programa Nacional de Actualización y Capacitación de Maestros en Servicio.
En
Paulo Freire, Contribuciones para la pedagogía
Moacir Gadotti, Margarita Victoria Gomez, Jason Mafra, Anderson Fernandes de Alencar [compiladores]


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