martes, 16 de agosto de 2016

BATALLAS DE CLASE Y CONTRA-HEGEMONÍA

Existe una mano invisible que beneficia a todos: oferentes y demandantes.
Esta se da por el egoísmo de las personas de satisfacer sus propias necesidades.
Al realizar los intercambios la sociedad en su conjunto se beneficia automáticamente.
Adam Smith – La Riqueza de las Naciones
Mas tienen una mano invisible que mata […]
Arthur Rimbaud – Los Sentados


Donde hay competencia (con-, entero, conjunto, por completo; petere, dirigirse a, buscar, atacar, pedir; -nt-, agente; ia, cualidad), difícilmente puede haber confianza (con-, entero, conjunto, por completo;fides, fe; -nt; agente; -ia, cualidad). Esto es, en un contexto en el que se “busca o pretende algo -en escasez- al mismo tiempo que otros”, la confianza “como hipótesis sobre la conducta futura del otro” [1] va a suponer un despliegue, frecuentemente grotesco y voluminoso, de las herramientas de la gestión de riesgos. Tal cosa se asume, claramente de forma acrítica, como “normal” en las relaciones inter-empresariales bajo el prisma neoliberal, dejando pasar desapercibido, por otra parte, que la competencia entre empresas se trasladó, hace largo tiempo, a la competencia entre los individuos.
Hoy se compite por acceder al consumo a través del mercado de trabajo. La escasez laboral genera miedo a la pérdida de una posición ilusoria de ”ventaja” consumidora en el presente y de seguridad personal en el futuro. La precariedad laboral pervierte esta escasez fragmentando el empleo por el que los individuos compiten en una subasta inversa [2]. Los desempleados compiten por el acceso, puestos bajo sospecha, mientras que los empleados lo hacen por la permanencia. El discurso darwinista y meritocrático, con un premeditado sesgo actitudinal en el desempeño personal, siembran el pánico en el Estado del Malestar y en sus aledaños. La confianza brilla por su ausencia en la cola del paro y en cada “pool” de la oficina.
Stephen M.R. Covey, siguiendo la estela de oportunismo de su progenitor del mismo nombre, el autor de “Los siete hábitos de las personas altamente efectivas”, se postula como autor intelectual de un remedio fecal para este problema, eminentemente sistémico. “Sin confianza no podemos tener cultura ganadora”, declama Covey, indicando que es preciso “aumentar la confianza en las organizaciones para aumentar así la velocidad de los procesos y disminuir los costes”. El estúpido e infundado tecno-optimismo capitalista, que no tiene empacho en romper los límites naturales [3] mientras apuntala el camino hacia el ecofascismo, no excluye de su objeto evaluar la elasticidad y la resistencia de la salud física y mental de los empleados y ponerla a prueba todo lo que sea preciso:¿estamos dispuestos a morir con tal de vivir una vida que nos está matando?, preguntaba Farnish.
Los mandos directivos en las organizaciones (a los que Covey llama líderes) van a tener la posibilidad de trasladar la presión de su incompetencia, su falta de responsabilidad y su egoísmo a sus subordinados mediante lo que viene a denominar la “confianza inteligente”, es decir, “el necesario equilibrio entre la propensión a confiar y el análisis”. Con un discurso de doble filo, el fino estratega hace recaer inevitablemente en los empleados las consecuencias de cualquier confianza no satisfecha. El hijo del predicador Covey abusa de Lao-Tzu cuando cita que “aquel que no confía lo suficiente no será digno de confianza”. Se rompe la reciprocidad de la confianza en su evidente asimetría, pues su falta no puede ser otra cosa más que una constante para los empleados en condiciones precarias. El individuo, además de ser empresario de sí mismo, es policía de sí mismo y de todos los demás.
Nos encontramos en el marco de una guerra de clases que seguimos perdiendo, en una auténtica batalla por el lenguaje, el pensamiento y los valores que el enemigo pelea palmo a palmo en cualquier ámbito, por minúsculo e insignificante que nos parezca, hasta pasarnos incluso desapercibido, con la seguridad que le otorga nuestra propia disponibilidad como recursos inconscientes casi ilimitados, ocupando inexorablemente todos y cada uno de los espacios en los que existe una necesidad y una posibilidad de resistencia y de negación. El neoliberalismo es prolífico en la difusión masiva de neo-ideas y neo-conceptos y en la construcción de imaginarios que reproducen y re-diseñan la ridícula idea de generar riqueza a partir de la deuda.
En su mediatización, estos constructos minoran a la clase trabajadora precarizándola en todos los ámbitos que le atañan. Cada una de sus manifestaciones lleva asociada una disminución, una renuncia, una carga adicional (en lo laboral, en la sanidad, en la educación, en los fiscal…) en aras de una productividad y de una rentabilidad económica que absolutamente nada tiene que ver con la naturaleza humana. El capitalismo, mucho tiempo después de haber devorado su imaginaria mano invisible, sigue avanzando, controlando con frialdad y meticulosidad el crecimiento de la desigualdad social e internacional de la misma manera que consentía aquel asesinato social que refería Engels enLa condición de la clase obrera en Inglaterra («aquella clase que actualmente posee el dominio social y político y, con esto, al mismo tiempo, la responsabilidad por la condición de aquella otra clase que no tiene ningún poder. En Inglaterra, esta clase dominante es, como en todos los demás países civiles, la burguesía»[…] «que la sociedad en Inglaterra cumple cada día, cada minuto, lo que, en los diarios obreros ingleses, se llama con pleno derecho asesinato social»[…] «la sociedad sabe lo nocivo que es tal estado para la salud y la vida de los trabajadores y no hace nada para mejorar esa situación»).
Es urgente alcanzar una percepción común del funcionamiento del sistema y entender como colectivo nuestra situación dentro del mismo para cimentar la contra-hegemonía cultural y la emancipación respecto de las actuales estructuras de poder. Tal cosa no es factible dentro de los cauces diseñados por las instituciones y por la legislación que conforman, acuerdan y conceden las partitocracias a sus amos. Es indispensable promover y facilitar procesos individuales y colectivos de auto-educación y auto-formación con la participación de los movimientos sociales y la colaboración inestimable de ladocencia disidente, para dinamizar la cohesión social y redescubir lo común. Cualquier movimiento e iniciativa debe conectar con los demás por tener su lucha el mismo origen. Los conocimientos y las técnicas de cada uno son valiosos pero sólo la puesta en común puede proporcionar una visión de conjunto lo suficientemente amplia y unos valores compartidos capaces de construir una contra-hegemonía real.
Se precisan organizaciones sociales y obreras ágiles y flexibles, lejos de las estructuras verticales y rígidas que sólo generan desilusión, que sean capaces de encontrarse en un momento dado en un espacio de movilización, físico o virtual, temporal y abierto en el que se encontrará el colectivo, la comunidad, con el conjunto de sus demandas frente a un único enemigo, brutal y despiadado, que considera legítimo y natural sus actos y sus políticas de precarización, expolio, extracción y minorización y es conocedor y consciente de ello, pero al que se enfrentará y le mostrará su capacidad de organización, decisión y acción desde la Solidaridad, el Apoyo Mutuo y la Cooperación.


Por. Alejandro Floría Cortés
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215542


No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Busca en mis blogs

Google+