miércoles, 23 de septiembre de 2015

Rasgos del discurso capitalista. La simplificación.

La escuela crítica debe tener en cuenta que “Producción masiva significa producción en serie, indiferenciada, simplificación y estereotipación. Como en la producción comunicativa se trata de productos del pensamiento, de contenidos de conciencia, esta serialización e indiferenciación tiene también algo que ver con la producción del pensamiento indiferenciado, acrítico, esto es, mágico” ¿Por qué existe esta simplificación?




Hoy día, la mayor parte de la comunicación se hace a través de los llamados medios de masas, que, como el término de “comunicación de masas”, no deja de ser un eufemismo. Como es sabido, ni las masas se comunican entre sí a través de esos medios ni éstos son de las masas, sino de unos pocos que producen masivamente para las masas.

En suma, que estos pocos tienen el poder de definir la realidad para los muchos, de decirles lo que pasa, lo que es bueno y malo, lo que hay que hacer y no hacer, cómo hacerlo, etc. Este poder de fijar el programa social de cualquier comunidad es la clave del control social. Lord Nordcliffe, dueño de uno de los consorcios más poderosos de periódicos de principios del siglo XX, lo explicaba así, sin pelos en la lengua: “Dios enseñó a los hombres la lectura para que yo pueda decirles a quién deben amar, a quién deben odiar y lo que deben pensar”.

Y lo que nos cuentan suele ser casi siempre la historia de los otros, no la nuestra. Y si estamos ocupados en vivir la historia de los demás no tenemos tiempo de preocuparnos de la vida propia. Pues si nos ocupásemos de ella y descubriéramos cómo la determinan otros, no nos quedaríamos de brazos cruzados e intentaríamos cambiarla a mejor.

Producción masiva significa producción en serie, indiferenciada, simplificación y estereotipación. Como en la producción comunicativa se trata de productos del pensamiento, de contenidos de conciencia, esta serialización e indiferenciación tiene también algo que ver con la producción del pensamiento indiferenciado, acrítico, esto es, mágico.

En la comunicación, el engaño no sólo se da en el ámbito de los medios primarios, sino sobre todo en el de los medios terciarios, donde tanto uno como otro participante necesitan un aparato para poder comunicarse. La técnica de la comunicación, acelerada a través de las grandes distancias para grandes cantidades de receptores dispersos, conduce a la simplificación de los signos en imágenes y abreviaturas lingüísticas. De este modo reducen las posibilidades de descifrarlas, al tiempo que sobrecargan con nuevas abreviaturas la percepción y exceden la capacidad de la memoria.

La mayoría adquiere su conciencia a través del trabajo. Todo el socialismo se basa en la hipótesis de que hay que hacer conscientes a los seres humanos. Tras esta ilustración tomarán el destino en sus manos, se emanciparán del poder dominante de la economía, de los propietarios de los medios de producción. Toda esta concienciación de la gran mayoría no puede llevarse a cabo en la era de la retificación global de los medios técnicos, puesto que éstos no fomentan el trabajo consciente, sino que lo reducen. Esto se efectúa de muchas maneras. Primero creando tensión. Se trata de un proceso de distracción. Segundo simplificando la realidad mediante la oferta de las mismas pautas de comportamiento, que son siempre binarias: bueno y malo, arriba y abajo, falso y correcto, etc. Estas pautas de comportamiento vienen dadas por la figura estética del televisor.

En este proceso se simplifica también la imaginación. A la gente se le presenta siempre lo mismo, en forma cada vez más primitiva, puesto que con arreglo a la economía de señales los propietarios tienen que hacer inversiones cada vez mayores y, en consecuencia, tienen que llegar a un número cada vez mayor de receptores para hacerlas rentables. Y sólo se puede llegar a audiencias cada vez mayores excluyendo la diferenciación y volviendo a lo que todos entienden: coito, violencia, salidaentrada, ascenso-descenso, esto es, modelos muy sencillos. Con estos pares binarios se tiene así un fuerte efecto dramatúrgico, pero a costa de una gran pérdida de realidad y de posibilidades de conocimiento, pues quien selecciona, abstrae, sí, tiene que dejar fuera más y más cosas. En consecuencia, es de temer una gran época de idiotización a través de la humanidad medialmente rectificada.

Lo que cuenta en la prensa es la presentación visual de los contenidos, pues los estructura al predeterminar modalidades perceptivas, así como lo que puede interpretarse y conocerse.

Y es de suponer que siga así mientras persista la relación directa entre presentación como captación visual y la base comercial del medio. Cuanto mayor la tirada, tanto más atractiva la presentación y tanto más cortos los enunciados. La reducción se debe en todos los medios a la economía de señales.

En la radiodifusión y en la prensa, el lenguaje está sometido a la ley de la economía de señales, esto es, ganar tiempo y ahorrar espacio para llegar al mayor número posible de consumidores con el menor gasto posible para el productor. Así, pues, la ganancia de tiempo es la máxima suprema de su praxis.

En el ámbito de la prensa y de la radiodifusión hay que distinguir entre ganancia de tiempo para el productor de la comunicación y ganancia de tiempo para el consumidor de la misma. Bajo el punto de vista de la autodeterminación la ganancia del primero no es necesariamente ganancia del segundo, pues tiene que dar algo de su biotiempo, en el supuesto de que esta entrega valga la pena para él. Puede traducirse muy bien en “tiempo perdido”, es decir, en tiempo que no ha compensado sus déficits cognitivos y emocionales, pero el tiempo gastado ya no vuelve.

Pero el productor está obligado a reunir a todos los consumidores posibles de su comunicación a fin de poder amortizar con la participación de los muchos el gasto técnico que ha invertido. Los receptores quieren entretenerse, participar, comunicarse, puesto que son seres humanos y no pueden ni quieren vivir aislados. Pero cuando aprietan el botón de la radio o la televisión o toman un periódico en sus manos, tienen que aceptar la presentación lingüística e icónica en las reducciones específicas de cada medio, y abandonar su aparato perceptivo a comunicaciones heterodeterminadas, sin poder contradecirlas, como ocurre en la comunicación primaria.



Extraído de
La Intoxicación Lingüística
El uso perverso de la lengua
Vicente Romano
Colección TILDE




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