martes, 28 de junio de 2016

ARGENTINA: ¿UNIDAS POR LA EDUCACIÓN O COMPROMETIDAS CON SU CLASE?

El 23 de junio, la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, la primera dama, Juliana Awada y la esposa del vicepresidente de Estados Unidos, Jill Biden, visitaron el Centro de Desarrollo Infantil “Chispitas”, ubicado en Villa Zagala, partido bonaerense de San Martín, como parte del Plan Nacional de Primera Infancia.

Durante este año, está prevista la apertura de 1.000 centros en todo el país, que brindarán cobertura a más de 140 mil niños, teniendo como eje central asegurar la nutrición, la salud, el desarrollo y el seguimiento de su crecimiento hasta la etapa deescolarización obligatoria.
La presentación del plan podría sonar auspiciosa si no se chocara con la realidad. Los datos sobre la desnutrición y malnutrición, así como sus derivaciones, presentados en un informe del ISEPCI surgen del relevamiento en distritos del conurbano bonaerense, entre ellos, San Martín, lugar donde se realizó la visita. Esos datos dan cuenta de las condiciones de vida sumamente precarias de las niñas y niños que asisten a las escuelas públicas, una situación que no es nueva, y que ha aumentado la demanda en los comedores escolares. El gobierno de la provincia de Buenos Aires, ahora con M.E. Vidal, y antes con Scioli( $6 por día), destina $12,60 por día, por estudiante, para el menú en las escuelas. Si se aumentara el 1% anual del presupuesto provincial destinado a la alimentación de niños y niñas generaría una importante contribución a la reducción de esos índices. Hay que recordar que el actual presupuesto provincial fue acordado entre los diputados de Cambiemos, el Frente Renovador y el bloque del Frente para la Victoria, con la oposición del Frente de Izquierda.
El ministerio de Desarrollo Social, a cargo de Carolina Stanley (tan sonriente en la foto) podría implementar el Decreto 618/16. Así cerrarían a fin de año, 12 casas del niño, servicios fundamentales en momentos en los que la situación social se agrava en la provincia producto de los tarifazos, la inflación, los despidos y los salarios a la baja.
Según un estudio presentado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, el 1ro de abril, la tasa de pobreza registró un aumento de 5 puntos porcentuales hasta llegar al 34,5 % en el primer trimestre de 2016, por lo que 13 millones de personas están en esa situación. También, pronosticó que por lo menos 350 mil personas cayeron en situación de indigencia en los primeros tres meses del año. Vale recordar que el ex ministro de Economía, Axel Kicillof, se excusaba en que hablar de pobreza es “estigmatizar” a los pobres.
De abril acá las cosas han empeorado, ciertamente, de acuerdo a la información publicada por la Dirección de Estadísticas y Censos de la Ciudad, la canasta básica para una familia tipo, compuesta por un matrimonio y dos hijos con casa propia, aumentó un 41,8 % respecto del año pasado, totalizando $ 15.604,31. Para las familias que no tienen propiedad el valor de la canasta básica asciende a $ 19.221,70.
Para que no queden dudas, el jefe de Gabinete Marcos Peña, durante una reunión con periodistas en la Casa Rosada, afirmó que el objetivo de “pobreza cero” que el gobierno había tomado como uno de sus ejes de campaña es “inalcanzable”. Al respecto, desde la izquierda, Nicolás del Caño, ex candidato presidencial del Frente de Izquierda, salió a criticar estas declaraciones: “El sinceramiento de @marquitospena diciendo que la Pobreza Cero es inalcanzable blanquea otro fraude de la campaña de cambiemos.”
El “sinceramiento” continúa, esta vez (y no trae precisamente alegría), con las declaraciones del ministro de Hacienda y Finanzas, Prat-Gay, quien sostuvo durante un Foro de empresarios e inversores que “el trabajo sucio está mayormente hecho”. En definitiva, estos planes son el reconocimiento de la grave crisis y se contradicen con una gestión caracterizada por el ataque a los trabajadores.
“Hoy Catamarca cambió. Elegimos trabajar juntos porque estamos convencidos de que en materia social no existen banderas políticas”, estas fueron las palabras de la ministra Carolina Stanley, en ocasión de la firma del convenio con la provincia de Catamarca, cuya gobernadora es Lucía Corpacci, por el Frente para la Victoria.
Como Rosana Bertone o Alicia Kirchner, aplican el ajuste o administran la miseria.
No existen banderas políticas porque están de acuerdo en que la crisis la paguen los trabajadores y la población más vulnerable.
A ninguna de estas mujeres les interesa solucionar la situación de la pobreza y la niñez, porque gobiernan para la clase dominante y viven como ellos.


Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Unidas-por-la-educacion-o-comprometidas-con-su-clase
Argentina/ 28 de junio de 2016/ Fuente: la izquierda diario

martes, 21 de junio de 2016

Valores para una cultura alternativa

¿Cómo ver al pasado? ¿Cómo una fuente del coleccionismo o como historia de la evolución humana para su desarrollo? ¿Qué valores distinguen al ser humano del resto de los animales?


El colapso del socialismo de cuartel, surgido en el cambio del siglo XIX al XX, se ha traducido, en la transición del XX al XXI, en el abandono de las ilusiones revolucionarias, la planificación coercitiva y el poder estatal. La cultura predominante del neoliberalismo propugna e impone la unificación de la economía y del pensamiento a nivel mundial. Los valores difundidos por esta cultura a través de todos los medios de que dispone carecen de todo proyecto de emancipación, de toda visión de futuro. La insistencia en el presente borra también el pasado, que se presenta como tradición comerciable (coleccionismo de antigüedades, folclor, etc.) y no como historia de evolución humana, llena de luchas y conflictos, de avances y retrocesos, de victorias y derrotas. Esta cultura anula el entusiasmo colectivo, el deseo de una sociedad mejor, dejando a los seres humanos a merced de lo existente.

Desaparecidos los países mal llamados “socialistas”, se proclama el fin del ideal emancipador con que soñaron Marx y Engels, descalificándolo como algo anticuado, utópico, irrealizable. Parece como si no quedara nada valioso de lo viejo. El capital, concretado en las compañías transnacionales, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se ha erigido en el único soberano del mundo.

Ahora bien, la victoria mundial de este sistema económico no ha resuelto, en sus cuatrocientos años de existencia, los problemas básicos que aquejan a la humanidad: el hambre, las guerras, el paro, la soledad, el individualismo alienante, la frustración individual y profesional, las desigualdades entre los diferentes grupos sociales, pueblos y continentes. Al contrario, aumentan las angustias cotidianas, las incertidumbres, la preocupación por el entorno físico y su preservación, etc.

Pero la praxis humana requiere la utopía, entendida como rechazo y transcendencia de lo existente, como imaginación y sueño humanos, como ethos y alternativa al topos asfixiante e inhibidor del potencial creador de los seres humanos.

Frente al conformismo, la uniformidad y autocomplacencia imperantes en este cambio de siglo, se requiere el desarrollo de una conciencia diferenciada que surja de la crítica de la civilización actual. La base de la lucha por una cultura nueva, alternativa, estriba en la crítica de este sistema, las costumbres, los sentimientos, las concepciones de la vida, los valores vigentes. Así, pues, para el siglo que viene se trata de organizar una cultura que permita a los seres humanos ser lo que desean ser, y no lo que los condicionamientos y penurias actuales les imponenen. Esta hermosa tarea tiene que ser, necesariamente, solidaria y colectiva, es decir, humana en el sentido estricto del término. Pues la solidaridad y la cooperación es lo que distingue a los seres humanos del resto de los animales, lo que les permitió elevarse por encima de la “ley de la selva” y convertirse en señores del universo.

Ahora impera la cultura de la competitividad, la explotación, el interés particular, la discriminación, la comercialización de los sentimientos y de la intimidad, etc. Y, en la izquierda, la cultura cainita de la conspiración y la intriga, tan arraigada en ella desde la Revolución Francesa.

Como alternativa a esta cultura deshumanizada, existe el humanismo revolucionario. La visión humanista del futuro, el aspecto positivo de la utopía, parte de la rebelión contra esta civilización, por mutilar los rasgos más humanos de las personas y por ser la causa de los vencidos de hoy. La cultura humanista contiene y propugna valores alternativos como la igualdad, la amistad, el respeto a la propia persona, a la diversidad, etc.

Como crítica y construcción, este humanismo es radical e intransigente frente a toda opresión. Cree en los objetivos de la emancipación sociopolítica. Es un impulso constante por humanizar la sociedad competitiva, animalizada, esto es, deshumanizada, y hacerlo a través de la solidaridad y la cooperación activas. La cultura humanista del futuro implica la reevaluación de algunos conceptos clásicos anticapitalistas. Así, por ejemplo, el problema de las relaciones sociales no se reduce únicamente a la propiedad de los medios
de producción. También hay que humanizar la política, la violencia obligada de los oprimidos, de los sin tierra, sin techo, sin trabajo, sin derechos, sin afecto, etc.

Como universalidad de valores, el humanismo revolucionario comprende todo cuanto significa derechos humanos, igualdad, justicia, libertad, etc. Sobre todo, claro está, el derecho a la autorrealización en un medio que potencie al ser humano, y no que lo anule. ¿Cuántos platones o goyas puede haber en una ciudad de 4 millones de habitantes como Madrid?

Este humanismo concibe al mundo como lugar para todos y, en consecuencia, aspira a extender la solidaridad. Más allá del desgaste que ha sufrido este término, la solidaridad equivale a una relación interhumana, social, que entraña una doble dimensión: objetiva (el quehacer, la acción concreta con los otros) y subjetiva (amistad, pasión, ternura). La visión humanista del futuro contempla la solidaridad como ethos, como estilo de vida, como posibilidad de humanidad, de ser persona. Se entiende como alternativa cultural al presente competitivo, individualista. No es mero instrumento para el futuro, sino algo necesario para afrontar el presente y vivir las cosas de otra manera.

Frente a la violencia y la guerra, que sólo enriquecen a unos pocos, defiende y practica la paz y la colaboración, cuyas ventajas benefician a todos. Ante el pesimismo y el culto a la muerte, el humanismo valora la alegría y el disfrute de la vida, que el ser humano debe tutelar para poder usarla. La cultura solidaria es dialógica, tanto o más que dialéctica, como diría el brasileño Paulo Freire.

Para esta visión humanista del futuro, la cultura no es sólo erudición. Recupera el aspecto positivo y los elementos activos que contenía este concepto en su origen, esto es, cultura como cultivo, cuidado, conocimiento práctico. Como dice Harry Pross, no es sólo protesta contra las condiciones imperantes, contra la guerra, el despotismo y el fanatismo de cualquier tipo. Es, sobre todo, autocrítica del pensamiento, contradicción ante la propia comodidad, aunque resulte difícil de entender.

Extraído de
La Intoxicación Lingüística
El uso perverso de la lengua
Vicente Romano
Colección TILDE

jueves, 16 de junio de 2016

Los valores socioeconómicos vigentes y valores ecológicos

Una escuela crítica debe explicitar los valores que la sustentan y los socialmente asumidos ¿Cuáles son los vigentes? ¿Qué opciones podemos considerar?


 Los valores socioeconómicos vigentes, marcados por el sistema de librecambio, por lo que se suele denominar economía de libre mercado, simplifican en exceso las necesidades humanas en elementales o primarias y artificiales o secundarias. La naturaleza humana es mucho más compleja y variada. Admitir la diversidad como valor humanista implica reconocer y defender la pluralidad de necesidades, como ya expuso hace algún tiempo Jan Kotik. Entre ellas cabe distinguir las necesidades naturales (comer, respirar, vestir, etc.), las sociales (todas las relacionadas con la sociedad en la que se vive y se quiere cambiar), las familiares (afecto, respeto, etc.), de amistad (reconocimiento, estima, relación, etc.), las profesionales (educación, escuelas, talleres, etc.) y las institucionales (participación, asistencia, etc.).

La simplificación sólo beneficia al autoritarismo y se utiliza para la imposición de valores desde arriba y para el dominio. Expresa la verticalidad arbitraria de las jerarquías sociales, axiológicas y simbólicas. La alternativa consiste en ampliar la horizontalidad real de las relaciones personales y sociales, nacionales e internacionales. La intolerancia empobrecedora se contrarresta con el fomento de los valores cívicos, el respeto a la diferencia y a la pluralidad enriquecedora, con la creación de voluntad democrática. El pensamiento dogmático se combate con el pensamiento crítico. Antes de hablar y largar consignas, hay que escuchar lo que la gente dice y piensa.

La visión humanista para el siglo XXI incluye asimismo la elevación del hedonismo individualista a felicidad compartida. En su camino ascendente, la evolución cultural humana va del placer al disfrute, y de éste a la felicidad. El placer debe estar gobernado por el disfrute y el disfrute por la felicidad. Lo contrario supone un trastorno de las leyes naturales, que se traduce en infelicidad y en la ruina del disfrute y del placer mismo, como afirma el biólogo evolucionista español Faustino Cordón.

Parece que en el mundo actual se da esta subversión de valores y que para ser felices conviene recusar el hedonismo extraviado, como el que se da en el afán de poder o de posesión, en el disfrute del éxito sobre los demás, antisociales y contrarios a la naturaleza humana y a la felicidad propia y ajena. El hedonista carece de proyecto de vida, generalmente por causas ajenas a él.

Cuando el medio social carece de proyecto, como ocurre en la actualidad, la sociedad desorienta las iniciativas particulares, por ser ella la que les da sentido.

Como perturbación del normal desarrollo de la personalidad, el hedonismo se da preferentemente en personas acomodadas. El daño es mucho mayor en quienes no pueden ser dueños de su destino, por la inseguridad del mañana, por la necesidad de sobrevivir el día a día, o por la sujeción forzosa a un trabajo rutinario. Se diferencia de la felicidad porque:
1) El objetivo del hedonista es realizar una cadena discontinua (discreta) de acciones que procuren placer.
2) La procura de placer se entiende como un impulso egoista, ya que se circunscribe a sensaciones del propio cuerpo y los demás son contemplados como colaboradores o posibilitadores del propio placer, esto es, como meros instrumentos.

La felicidad no se opone al placer, ni al disfrute, sino que se edifica sobre ellos. Sobre el dolor y la necesidad no hay disfrute, ni sin disfrute hay felicidad. Es un salto del impulso momentáneo animal ante estímulos directos (del placer proporcionado por la satisfacción de la necesidad inmediata) al entusiasmo sostenido (a la pasión) ante proyectos bien concebidos que han de realizarse siempre en cooperación, proyectos en los que el ser humano se realiza en pensamiento comunicable. Así asciende del placer a la felicidad. La felicidad es el disfrute por la emancipación creciente de la necesidad, por la conquista de libertad.

Los hombres y mujeres realmente libres no pueden realizarse si no sienten que su actividad repercute favorablemente sobre la estructura de la sociedad en que viven. La felicidad radica en la posibilidad de desarrollar la vida conforme a proyecto ascendente, supraindividual, colectivo, altruista, con los objetivos de resolver los conflictos y necesidades humanos en cooperación, y de organizar la experiencia previa, el pasado humano, en pensamiento orientador de la acción futura.

La felicidad sólo puede venir de actuar conforme a la ley del propio desarrollo —en lo posible— con la percepción, sin duda placentera, de que se expande libremente la individualidad. Entendida así la naturaleza humana —como la facultad de elevar la experiencia a pensamiento orientador y como cooperación—, la felicidad de cada uno no puede consistir sino en la satisfacción de sí mismo de esa manera complementaria, en pensamiento y en cooperación solidaria. Esto es algo maravillosamente nuevo, que diferencia a las personas de los animales (carentes de proyecto).

Ante la primacía actual del valor de cambio, de la rentabilidad financiera, de la mercantilización de las cosas, la cultura, la comunicación, las ideas, y las personas, un proyecto alternativo para el siglo XXI implica el predominio del valor de uso, de utilidad social, dar prioridad a los criterios de rentabilidad social, defender y practicar siempre el principio de servicio público. Si hoy día los artistas los hacen los marchantes o las pautas marcadas por la estética oficial, se trata entonces de garantizar la libertad de creación y de expresión. Ésta excluye la libertad para crear una red, pero incluye la libertad para expresar todos los puntos de vista. Ante las limitaciones que supone la progresiva privatización de la información y de la comunicación, se trata de defender y ampliar la propiedad social del conocimiento, el acceso de todos al pensamiento máximo y a la posesión de sus logros, el disfrute universal de los placeres estéticos, etc.

El economicismo depredador de finales del siglo XX ha conducido a la contaminación de la naturaleza, del tiempo y del espacio, y también de las mentes por la publicidad omnipresente y mediadora de todas las relaciones sociales. En virtud de la mundialización, el vaciado del tiempo y del espacio crea la idea de que los seres humanos viven en un solo mundo, de que forman parte de una sola comunidad, de que el “nosotros” es más importante que el “yo”. La consecuencia de esta línea de pensamiento es la reevaluación de la naturaleza, la conciencia ecológica, que defiende y practica los valores ecológicos, no sólo en el tiempo y en el espacio, sino también en la cultura y en la mente. Este tipo de pensamiento, de proyección inmediata, sostiene:
a) Que los seres humanos no son superiores a los demás elementos de la naturaleza;
b) Que tienen una responsabilidad especial para asegurar la propia supervivencia y la de las otras especies;
c) Que existe y debiera existir una larga relación histórica entre seres humanos y naturaleza; y
d) Que el desarrollo de esta relación sólo pueden juzgarlo las generaciones futuras.
La tarea estriba en hacer que el futuro sea diferente del pasado, y no en reafirmarlo.


Extraído de
La Intoxicación Lingüística
El uso perverso de la lengua
Vicente Romano
Colección TILDE


miércoles, 8 de junio de 2016

LA IMPORTANCIA DE IMPULSAR LA EDUCACIÓN PARA UNA CIUDADANÍA GLOBAL EN NUESTRAS ESCUELAS

La Educación para una Ciudadanía Global va más allá del estudio de algunos contenidos concretos enmarcados en una asignatura menor dentro del inmenso currículum de la educación obligatoria; e incluso de “incursiones” ocasionales de actores extraescolares que introducen itinerarios de sensibilización en espacios no propiamente curriculares. Es una opción educativa que, a partir de la pregunta de para qué educar, intenta elaborar una propuesta coherente sobre cómo educar.

Como dice el Informe Delors en su inicio, frente a los numerosos desafíos que plantea nuestra época, “la educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social, y una vía al servicio de un desarrollo humano y armonioso, que podrá contribuir al retroceso de la pobreza, las incomprensiones, la injusticia, las desigualdades, la opresión y la guerra”.
Por eso hace falta cambiar la visión instrumental de la educación y reconsiderar su función globalmente: la realización de una persona que toda entera tiene que aprender a ser, pensar, sentir y actuar. La educación tiene que recuperar la dimensión humanizadora e integral, dando un sentido a nuestras vidas, a nuestras acciones, a nuestras relaciones, y asumiendo como tarea central la construcción de un mundo más justo y sostenible.
Estamos a favor de una educación que promueva una comprensión amplia de sí mismo y del mundo, proporcionándole elementos para que pueda contribuir a una sociedad justa, que se interrogue sobre las causas estructurales de la pobreza y la exclusión y pueda, en consecuencia, atajarlas, y concebimos la escuela como un actor social relevante en este proceso.
Para conseguir este objetivo es necesario cambiar, avanzando hacia una práctica crítica basada en el diálogo, haciendo hincapié en la metodología, generando relaciones más dialógicas y participativas, espacios de aprendizaje a escala humana en los que niños, niñas y jóvenes sean conocidos y apreciados como individuos, flexibilizando los tiempos y espacios de la escuela y estableciendo unas relaciones más democráticas en los roles de profesores y alumnos, que les faciliten asumir el papel de sujetos de los procesos educativos.
En resumen, se trata de transformar la escuela en un espacio de intercambio, reflexión, socialización y elaboración de proyectos, que promueva el conocimiento como construcción colectiva (que valore los saberes y las experiencias de todos los actores de la comunidad educativa), y no como mero esfuerzo individual. Se trata de cambiar la escuela para que tanto el currículum escolar como la institución misma se transformen en una comunidad de comunicación y participación que integre a estudiantes, profesores y profesoras, familias, gobiernos locales, territorios, comunidad y ONG. Se trata de cambiar la escuela para que, respecto a los desafíos de nuestra contemporaneidad, sea parte de la solución y no del problema.
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El documento completo La Educación para una ciudadanía global en la escuela de hoy se puede consultar o descargar en:http://www.oxfamintermon.org/sites/default/files/documentos/files/091224_posicionamiento_es.pdf
Fuente: http://mx.unoi.com/2016/05/17/la-importancia-de-impulsar-la-educacion-para-una-ciudadania-global-en-nuestras-escuelas/
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