lunes, 31 de octubre de 2016

Presencia en el mundo del pensamiento de Paulo Freire

Para Freire ¿Qué se necesita para ser Docente? ¿Qué exigencias tiene la tarea de enseñar? ¿Es posible entender el pensamiento pedagógico de Paulo Freire desligado de un proyecto social y político?


La maestra democrática, coherente, competente, que conoce su gusto de vida, su esperanza de un mundo mejor, que certifica su capacidad de lucha, su respeto a las diferencias, sabe cada vez más el valor que tiene para modificarlo en la realidad; la manera consistente con que vive su presencia en el mundo, saber que su paso por la escuela es sólo un momento, pero un momento importante que amerita vivirlo plenamente” (Pedagogia da autonomia).
  
Así es que entiendo la preocupación de Paulo Freire por señalar los saberes necesarios para la práctica educativa crítica. Freire es muy exigente en lo que respecta a ese profesional insustituible. En Pedagogía de la autonomía, Freire sostiene que para ser maestro se necesita: rigurosidad metódica, investigación, respeto a los saberes de los educandos, criticidad, ética y estética, dar cuerpo a las palabras a través del ejemplo, tomar riesgos, aceptar lo nuevo, rechazar cualquier forma de discriminación, reflexión crítica sobre la práctica, reconocer y asumir la identidad cultural, tener conciencia de lo infinito, reconocerse como un ser condicionado, respetar la autonomía del ser del educando, tener buenos sentidos, ser humilde, tolerante, aprender la realidad, ser alegre y esperanzador, estar convencido de que el cambio es posible, ser curioso, ser competente a nivel profesional, ser generoso, comprometido, ser capaz de intervenir en el curso del mundo.

Enseñar exige libertad y autoridad, amerita ser consciente al tomar decisiones, exige saber escuchar y reconocer que la educación es ideológica, exige estar abierto al diálogo y, finalmente, exige querer mucho a los educandos. Luego, concluye hablando de la necesidad de que el maestro se forme continuamente, proceso en que “el momento trascendental es el de la reflexión crítica sobre la práctica. Es así, pensando críticamente en la práctica de hoy o de ayer que se puede mejorar la práctica de mañana” (Freire).

Para Paulo Freire, uno de los primeros saberes es el “saber del futuro como un problema y no como algo inexorable. Es el saber de la Historia como posibilidad y no como determinación. El mundo no es. El mundo está siendo”. Resulta imposible entender el pensamiento pedagógico de Paulo Freire desligado de un proyecto social y político. Por ello, no se puede “ser freireano” sólo cultivando sus ideas. Ser “freireano” exige, por sobre todas las cosas, comprometerse con la construcción de “otro mundo posible”. La “pedagogía sin fronteras” de Freire es una invitación para transformar el mundo.
Esa afirmación de Paulo Freire tiene absolutamente todo que ver con el lema del Foro Social Mundial: “otro mundo es posible” y para construir ese otro mundo posible fue que Paulo Freire propuso su pedagogía de la lucha. Esa es la razón que nos hace enseñar y aprender: nuestro saber está puesto todo a disposición de una causa.

Las enseñanzas de Paulo Freire para la formación del maestro no están sólo en sus teorías. Por el contrario, se ven reflejados coherentemente en sus prácticas. Noten, por ejemplo, su preocupación por no promover la invasión cultural cuando asesoró al gobierno de Guinea-Bissau (Freire).

Para Paulo Freire la alfabetización debe ser significativa, y sólo lo es cuando es producción cultural y no reproducción cultural. Freire dio el ejemplo en el libro escrito conjuntamente con Donaldo Macedo, en el cual reflexionaban sobre su experiencia en Guinea Bissau (Freire y Macedo). A partir de su análisis sobre la experiencia obtenida en Guinea-Bissau, Freire reconoce que existieron ciertos “trazos populistas” y crítica el hecho de que los diferentes grupos étnicos no hubiesen tomados en cuenta. Su proyecto de alfabetización no tuvo éxito principalmente porque los diferentes grupos sólo hablan la lengua local y no pudieron aprender a hablar portugués, lengua oficial, y si la aprendían no la usaban, situación que los llevaba de vuelta al analfabetismo.

Paulo Freire insistió en un programa de post-alfabetización para dar continuidad a la formación inicial. Reconoció que las dificultades para el proyecto de una alfabetización bilingüe eran enormes, sin embargo, solía afirmar que la experiencia les hizo aprender muchas lecciones. Una alfabetización emancipadora no podría tener continuidad frente a la “invasión cultural” portuguesa y eurocéntrica. Si la colonización tenía por objetivo “desafricanizar” (Freire), la nueva educación debería reafricanizar la cultura. Reafricanizar significaba para Freire, descolonizar las mentes de los colonizados.

Enseñar portugués era indispensable, puesto que ere el único idioma común, escrito, hablado e impreso, empero, no podíamos olvidar que ese idioma era la lengua del colonizador. Paulo Freire no era populista para renunciar a la lengua portuguesa. Él intentaba darle un nuevo significado a la enseñanza de la lengua portuguesa en Guinea-Bissau mientras que insistía en alfabetizar también en la “lengua del pueblo”. Freire solía decir que a fin de cuentas es a través de ella que el alfabetizado “nombra su propio mundo”.

Paulo Freire argumentaba que para que existiese una nueva sociedad se necesitaba una nueva escuela, basada en una nueva praxis educativa. Para que esto sucediese, insistía en la necesidad de reflexionar sobre los métodos utilizados por las escuelas de los colonizadores. Antes de transformar las estructuras sociales dominantes necesitamos conocerlas.
Freire había trabajado en Guinea-Bissau junto al equipo del Idac (Instituto de Acción Cultural), del cual fue uno de los fundadores, en conjunto con el Departamento de Educación del Consejo Mundial de Iglesias, ambos con sede en Ginebra. Freire no se concebía como un especialista neutro. La experiencia de la alfabetización, iniciada hace cuatro años, integraba un enorme proceso de “reconstrucción nacional”, poco después de la problemática independencia decretada el día 24 de septiembre de 1973 y que Portugal sólo reconoció al cabo de un año, el 10 de septiembre de 1974. La educación era una parte del proceso de cambio por el cual el país atravesaba.

Amílcar Cabral, quien muriera asesinado poco después de la independencia de Guinea-Bissau, había invitado a Paulo Freire, a quien admiraba fervientemente tanto a nivel intelectual como a nivel de militancia. Amílcar había sido el líder del Paigc (Partido para la Independencia de Guinea y Cabo Verde). Las cartas del libro las dirigían a los miembros de la Comisión de Alfabetización, y, en especial, a Mário Cabral, para aquel entonces, Comisario de Estado para la Educación y la Cultura de Guinea-Bissau.

La lucha por la liberación desarrolló en el pueblo la capacidad de escribir su propia historia. Paulo Freire no fue a Guinea con una receta pedagógica bajo el brazo, siendo coherente con lo que escribió una vez: “la verdadera ayuda es aquella en que los que participan se comprometen mutuamente, creciendo juntos en el esfuerzo común de conocer la realidad que desean transformar”. Juntos elaboraron el programa nacional de alfabetización y la política educacional del nuevo gobierno. El pueblo necesita reinventar su sociedad y la educación debería integrar ese gran proyecto histórico. Sería impensable reproducir la educación de los colonizadores. La verdadera ayuda es aquella en la cual los que participan se ayudan mutuamente en un esfuerzo común para conocer la realidad opresora que desean modificar. Freire afirma en una de sus cartas que “el tema de fondo no está sólo en sustituir un programa viejo adaptado a los intereses del colonizador por uno nuevo, pero sí en establecer la coherencia entre la sociedad reconstruyéndose revolucionariamente y la educación como un todo que debe estar a su servicio. Y la teoría del conocimiento que ésta debe poner en práctica implica un método de conocer antagónico al de la educación colonial”.

La preocupación sobre la contextualización recorre toda la obra de Paulo Freire. El conocimiento es una información contextualizada. No existe saber sin referencia a un contexto. De allí su insistencia sobre la formación crítica del maestro. Allí está el asidero de su preocupación, por ejemplo, por el proceso creciente de globalización en la década de los 90, y sus efectos en la vida cotidiana. La globalización capitalista era una preocupación constante en las últimas conversaciones con Paulo Freire. En las líneas que presentamos a continuación, resaltó un análisis crítico sobre ese tema que él tocó en su último libro.
Se dice, sin embargo, que la globalización de la economía constituye un momento necesario de la economía mundial, del cual es imposible escapar por sí solo. Se universaliza un dato del sistema capitalista y un instante de la vida productiva de ciertas economías capitalistas hegemónicas como si Brasil, o México, o Argentina tuviesen ser partícipes de la globalización económica de la misma forma como lo hacen en Estados Unidos, Alemania o Japón. Entonces, se toma el tren a mitad de camino y no se discuten las condiciones anteriores y actuales de las diferentes economías. Se nivela el conjunto de deberes entre las distintas economías sin considerar las distancias que separan los derechos de los fuertes y su poder de beneficiarse de ellos y la mano suave de los débiles para ejercer sus derechos.
Si la globalización implica superar fronteras, la apertura sin restricciones del libre comercio, termina acabando con los que no pueden resistir. No se indaga, por ejemplo, si en momentos anteriores de la producción capitalista en las sociedades que lideran la globalización actualmente, eran tan radicales en lo que respecta a la apertura que ahora consideran condición indispensable para el libre comercio. En este momento, le exigen a los otros, lo que no aplicaron para si mismas. Uno de los elementos más eficaces de su ideología fatalista es convencer a los perjudicados de las economías sometidas de que en realidad es tal como dicen, que no hay nada que hacer, sino seguir orden natural de los hechos, puesto que es algo natural o casi natural que la ideología neoliberal se esfuerce por hacernos entender la globalización como una producción histórica (Freire).


Autor
Moacir Gadotti
La Escuela y el Maestro
Paulo Freire y la pasión de enseñar


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