domingo, 13 de enero de 2019

“Conflicto”, en la obra de P Freire

En los actuales tiempos el mundo aparenta no poseer más fronteras, pues todos vivimos en una efervescencia multicultural sin precedentes en la historia de la humanidad. La convivencia con la diversidad, con lo nuevo, con lo diferente parece ser uno de los grandes desafíos de las próximas generaciones. En este mundo tecnológico de la modernidad, las fronteras entre los pueblos se vuelven prácticamente inexistentes por la posibilidad real de comunicación e interacción entre ellos.


 Con todo ello ocurriendo tan rápidamente, también creció de forma significativa la posibilidad de que las confrontaciones, los conflictos, lleguen más rápidamente a las personas y provoquen debates sobre las diferencias. En las obras de Paulo Freire la “acción dialógica” crea la posibilidad de que comunidades diferentes, que hablan lenguas diferentes y que poseen religión, costumbres y etnias diferentes, se conozcan y promuevan la desconstrucción y construcción de nuevos saberes, sin que necesariamente se subyugue una a otra.

En las sociedades actuales los hombres y las mujeres no acogen las diferencias, no consiguen equilibrar sus puntos de vista ya que éstos están de acuerdo con la lógica impuesta por el neoliberalismo. El verdadero caos, el principio del desorden en la sociedad moderna, es la falta de comprensión y respeto a lo diferente. Es necesario que busquemos la tolerancia. La tolerancia tiene una significación de aquello que es tolerable para cada sujeto histórico. Freire no niega que en esa dinámica de la acción dialógica con lo diferente, en la tentativa de comprender al otro, puedan venir a aparecer conflictos, contradicciones y tensiones.

Él reconoce que en la construcción colectiva de una “relación dialógica” entre las diferentes culturas, no se consigue eliminar esas tensiones que se encuentran tan presentes en las relaciones humanas. Esas tensiones son de naturaleza divergente, surgen de acuerdo a la forma como se enfrentan los conflictos; de esa manera, encontrando el “inacabamiento del hombre”, 

Freire nos explica:
La tensión se expone por ser diferentes, en las relaciones democráticas en las que se promueven. Es la tensión de la cual no se puede huir por encontrarse construyendo, creando, produciendo a cada paso, la propia multiculturalidad que nunca estará lista y terminada. Por lo tanto, la tensión en este caso es la del inacabamiento que se asume como razón de ser de la propia búsqueda y de conflictos no antagónicos y no la creada por el miedo, por la prepotencia, por el “cansancio existencial”, por la “anestesia histórica” o por la venganza que explota, por la desesperación frente a la injusticia que parece perpetuarse. (FREIRE, 1992, p. 156).

En una perspectiva liberadora, la que pretende Freire, una educación que no se da en la esfera de los contactos, va a exigir que los hombres reflexionen en la dirección de lo que denominó tipo de consciencia transitiva crítica, definida por él en los siguientes términos: “Una consciencia que resalta la “educación dialogal y activa, dirigida a la responsabilidad social y política, caracterizada por la profundidad en la interpretación de los problemas” (FREIRE, 1967, p. 61). 

En ese sentido, la connotación de la criticidad nos coloca frente a la reflexión sobre la necesidad política, cultural y social de hacer surgir actitudes contrarias a la discriminación de cualquier naturaleza, comportándose como hombres radicales que optan crítica y amorosamente, sin imponer su opción, sino dispuestos a construir lo nuevo, juntos. Hombres críticos que dialogan sobre la diversidad de opciones. Sin embargo, es apenas en la esfera de la conciencia transitiva crítica que los hombres y mujeres consiguen actuar con autenticidad, amorosidad y ejercitan la práctica del diálogo:

La transitividad crítica por otro lado, a la que llegaríamos con una educación dialogal y activa, dirigida a la responsabilidad social y política, se caracteriza por la profundidad en la interpretación de los problemas. Por la substitución de explicaciones mágicas por principios causales. Por buscar testar los “descubrimientos” y disponerse siempre a revisiones. Por desvestirse al máximo de prejuicios en el análisis de los problemas y en su aprehensión, esforzarse por evitar deformaciones. Por negar la transferencia de responsabilidad. Por la negativa a asumir posiciones pasivas. Por la seguridad en la argumentación. Por la práctica del diálogo y no de la polémica. (FREIRE, 1967, p. 61)
En este contexto la acción dialógica es actitud del educador que se contrapone a la domesticación/cosificación y que se hace a través de la educación entre hombres que, asumiendo su condición crítica, trascienden. Así, dialogar es la actitud que se define y delimita en cada educador en la relación entre el hombre y el mundo, el hombre con otros hombres. Exige autenticidad al pronunciar la palabra. 

El hombre como ser de relaciones es lanzado a la tarea de crear y recrear su contexto histórico. Tal tarea presenta al diálogo como uno de los elementos significativos de realización. Todo el esfuerzo de los sujetos de la educación, por el diálogo, por solidarizarse con el reflexionar y el actuar de cada uno en el cotidiano escolar, los direcciona al mundo a ser trasformado y humanizado por la praxis colectiva. El conflicto en las obras de Freire es fundamental para el ejercicio del diálogo, para la construcción del conocimiento que proviene de la creación, recreación de los hombres y mujeres, para la reflexión sobre temas generadores y contenidos programáticos en el contexto de la educación liberadora, para la concientización del proceso dialéctico de las acciones políticas y pedagógicas. 

Para él, el papel de cada educador y gestor de la educación “no es hablar al pueblo sobre su visión del mundo o intentar imponerle, es dialogar con él sobre su visión y sobre la de ellos”. En ese sentido, continúa su reflexión afirmando sobre la necesidad de que estemos convencidos de que su visión del mundo, que se manifiesta en las diversas formas de su acción, refleja su situación en el mundo en el que se constituye. Con eso, nos remite a la comprensión de que las actitudes del profesor, gestor, padres y alumnos estén integradas en un contexto común de construcción colectiva de aprendizaje. A través del diálogo, todos comparten nociones de hombre, sociedad y de mundo. Toman conciencia del mundo, de sí y de los otros, en diálogo.




Por: Moacir de Góes
Extraído de
DICCIONARIO Paulo Freire
Danilo R. Streck, Euclides Redin, Jaime José Zitkoski (Orgs.)



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