miércoles, 1 de noviembre de 2017

COHERENCIA en P Freire

En la (re) lectura de las obras de Paulo Freire salta a la vista una primera constatación: ellas no presentan contradicciones. Desde los primeros escritos, Paulo Freire trabaja sobre temas recurrentes, explicando, reviendo, complementando, ampliando. Es un camino en espiral, todo el tiempo coherente.

De inicio se identifica la liberación como categoría fundamental de su concepción de educación, presente ya en los primeros escritos y claramente asumida a partir de Pedagogia do oprimido. Esta categoría proviene del humanismo cristiano, de raíces europeas, sobretodo francesas, reelaborada en Brasil en la segunda mitad de los años 1950 e inicio de los años 1960.
Paulo Freire fue el educador que en aquellos años, sistematizó de mejor manera lo esencial de las propuestas educativas de entonces, como un sistema de educación de adultos, probado en su primera fase como alfabetización, de la cual Educação como prática da liberdade es el fundamento del relato.
Esa propuesta es profundizada teóricamente en Chile, en el diálogo enriquecedor que mantuvo con aliados destacados, brasileños exiliados y chilenos comprometidos con que se hagan reformas radicales en su país durante el gobierno de Allende.
Esa oportunidad y esos contactos le permitieron sumergirse en la literatura marxista, cuyo producto es Pedagogia do oprimido. Pero no sólo eso: Extensão ou comunicação amplía enormemente el abordaje de la educación como un hecho cultural, y los escritos reunidos en Ação cultural para a liberdade explican conceptos fundamentales, esclarecen afirmaciones, reafirman las principales categorías de análisis.
La (re) lectura de esas obras nos muestra cómo Paulo Freire va ampliando la primera noción, aún abstracta, de persona humana para el concepto de oprimido, situándolo y colocándole fechas, e incorporando progresivamente la categoría clase social. Más tarde, incluso debido a la aceptación de críticas realizadas a él, incorporó también las nociones de etnia y género, ampliando cada vez más la amplitud de esos mismos conceptos.
El motor de la explicitación de los fundamentos de la obra de Paulo Freire es la práctica desarrollada y reflexionada por él. Se trata de la categoría praxis, o sea el movimiento acción-reflexión. Resulta significativo que, desde las primeras experiencias como educador, aún en el SESI16 de Pernambuco, Paulo Freire pensara la educación de jóvenes y adultos a partir de los problemas, en la crítica de una sociedad injusta y a un sistema económico-social excluyente. De ahí la valorización del “saber hecho de la experiencia” para, reflexionando sobre él, criticándolo, ampliándolo, entender la realidad para transformarla.
En toda la obra de Paulo Freire está presente también la categoría esperanza: el hombre puede cambiar el mundo; el hombre hace la historia. Es limitado, se lo hace contingente por las condiciones concretas de la realidad, pero no es determinado por ellas. Con su inteligencia y con su acción puede y debe cambiar el mundo. A su vez la educación es, o debe ser, instrumento de esa acción, en la medida que posibilita al hombre tomar consciencia de la realidad en que vive. En consecuencia, actuar para transformarla, para la construcción de una sociedad justa y fraterna. De ahí se deriva la categoría concientización, utilizada por Paulo Freire y por los participantes de la mayoría de los movimientos de cultura y educación popular del inicio de los años 1960.
Pero la educación no se restringe a la enseñanza escolar, mucho menos al entrenamiento profesional. Se trata de la formación del hombre, considerado como ser inacabado, en permanente proceso de auto formación. En ese proceso es fundamental partir de la cultura, entendida como un conjunto de significaciones y representaciones de un modo de vivir, confrontado con otras formas de vivir.
En los años 1960, el “descubrimiento” de la cultura y de la cultura popular fundaron todas las experiencias realizadas. Le cupo a Paulo Freire y a su equipo en el Servicio de Extensión Cultural de la entonces Universidad de Recife, en base al concepto antropológico de cultura, crear las famosas “fichas de cultura”, que inauguraron el sistema de alfabetización de adultos, en el caso brasileño, y en el sistema psicosocial, en el caso chileno.
A partir de esa sistematización, Paulo Freire elaboró, aún en el inicio de los mismos años 1960, una nueva concepción de educación de adultos, con amplia aceptación de la mayoría de los movimientos de educación y cultura popular, y lanzó las bases para una nueva concepción general de educación. Otra categoría fundamental en la pedagogía freiriana, desde la experiencia de los “círculos de cultura” adoptados en el sistema de alfabetización de adultos, 16 N. de la T. SESI: Servicio Social de la Industria. Es una entidad privada mantenida y administrada por la industria. Fue creada para promover la calidad de vida de los empleados y sus dependientes. Sus actividades incluyen dar servicios en el área de educación, salud, recreación, cultura y promoción de la ciudadanía. Está presente en 26 estados de Brasil, más el Distrito Federal. 96 presente en toda acción cultural y educativa es el diálogo: nadie educa a nadie; los hombres (y las mujeres, dirá Paulo Freire después) se educan en una relación dialógica de saberes y de afectos. El diálogo viabiliza metodológicamente el movimiento de la praxis: a partir de lo vivido y de lo sabido, discutirlos, criticarlos, ampliarlos, no solo para cambiar la visión del mundo, sino para transformarlo.
A partir de esas categorías fundamentales, se recoloca la función política de la educación, así como la competencia técnica y el compromiso político del educador, cuya acción debe ser fundamentalmente ética, en el respeto al educando, que es también educador, y en la coherencia de su acción. Esos elementos definen una nueva pedagogía, la pedagogía de Paulo Freire; o como dice Agostinho Reis Monteiro, una pedagogía como concepción general de educación.
El fundamento antropológico de su pedagogía es el ser humano como ser inacabado y de comunicación, y su vocación para ser más. Por eso, el amor y la esperanza son una necesidad ontológica. Pero la historia es una posibilidad que se realiza en un escenario de politicidad, donde es imposible la neutralidad. En consecuencia, la educación es fundamentalmente una cuestión y una forma de poder, cuya legitimidad debe ser problematizada. De ahí la centralidad de la eticidad de la educación.
En síntesis, la pedagogía de Paulo Freire es revolucionaria; es un rescate del sentido de la utopía. Es exactamente su dimensión ética que le confiere intensa actualidad e importancia distinguida. En términos radicales, como dice el mismo Agostinho Reis Monteiro, es una pedagogía del derecho a la educación. Por eso la permanencia de su obra y de su pensamiento; por eso la actualidad de su pedagogía.


Por Osmar Fávero
Extraído de
DICCIONARIO Paulo Freire

Danilo R. Streck, Euclides Redin, Jaime José Zitkoski (Orgs.)

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