domingo, 29 de marzo de 2020

El coronavirus no es igual para todos


  • ¿Qué haremos cuando se vuelva a la normalidad? Deberemos tener en cuenta las grandes diferencias de cómo habrán vivido estas semanas nuestro alumnado. Cada niño o niña, cada chico o chica, llevará una experiencia diferente. Llevará en su mochila vivencias únicas. Tendremos que hablar de ello.
Tenemos los centros escolares cerrados y nos dicen que no podemos salir de casa a pasear con los niños, pero podemos ir a trabajar utilizando el transporte público y encontrarnos con muchas personas a la vez. ¿Es una medida eficaz? ¿Por qué no se hace como en Corea del Sur, donde no hay confinamiento pero se hacen las pruebas a todo el mundo? Cada persona que va a trabajar pone en riesgo toda su familia, toda la gente con la que convive. No sé si es la mejor medida para evitar el colapso de los centros sanitarios. Parece que no se atreven a poner en cuestión las ganancias de los empresarios: a los trabajadores les toca sufrir todas las consecuencias. Esperaríamos medidas más favorables a la mayoría de la población que ve peligrar su puesto de trabajo y debe seguir pagando alquileres, hipotecas, agua, luz, gas…

Quisiera comentar lo que nos toca más de cerca a los docentes. Ante el confinamiento en casa, muchos educadores están escribiendo e ideando alternativas para las familias que deben estar con los hijos e hijas sin poder salir durante, al menos, quince días. Son alternativas interesantes y útiles. ¿Para todo el mundo? ¿O sólo para las clases medias de nuestra sociedad?

Recordando mis años de trabajo en escuelas e institutos, no puedo olvidar aquellas familias que viven en viviendas de 40 metros cuadrados, en pisos donde conviven dos o más familias juntas, en aquellas madres solas con criaturas que están realquiladas en una habitación, con quien no tiene techo donde cobijarse, quien vive en una barraca… ¿Cómo pueden cumplir de manera saludable el periodo de confinamiento? Todo este abanico de situaciones reales abarca una parte muy grande de la población. Las clases sociales siempre están presentes.

Sigo pensando: se producen episodios de acaparamiento de productos, son efectos colaterales del confinamiento. Hay colas en los súper, peleas, nervios, discusiones… Hay miedos, desconfianza en las instituciones, en una parte importante de las personas que nos gobiernan, en una clase dirigente que, ante todo, defiende sus intereses económicos, ya que no importa la situación ni la salud de los más débiles.

El confinamiento en las condiciones que he expuesto provoca más agresividad, más nervios, discusiones intrafamiliares que se transmiten al exterior. Los adultos pueden tener sentimientos de culpa si han dejado, casi por fuerza, salir a sus hijos ante la imposibilidad de contenerlos o contenerse entre todos los miembros del grupo familiar. Se pueden sentir culpables de no proteger debidamente sus niños.

Las pérdidas de horas de clase no son preocupantes para los aprendizajes en la enseñanza obligatoria, pero también hay aquí las diferencias de clase social. Familias que pueden ayudar o animar a seguir leyendo, trabajando, investigando… y familias que no tienen ni las capacidades ni los recursos para hacerlo. La desigualdad social mantiene y aumenta las desigualdades de acceso a los aprendizajes. No todo el mundo tiene acceso adecuado a las tecnologías digitales.

¿Qué haremos cuando se vuelva a la normalidad? Diría que debemos tener en cuenta las grandes diferencias de cómo habrán vivido estas semanas (serán más de dos) nuestro alumnado. Cada niño o niña, cada chico o chica llevará una experiencia diferente. Llevará en su mochila vivencias agradables o desagradables, volverá contento porque habrá terminado el confinamiento (esto la inmensa mayoría), pero se notarán diferencias en su estado anímico.

Habrán sufrido más unos que otros. Habrán pasado más miedos, más angustias, más incertidumbres… según la realidad social de sus familias, según el tipo de vivienda donde han sido cerrados, según la alimentación que habrán podido alcanzar, según las incertidumbres de los adultos de su hogar (pérdida del trabajo, de ingresos regulares, miedo a desahucio…). La salud mental de todos se resentirá y la de los más vulnerables aún más.

También habrán podido descubrir la capacidad de solidaridad que tenemos las personas viendo las actitudes de ayuda mutua que se dan, viendo las iniciativas para mejorar la convivencia a pesar de las condiciones desfavorables. Quizás podremos comentar que ha disminuido la contaminación, que hemos sido menos competitivos, que no necesitamos tenerlo todo para vivir, que no siempre impera la ley de la selva entre las personas humanas, que hemos hecho frente a los miedos …

Todo esto lo provoca la llamada pandemia del coronavirus. Su repercusión es más grave que la estrictamente sanitaria o epidemiológica. Si la gripe española (se llamó así a pesar de tener poca incidencia en España) mató millones de personas, no fue por la agresividad del virus, fue por las condiciones de vida de aquellos años de la gran guerra europea.

La crisis que vivimos también traerá consecuencias. Quizás conseguirán que tengamos miedo al virus nuevo y desconocido. El miedo sirve a los poderosos por muchas cosas, porque no pensamos por nosotros mismos, porque vemos a los vecinos, a las otras personas, como enemigas, para buscar soluciones o alternativas milagrosas, incluso esotéricas. Nos hace perder confianza en nosotros mismos y con las personas cercanas, nos hace más dependientes y con menos capacidad de resiliencia.

La situación económica se resentirá: los pobres serán más pobres y los ricos aumentarán sus ganancias como en la crisis de 2008. El estado de alarma está alarmando de manera innecesaria a la población. Pero como hemos escrito más arriba podemos hacer frente al miedo con la solidaridad.
De todo ello tendremos que hablar con nuestro alumnado cuando lo reencontramos en las aulas. De todo ello podemos reflexionar desde casa mientras nos mantengan cerrados.


Fuente
por 
Joan M. Girona


jueves, 26 de marzo de 2020

«Esta crisis nos puede traer más conciencia de comunidad y menos individualismo»



  • La socióloga Marina Subirats atribuyó a una ‘utopía disponible’ el gran aumento del apoyo al independentismo que se ha vivido en Catalunya los últimos años. No ve, sin embargo, ninguna ‘utopía disponible’ a la que pueda recurrir la ciudadanía ante el shock social que está causando la epidemia de este coronavirus

¿Qué repercusión tendrá la pandemia del Covid-19 en nuestra sociedad, tanto en cuanto a mentalidad individual como colectiva? Queremos analizar su impacto a través de la opinión de analistas con reflexiones interesantes a aportar.

La socióloga Marina Subirats atribuyó a una ‘utopía disponible’ el gran aumento del apoyo al independentismo que se ha vivido en Catalunya los últimos años. No ve, sin embargo, ninguna ‘utopía disponible’ a la que pueda recurrir la ciudadanía ante el shock social que está causando la epidemia de este coronavirus.

Estamos ante una situación inédita para las generaciones recientes. Millones de afectados, miles de muertes por un virus que desde China se extendió a todo el mundo. Los gobernantes imponen a la ciudadanía que se quede en casa y sólo salga en ocasiones excepcionales e imprescindibles. No nos lo habían dicho nunca. ¿Están nuestras sociedades preparadas para digerir esta situación?
Si hablamos desde el punto de vista sanitario, se ha demostrado que no. No era previsible que esto tomara esta dimensión. Es normal que no estuviera a punto. No había modo de responder muy rápidamente. Uno de los problemas más graves es que faltan mascarillas, guantes…, que parecen cosas relativamente baratas y sencillas. Sanitariamente estábamos seguramente más preparados que otros muchos países pero no lo suficiente.
Si hablamos desde el punto de vista personal, la mayoría de la gente está respondiendo bien. Se demuestra que hay un nivel de civismo relativamente elevado y que ante una pandemia, una situación que tensa mucho todo el sistema y que es angustiosa, la mayoría de la gente está respondiendo con civismo. Es cierto que nos encontramos con personas que no reaccionan así y que cuesta entender porqué se comportan así. Este es un problema diferente, que no afecta a los otros, los forasteros, los pobres, los jóvenes… Nos afecta a todos. Desentenderse es absurdo.
Políticamente, la respuesta que está dando España y su gobierno está a buen nivel. No soy médico y no puedo opinar de los aspectos técnicos de cómo se está atendiendo la sanidad pero viendo cómo está respondiendo el gobierno, dando la cara, preocupado… Si lo comparamos con Estados Unidos, da la impresión de que aquí los poderes públicos han respondido mejor.

Cuando esta pesadilla pase ¿todo volverá a ser igual que antes o prevé cambios en la mentalidad individual y colectiva?
De una manera inmediata todo seguirá igual. La globalización se ha desarrollado a ritmos diferentes dependiendo de los ámbitos. Se ha desarrollado muy rápidamente en la economía. No se ha dado en la política, o mucho más lentamente. Y culturalmente no sólo no se ha dado sino que ha generado un repliegue nacionalista o localista. En muchos casos, vemos expresiones de extrema derecha que van en esta línea.
La gente tiene miedo de perder identidad y la extrema derecha lo aprovecha. Se puede producir un inicio de cambio cultural en el sentido de que la gente entienda que esto nos afecta a todos, que lo que ocurre en un lugar tiene importancia global. Tenemos el fenómeno del calentamiento global que ya estaba produciendo esta sensación. La reacción ante la pandemia va en este mismo sentido. La gente se va dando cuenta de que la deforestación de Brasil también nos afecta aquí. Se empuja así una conciencia global que estaba muy retrasada respecto a la economía y se necesita porque, si no, hay un desequilibrio enorme.

¿Es previsible que la globalización que hemos vivido los últimos años encalle o retroceda por miedo a nuevas pandemias como esta? ¿Veremos una globalización diferente?
Cuando vemos que ya no hay invierno, que llueve de una manera diferente, esto difunde la idea de que la Humanidad está haciendo algo mal respecto a la naturaleza. Con esta pandemia, lo mismo. Vemos las guerras pero decimos que suceden lejos. Veíamos el virus Ébola pero decíamos que pasaba en África, donde son muy pobres y viven muy mal. Cuando esto toca al centro del mundo occidental, Estados Unidos, Europa, vemos que lo que pasa en China nos afecta plenamente. El mundo se ha hecho muy pequeño, todos participamos de todo y un problema generado en un lugar repercute en otros lejanos. Esto nos llevará a esta conciencia global que hasta ahora no se ve.

Hablamos mucho de globalización pero los afectados y los muertos nos impresionan más cuanto más cerca los tenemos. Los países actuales, las fronteras vigentes ¿siguen siendo la forma más acertada de organizar las comunidades humanas?
Cambiarán, pero no al día siguiente. La tendencia será ir hacia poderes supranacionales y a la vez poderes locales. Las fronteras que hemos conocido, que nos parecían inamovibles -España, Francia, Italia, etc.-, se irán diluyendo e irán apareciendo las de tipo Unión Europea por un lado y las de poderes locales, por otro, una descentralización, sea a escala de países, como Catalunya, o a nivel municipal. Las grandes ciudades están tomando una personalidad propia en el mundo. Iremos hacia un nivel más grande y uno más pequeño y el intermedio tenderá a diluirse. No se puede decir ni cuándo ni cómo porque hay muchos intereses en mantenerlo todo tal como está.

En la crisis de 2008 se llegó a decir que había que cambiar el sistema capitalista que la había gestado. No se ha hecho. ¿Esta nueva crisis la digerirá también el capitalismo sin problemas?
Esta crisis no cambiará el capitalismo. El capitalismo está en una etapa muy tóxica y muy negativa para la Humanidad. Crece la conciencia de que está en la base de los desastres que vemos (no en el caso del coronavirus, probablemente, pero sí en el ecológico y la desigualdad). Al mismo tiempo, no tenemos recambio y eso impide que desaparezca o que vaya extinguiéndose. Nos hemos quedado sin recambio. Durante una época había el equilibrio del terror. Los que querían huir del capitalismo iban al socialismo y al revés. Había una ‘utopía disponible’. Ahora tenemos utopías pero disponibles, no. Son utopías que alguien inventa pero no suficientes para que la gente crea que son posibles. Si tienes un vestido viejo y no tienes ninguno nuevo no te lo quitarás, aunque esté roto o hecho un asco. Esto es lo que está pasando con el capitalismo. Seguramente pasará mucho tiempo hasta que tengamos una manera de organizarnos diferente no sólo con ideas sino con un funcionamiento al que la gente se vaya adhiriendo. El capitalismo no desaparecerá de forma inmediata. Otra cosa es que cada vez hay más gente que piensa en su recambio.

Después de un derrumbe de estas proporciones, ¿tambaleará nuestro sistema de valores? ¿Cambiarán nuestras prioridades sobre lo que es importante en la vida y lo que no?
En general, no. La gente no vive demasiado bien quedarse en casa con la familia. Necesitamos rutinas y mucha gente está deseando volver a las rutinas. No sientes decir que la gente está contenta de poder estar con los hijos. Más bien, se quejan. Por lo tanto, cuando esto acabe, los niños volverán contentos a la escuela y los padres y las madres volverán contentos al trabajo y lo recordarán como algo que nos pasó una vez. No nos hará cambiar en cuanto a vida personal. Al día siguiente no haremos cosas diferentes de las que hemos hecho siempre. Lo que sí es cierto es que cada vez hay más conciencia de que podemos acabar con la vida sobre la Tierra.

La solidaridad entre personas y comunidades, la fraternidad humana y territorial ¿saldrá fortalecida o debilitada de este episodio?
Seguramente se establecerá una solidaridad mayor a nivel más local. Las salidas al balcón a las ocho de la tarde para aplaudir a los sanitarios o a golpear cacerolas contra el Rey, la gente que se ocupa de los vecinos que están solos y les llevan comida…, esto puede ayudar a romper las barreras psíquicas. Ahora casi no preguntábamos por la vida de nuestros vecinos. El nivel de solidaridad de la comunidad, de la escalera, de la calle, aumentará. Las personas hablarán más entre ellas a partir de ahora. Al menos, durante un tiempo. A nivel global, no. China está dando una lección. Ha pasado su enfermedad y trata de ayudar a los demás, les lleva material, técnicos… En Europa, solidaridad poca, y la Unión Europea tampoco ayuda a que se establezca esta solidaridad.

Que la dureza con que la dictadura china respondió al estallido de la epidemia se haya mostrado eficaz para contenerla ¿hará que la gente pierda confianza en los sistemas democráticos para hacer frente a emergencias como la que estamos viviendo?
No. Nadie quiere volver atrás y perder libertades. Se ha estimulado mucho el individualismo en el mundo occidental. Creemos que tenemos derecho a todo. Los derechos conllevan deberes y de los deberes no se habla nunca. En China han tenido durante mucho tiempo pocos derechos y muchos deberes. Es una población muy disciplinada. El tamaño de esta población es tal que o son disciplinados o no saldrían adelante. Hace falta que vayamos adquiriendo la idea de globalidad, que adoptemos otra actitud, pero eso no quiere decir que queramos una dictadura sino que pasemos del individualismo a una idea más comunitaria. Con una decisión voluntaria más que impuesta.

¿La dicotomía público/privado se reordenará después de esta experiencia? Ha quedado claro que la vida de las personas depende de la sanidad pública
Espero que sí. La privatización de la sanidad en Madrid y los recortes en Catalunya estamos viendo el desastre que significan. Menos mal que tenemos muy buena gente y muy dedicada en el mundo sanitario. La gente no está fallando. Está fallando la infraestructura. Esto tendrá un impacto político. Pedro Sánchez, en su discurso en el Congreso medio vacío, volvió a nombrar elementos socialdemócratas. Habló de reforzar la socialdemocracia, cuando había quedado arrinconada durante los últimos años. Se ha ido desmontando el estado del bienestar, atacándolo, poniéndolo en duda, poniendo en duda las pensiones… Es muy posible que la idea socialdemócrata vuelva a aparecer y sea una apuesta importante con el apoyo de la gente. La idea de que puedes ser un individuo que va por su cuenta y hace lo que le da la gana se aguanta pensando que todo funciona muy bien y que si hay algún problema alguien lo resolverá. Cuando vemos que esto no es así, que el sistema tiene debilidades, debemos preocuparnos más para que funcione. Quizás habrá una cierta retirada del individualismo y una exigencia mayor por reforzar lo público y las políticas socialdemócratas.

Las distancias entre personas acomodadas y vulnerables, entre países ricos y empobrecidos ¿aumentarán después de este episodio?
Esta dinámica viene del capitalismo. Mientras al capitalismo no le encontramos un sustituto no lo cambiaremos. Necesitamos una izquierda que dé otro tipo de mensajes y plantee otros escenarios. Entonces, tal vez la gente la apoyará y se podrá pasar a otro nivel. Mientras no sea así hay unos grupos poderosos que tienen las palancas del capital. ¿De qué se ha hablado estos días? De los aspectos médicos y de los económicos. Nadie ha hablado del miedo a que nos quedemos sin suficiente población o de otros problemas posibles. La pérdida de clases por parte de los niños y de los estudiantes se ve como un problema secundario. La gran preocupación es la economía. Sigue mandando la economía y está en manos de esta clase corporativa. A corto plazo no cambiará.

¿Necesitamos más que nunca unas Naciones Unidas potentes que tengan un peso determinante en las decisiones que afectan al conjunto de la Humanidad, como las relacionadas con el control y lucha contra esta pandemia o es una aspiración inútil, utópica? La Organización Mundial de la Salud ha declarado la pandemia pero las decisiones para combatirla parecen ser cosa de cada Estado por su cuenta
Las Naciones Unidas están en manos de estos grupos financieros. Nunca es directamente pero están sometidas a los grupos dominantes y, además, de manera creciente. Yo he ido observando los temas de feminismo y mujeres porque tuve relación con Naciones Unidas hace 25 años por esta cuestión y ha ido a peor. Lo que se hizo de feminismo en Naciones Unidas entre 1975 y 1995 hoy no se puede hacer por cambios en el punto de vista político. Naciones Unidas no es independiente, como tampoco lo es la Unión Europea. ¿Quién manda allí? ¿Quién tiene la fuerza para imponer unas directrices? Hay gente que pide una autoridad mundial. Para mí, no. La autoridad más mundial que tenemos en estos momentos puede ser el presidente de Estados Unidos y ya vemos qué tipo de desastre es. Con una autoridad mundial las imposiciones y las desigualdades probablemente crecerían. Mientras no haya una democratización real de la población y más criterios políticos, reforzar los grandes organismos es correr el riesgo de empeorar.
Lo mismo ocurre con la Unión Europea, que, en este momento, podría haber dado un salto adelante y en cambio se está deslegitimando ante la población. Al final, ha aprobado unos pequeños cambios económicos pero la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha sido decepcionante. Estas grandes organizaciones dependen mucho de en qué manos están y mientras estén en las de los gerentes del capitalismo no podemos esperar que se pongan al frente de mejoras para todos.

No hay ‘utopías disponibles’…
Utopías hay, pero disponibles, no. Hablé de ‘utopía disponible’ al hablar de la independencia de Catalunya. De alguna manera, este tema ha estado inscrito en la historia catalana desde la Renaixença. Es una idea subyacente, que aparece en muchos momentos y en los últimos tiempos se había hecho más visible. Cuando baja el impulso de la izquierda como utopía, en el caso de Catalunya surge esta otra. Que estaba disponible significa que estaba en la mente de mucha gente y que se vendió como si fuera rápidamente posible. No tenemos una utopía disponible de recambio del sistema económico y del capitalismo. La gente lo vive con angustia. Pedro Sánchez dijo el otro día que tenemos que revisar todo el sistema sanitario. Ya sería mucho si, a partir de ahí, sale reforzado el sistema sanitario y se crea esta conciencia de comunidad más elevada. Por otro lado, no tenemos unos objetivos colectivos entusiasmantes que puedan hacer que todo esto desemboque en una mejora.

¿2020 será un año muy importante en la historia de la Humanidad a raíz de esta pandemia?
No creo. Todo va tan deprisa que una cosa borra otra. En 1918 fue lo que se llamó ‘gripe española’ (que parece que de española no tenía mucho), murió muchísima gente y alguna vez se hace referencia a ella pero ese año se recuerda más por el fin de la Guerra Mundial. Cuando se derrumbaron las Torres Gemelas en Nueva York pareció que sería la fecha del siglo, que todo el mundo lo recordaría siempre pero el paso del tiempo no lo ha confirmado.
Personalmente, recordaremos estos días diferentes, en los que hemos roto las rutinas. Los niños y niñas recordarán aquellos días que estaban en casa y tenían a los padres a su disposición. Cuando salgamos de esto habrá las elecciones catalanas, cambiaremos de tema y volveremos a los temas de siempre. Y luego habrá otra cosa. Y así sucesivamente. A menos que esta pandemia sólo sea un primer episodio y se vaya repitiendo. Entonces sí marcaría mucho. Si ahora pasa y en dos o tres meses se liquida, dentro de un año lo recordaremos pero tampoco será muy fuerte.

¿Personalmente, qué la está impresionante más de esta crisis?
Yo hago una vida bastante de estar por casa trabajando, supongo que como toda la gente que nos dedicamos a escribir y leer. Necesitamos nuestro espacio. Se han suspendido los compromisos de viajes, conferencias, no voy al cine, no salgo a la calle… Me interesa ver cómo va reaccionando la gente. Los sociólogos no podemos hacer pruebas en los laboratorios. Si queremos estudiar la sociedad, situaciones como esta son experimentales, muy interesantes.


por 
Siscu Baiges
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miércoles, 25 de marzo de 2020

El impacto educativo del virus también tiene clases sociales»


  • Luz Martínez Ten se considera una «optimista impenitente». Por ello ve el momento actual como una oportunidad única en distintos frentes. A corto plazo, asegura, el cierre escolar podría aumentar la brecha social del alumnado, pero cuando todo pase, la Pública saldrá fortalecida. En su opinión, el confinamiento va a servir, además, para seguir extrayendo de la tecnología todo su potencial innovador e igualitario.
Es esta una entrevista que iba a tener lugar en persona y tuvo que realizarse por teléfono. Que en principio iba a abordar, con motivo del 8-M, los temas predilectos de Luz Martínez Ten (feminismo e interculturalidad) y tuvo que ampliar el espectro para no parecer una burbuja fuera del tiempo y del espacio.
Nacida en Madrid en 1960, Martínez Ten ha consagrado su carrera al ideal de la igualdad. De derechos reales entre hombres y mujeres. De oportunidades sin importar el origen social. En el respeto a herencias culturales diversas. Caminos convergentes donde la escuela pública -ha insistido en tantos escritos e iniciativas- debe ser siempre el asfalto que permite acelerar y rodar firme.
La madrileña ocupa desde 2015 la Secretaría de Mujer y Políticas Sociales en la Federación de Empleados/as Públicos/as de UGT.

Escuchando algunas opiniones, parece que el 8-M fue el origen de todos los males, que estamos como estamos porque la gente salió ese día a la calle a manifestarse. ¿Hay machismo en esta fijación?
Para sectores de la derecha supone una justificación perfecta para atacar al movimiento feminista, sin necesidad de admitir que no creen en la igualdad.

¿Se tenían que haber cancelado las manifestaciones?
¿Y todos los actos y contactos sociales que tuvieron lugar esos días? ¿Estaba el país cerrado? Era difícil prever que en una semana el brote iba a ser tan virulento.

Sabemos que la gran desigualdad educativa se origina fuera de la escuela. ¿Va a aumentar el confinamiento la brecha entre los alumnos con mejores y peores condiciones para el aprendizaje?
Es evidente. Las situaciones en casa son muy distintas, a nivel material y cultural, la costumbre de leer, etc.Y más teniendo en cuenta que muchas de las personas a las que no les queda otra que moverse trabajan en ayuda a domicilio, en residencias, en limpieza… Sus hijos e hijas van a tener más dificultades para ser atendidos en el hogar. El impacto educativo del virus también va a tener clases sociales.

¿Cuáles deben ser las prioridades educativas?
Hemos de aprender de entornos, como el rural, donde el aislamiento ya había obligado a poner en marcha iniciativas muy enriquecedoras de educación a distancia. Y no se trata de impartir clases teóricas a través de la pantalla, sino de proponer metodologías que pongan en manos de los alumnos la capacidad de investigar, analizar, crear, generar redes de discusión. Estamos ante una oportunidad de avanzar hacia la innovación.

Algunas empresas de enseñanza online ya se han apresurado a proclamar que, con o sin coronavirus, la institución de la escuela presencial se estaba quedando obsoleta. Los autores de Clase disruptiva vislumbraban en 2010 un futuro sin aulas físicas en un periodo de 20 años.
En absoluto hay que sustituir el espacio físico por el virtual. Pero sí tenemos que enseñar a los alumnos a utilizar internet para crear sociedad, y no obviar que quienes tienen identidades físicas y virtuales miméticas. Hay que explorar las posibilidades para crear una pedagogía realmente activa desde la convivencia presencial y también desde la virtual. Pienso, además, que este es un buen momento para avanzar hacia la igualdad de oportunidades entre el alumnado con alguna discapacidad o que esté en zonas rurales.

¿Temes que cuando volvamos a la normalidad se utilicen las consecuencias económicas como coartada para recortar en educación?
Sí, mucho. Pero aquí se está produciendo un doble discurso. Por una parte, probablemente estemos en la antesala de una crisis económica, y el mercado podría aprovecharla para restar derechos en la enseñanza pública. Al mismo tiempo, se está poniendo encima de la mesa la importancia de tener administraciones públicas que cuenten con cimientos de equidad. Hay una conciencia creciente de que, sin estos servicios públicos fuertes que hemos ido construyendo entre todos, nos habríamos ido al más allá. Solo si unimos esfuerzos y cedemos al colectivo conseguimos afrontar situaciones como esta.
No deja de ser curioso que ese esfuerzo colectivo demande que permanezcamos, más que nunca, aislados, atomizados, al menos físicamente. ¿Podría ahondar esta crisis en las tendencias individualistas de las sociedad occidentales?
Soy una optimista impenitente, por naturaleza. Y por eso soy sindicalista, porque creo en lo colectivo como la mejor forma de cambiar las cosas. Lo que observo estos días es la búsqueda de los demás, que es lo que hacemos cuando salimos a los balcones a aplaudir. Ayer mismo me dejaron una nota debajo de la puerta las vecinas preguntándome si necesitaba algo. Los seres humanos tenemos esta capacidad de responder de manera solidaria en situaciones de crisis. Y se echaba de menos esto. El neoliberalismo nos ha vendido que solos podemos sobrevivir; ahora nos hemos dado cuenta de que no.

Hay también algo de paradójico en que el confinamiento personal y la búsqueda de lo colectivo se estén retroalimentando.
Y también mucho de épico, que es lo que emerge en situciones de crisis. La necesidad de creer que juntos podemos solucionarlo es lo que ayuda a salir adelante. Épico es lo que está haciendo el personal sanitario, pero también las cajeras de supermercado, quienes limpian las calles, o atienden las farmacias. En estos momentos puede salir lo peor y lo mejor de nosotros, y creo que en España, por fortuna, tenemos un germen solidario muy positivo.

Hagamos un esfuerzo por abstraernos del monotema. Volviendo a uno de tus campos predilectos, te pido un ejercicio de máxima síntesis para destacar lo mejor que se está haciendo en la amalgama de iniciativas hacia una educación no sexista.
Es muy interesante que cada vez se analice con más detenimiento por qué sigue existiendo un fuerte sesgo de género, por ejemplo, a la hora de elegir o no opciones STEM. Un fenómeno sobre el que abundan las investigaciones, muchas enfocadas a la propia estructura curricular. O por qué muchas chicas frenan sus carreras a pesar de haber sido excelentes estudiantes. También hay muy buenos ejemplos de campañas de prevención de la violencia de género desde edades tempranas, aunque aún sigan teniendo casi siempre un papel marginal, poco sistemático. Sería importante también que empezáramos a enfocar el problema desde lo positivo, enseñando a amar bien. Los chavales ya saben lo que está mal, pero la razón y la emoción no siempre coinciden. Deberíamos trabajar desde la emoción para enseñar a querer bien.

Volvemos a la dicotomía bien/mal del ser humano, y a que determinadas condiciones favorecen que emerja lo uno o lo otro.
La investigación nos dice que niñas y niños no son racistas ni sexistas ni homófobos. A partir de cierta edad, aprenden a serlo absorbiendo lo que les dice el entorno y empezando a calificar. Hay que educar en valores desde las primeras edades, y en las etapas críticas, durante la adolescencia, cuando aparece el primer amor, etc. hay que enseñar qué son los buenos tratos y a amar en positivo.

Se habla cada vez más de educar en valores, de cultivar la dimensión psicoemocional del alumno, pero al mismo tiempo parece que la educación vive una deriva utilitarista en el peor sentido, de corte economicista ortodoxo.
De alguna forma, la educación se está convirtiendo en un servicio de mercado, y es terrible. Hay cadenas internacionales de centros para élites, como un Burger King escolar, que venden a las familias que sus hijos van a tener un situación económica privilegiada, cuando tendríamos que educar, ante todo, ciudadanos, y ahí se incluye, claro, una vida profesional acorde con nuestros intereses y motivaciones. Deberíamos retomar una educación humanista con principios como los que estuvieron activos durante la Segunda República, cuando la escuela buscaba el desarrollo integral de la persona, que trabaja pero también ama, disfruta de la vida… Si todo está orientado al mercado, estamos educando jóvenes enormemente desgraciados y desgraciadas, empujándoles a elegir profesiones exitosas, aunque no les gusten.

Antes hablabas, en esa elección del futuro profesional, del sesgo de género en las opciones STEM. ¿No acaban de funcionar los programas para atraer a más chicas?
Marina Subirats, que ha estudiado mucho este tema, plantea que vamos adquiriendo los roles y esterotipos de género desde los primeros años. Y que -como ahora sabemos gracias a la neurociencia- el cerebro es increiblemente dúctil en cuanto al aprendizaje por reproducción. Si vamos dirigiendo a los niños a juegos de lógica y espaciales, y a las niñas a los cuidados, esto va configurando tanto la propia capacidad de aprendizaje, como tu mayor seguridad en campos donde te resulta más fácil moverte. Y, al final, influye tanto en las elecciones concretas como en la relación entre proyección vital y profesional. A los 6-7 años, normalmente las niñas ya se ven trabajando y formando una familia con hijos, mientras que los chicos imaginan solo su vida profesional. De nuevo, si queremos una auténtica educación en igualdad, hay que empezar antes.

Parece que en algunos sentidos vamos para atrás. Por ejemplo, las presión creciente que sufren las chicas, desde la primera adolescencia, en términos de imagen: maquillaje en cuanto salen de casa, obligación de ir monas a todas horas… Ocurre también entre los chicos, pero percibo una intensidad infinitamente mayor entre las chavalas.
Los modelos de ser mujer van cambiando con la historia. En estos momentos, la producción en torno a la imagen y la hipersexualización del cuerpo femenino son mecanismos del mercado. La ausencia de una formación en ética y autocuidado nos lleva a que se comercialicen estos espacios para traducirlos en dinero. Habría que enseñar a aceptar y querer nuestros cuerpos; quizá entonces chicas y chicos dejarían de intentar emular ideales, de pedir por ejemplo un aumento de pecho al terminar la universidad. Me da mucho miedo ese estímulo permanente del deseo de tener cuerpos inexistentes.

¿Resulta difícil introducir estas cuestiones en la escuela? No pocos dirán que aquí hablamos de elecciones libres y personales. Incluso, retorciendo cierto argumentario feminista, que la mujer siempre divina en realidad está «empoderada».
Todo forma parte de un sistema capitalista que ha logrado confundir deseos con derechos, poner al deseo por encima del propio bienestar. Aquí surgen cuestiones éticas y posibles límites al mercado. ¿Es ético que una chica de 16 años se opere el culo para tenerlo de tal forma? ¿Debemos permitirlo? Hay que pararse y reflexionar, en la escuela y en otros ámbitos, para que las nuevas generaciones puedan analizar e identificar esa manipulación que transforma derechos en deseos. Sin esa reflexión consciente -y con el bombardeo constante de publicidad, los likes en las redes sociales etc- resulta muy difícil escapar a estas presiones.

Has escrito mucho sobre cómo abordar conjuntamente interculturalidad e igualdad de género. Me surge una duda recurrente: ¿Cómo aunar ambos objetivos cuando la tolerancia y el respeto por otras culturas colisiona con patrones claramente machistas?
Desde una pedagogía feminista, el relativismo cultural tiene sus límites cuando choca con la dignidad de las mujeres, del ser humano en general. Por suerte, en este país tenemos un marco legislativo que establece esos límites. Pero esto no es incompatible con algo evidente: la igualdad se aprende. Desde el respeto, la convivencia y la igualdad de oportunidades. Cuando yo era pequeña, mi madre llevaba velo para ir a la iglesia. Y en mi casa, cuando mi padre (que era un hombre estupendo) hablaba, todos nos callábamos. Poco a poco, en mi familia fuimos aprendiendo a cambiar a través de la reflexión y la conquista de derechos. En ese aprendizaje, la escuela actual, donde conviven chicos y chicas con diversas herencias culturales (algunas con elementos machistas, españolas o de fuera), se antoja un entorno muy positivo. Sobre todo, ahora que hemos pasado de la llegada a la ciudadanía. Al principio, cuando las aulas españolas empezaban a ser interculturales, se celebraban jornadas tipo el día del chino, el día del africano… Y no se trata de eso, sino de trabajar la igualdad de derechos en la diversidad, construyendo identidades seguras.


por 
Rodrigo Santodomingo

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miércoles, 11 de marzo de 2020

¿Qué es "Disciplina" para P Freire?


DISCIPLINA

Para pensar la problemática de la disciplina en el mundo de la educación, Freire parte de una constatación: en las escuelas y en los procesos educativos en general, frecuentemente se confunde autoridad con autoritarismo y libertad con libertinaje. Buscando respuestas, Freire construye reflexiones a partir de experiencias orientadas por un proyecto político a favor de la generación de la sociedad radicalmente justa y parte de una premisa: la sociedad brasileña es estructuralmente injusta. Freire busca entonces construir caminos de liberación a partir de lo que apunta a la necesaria autoridad político-pedagógica en los procesos educacionales.


Entonces,  ¿qué es disciplina? Freire recuerda que “no hay disciplina en el inmovilismo, en la autoridad indiferente, distante, que entrega a la libertad los destinos de sí misma”. Por otro lado, no “hay tampoco disciplina en el inmovilismo de la libertad, a la cual la autoridad impone (…) sus preferencias como siendo las mejores”. En síntesis, asume su concepción de disciplina: “Sólo hay disciplina (…) en el movimiento contradictorio entre la coerción necesaria de la autoridad y la búsqueda despierta de la libertad para asumirse”.

Al buscar identificar reflexiones sobre disciplina, encontramos a Freire, cuando responde a la pregunta respecto de su historia con la escuela y la familia, afirma: “Me parece que sin disciplina externa es difícil estructurar la interna, en la medida que la interna es una especie de internalización de la necesidad de la disciplina. Esto es, el niño entregado a sí mismo, difícilmente se disciplina” (D´ANTOLA). Freire refuerza la afirmación alrededor de la importancia de la disciplina como tarea de la autoridad docente, cuando escribe que hay algo que es fundamental “que es la cuestión más o menos ética y pedagógica (…). Me parece que la disciplina es una de las tareas de la autoridad. Trabajar en el sentido de que la autoridad asuma la disciplina como necesidad de la boniteza” .

Teniendo presente que hay un “hábito de producción colectiva de normas”, como estructura y como cultura enraizada en el mundo escolar, Freire alienta a preguntar por el acelerado fetichismo del orden. O sea, la escuela no raramente acoge a los educandos y los induce a comportamientos que silencian los deseos y la expresión del mundo en la cual se formaron. Los códigos que regulan las rutinas de la clase, revelan la compleja relación que las personas establecen entre sí, que, por contratos, renuncian a la libertad absoluta en favor de la generación de condiciones para la convivencia capaz de garantizar la vida.

Freire ayuda a pensar la agenda liberadora cuando trabajamos decididos a favor de la disciplina al servicio de la construcción de la sociedad justa para todos. Para el autor, no es legítimo el trabajo “contra la formación de una disciplina seria del cuerpo y de la mente, sin la cual se frustran los esfuerzos por saber. Todo lo que esté en favor de (…) la sala de aula en la que enseñar, aprender, estudiar, son actos serios y al mismo tiempo provocadores de alegría”. El educador democrático no puede avergonzarse de su autoridad o atrofiar la libertad del educando, cuando la autoridad queda comprometida y se elimina la represión, pero no se consigue avanzar en el diálogo como perspectiva constructora de humanidad. En la Tercera Carta Pedagógica, Freire aborda densamente la tensa relación existente entre la libertad, la autoridad y la disciplina. Muy particularmente, al reflexionar sobre el proceso de deshumanización de unos jóvenes pertenecientes a la clase media de Brasilia, que salen en las noches para consumir la libertad que presumen tener, Freire se cuestiona acerca de la “ausencia” de la autoridad y de la disciplina”. .

Así, la constitución democrática de la disciplina, mediada por el diálogo, puede superar la violencia de la organización del espacio y del tiempo en la sala de clases. Freirianamente, entonces, es posible cuestionar los paradójicos contratos que se materializan en la conformación de la disciplina escolar, razón por la cual no pasamos del “contrato” “a la “disciplina como actividad libre” o “disciplina de la libertad” (LEIF; RUSTIN. La escuela tampoco es espacio y tiempo de disciplina coercitiva cuando es negadora de nuevos contratos. Por lo tanto, sin la necesaria disciplina el sujeto se encierra de manera narcisista en su propia identidad. Pero, cuando la autoridad poco legítima exige disciplina, de parte de alumnos que en la escuela son llevados a internalizar la idea de que deben ser subalternos frente a los agentes institucionales o de la estructura que mantiene la sociedad actual, se trata de un acto político y epistemológico imponderable. La disciplina, bajo tal propuesta, sirve para inculcar en los niños el respeto al orden impuesto por la sociedad, a fin de estimular el ejercicio de la conformidad con las imposiciones y a la obediencia al poder establecido.

A diferencia de lo señalado anteriormente, la disciplina para Freire es elaborada y defendida en favor de la idea que
(…) estudiar es un quehacer exigente en cuyo proceso se da una sucesión de dolor, de placer, de sensación de victorias, de derrotas, de dudas y de alegrías. Pero estudiar, por ello mismo, implica la formación de una rigurosa disciplina que forjamos en nosotros mismos, en nuestro cuerpo consciente.

En fin, la disciplina para Freire, es indispensable como soporte de la idea de construcción y mantenimiento de la democracia: disciplina en la lectura, en el acto de enseñar y aprender, en la cotidianeidad de la escuela, en el respeto y en el trato de la cosa pública, en la propia denuncia de la deshumanidad instalada en lo humano y en el compromiso en acciones colectivas.



Autor Gomercindo Ghiggi


lunes, 9 de marzo de 2020

Freire: Domesticación


DOMESTICACIÓN

Se trata de una categoría determinante en el contexto de los escritos, locuciones, seminarios, charlas y manifestaciones de Paulo Freire. Se vincula directamente con otras categorías extremadamente relevantes, que permean todo el pensamiento de este autor, como opresor-oprimido, pedagogía del oprimido, alienación, educación bancaria, acomodación, invasión cultural. Presente desde el inicio de su obra, principalmente en la primera parte de Pedagogia do oprimido, también atraviesa el contenido de los últimos textos escritos, como Pedagogia da indignação.


El término domesticación puede ser definido como un proceso a través del cual se crea una conciencia pasiva de sumisión tanto a las personas como a un sistema, sea social, sea económico o educacional. A pesar de constituir una actitud personal de aceptación sin cuestionamiento de la propia vida y de la realidad, implica una sujeción a un determinado orden social establecido, tomándola como definitiva y permanente y por lo tanto inmutable. A nivel macro social, lleva a la legitimación de una visión neocolonialista, aceptando la dependencia internacional, tomándola como “natural e inevitable”.

Conduce a la acomodación de la persona a los valores vigentes, creando una actitud de internalización de los valores dominantes, lo que impide cualquier cuestionamiento o verbalización capaz de contestar al sistema. Lleva a la pérdida de la subjetividad, haciendo que la persona pierda la capacidad de construcción de un pensamiento crítico, renunciando a su palabra sobre sí mismo, sobre la historia, sobre el mundo. En educación, es la propia negación de la pedagogía de la autonomía. Eliminar cualquier problematización y reacción tanto frente al presente como con relación al futuro, en una actitud de desesperanza y fatalismo frente a la realidad, asumiéndola como estática y definitiva.

En el proceso de educación, el educando es visto como un ser pasivo y sin dominio de la realidad: “a) El educador es quien educa; b) los educandos son los que son educados; (…) c) el educador es el que piensa; los educandos los pensados; (…) j) el educador, finalmente, es el sujeto del proceso; los educandos meros objetos”. Paulo Freire analiza el proceso con la negación del humanismo y de la dialogicidad: “En verdad, la manipulación y la conquista, expresiones de la invasión cultural, y al mismo tiempo instrumentos para mantenerla, no son caminos de liberación. Son caminos de “domesticación”.

El proceso de liberación consiste en transformar la domesticación en camino de concientización: en la medida que surge la conciencia de la contradicción, ésta debe despertar a un proceso de descubrimiento de sí mismo y del mundo: “Su “domesticación” y la domesticación de la realidad, de la cual se les habla como algo estático, puede despertarlos como contradicción de sí mismos y de la realidad”, ambos en proceso de devenir constantes. Siendo que la domesticación es una característica propia de los animales, que no tienen comprensión humana, y por lo tanto se someten a las condiciones impuestas, Paulo Freire, prácticamente siempre emplea el término entre comillas. Ella constituye una negación de lo humano en su plenitud. Se aproxima del entrenamiento en que hay una reproducción mecanicista de actos, sin consciencia de su significado más profundo.

La indignación consiste en la capacidad de superar la dominación- domesticación, construyendo una conciencia y buscando su superación y la emancipación personal y social, transformando la realidad y luchando con la esperanza de construir un nuevo orden y nuevas estructuras. “Como ser humano jamás acepté que mi presencia y mi pasaje por el mundo, estén preestablecidos. Mi comprensión de las relaciones entre subjetividad y objetividad, conciencia y mundo, práctica y teoría, fue siempre dialéctica y  no mecánica”. La domesticación es negación de la subjetividad pues no permite el surgimiento del sujeto como agente creador y transformador de la historia. Se niega intrínsecamente la propia dialéctica. “Incluso cuando se piensa dialéctica, la suya es una “dialéctica domesticada”, como diría Gurvitch. La domesticación convierte a las personas en reaccionarias, pues “pretende frenar el proceso, “domesticar” el tiempo, y así, a los hombres”.

En los textos y en el pensamiento de Paulo Freire hay conceptos elaborados a partir de otros autores como George Gurvitch, Hannah Arendt, Jean-Paul Sartre, Franz Fanon y Antonio Gramsci, entre otros.


Autor Ricardo Rossario

miércoles, 4 de marzo de 2020

¿Qué significa "Educación" para P Freire?

EDUCACIÓN

Para Paulo Freire no existe la educación, sino las educaciones, o sea, formas diferentes de que los seres humanos partan de lo que son, hacia lo que quieren ser. Básicamente, las varias “educaciones” se resumen en dos: una, que él llamó “bancaria”, que vuelve a las personas menos humanas, porque las aliena y las convierte en dominadas y oprimidas; y otra, liberadora, que hace que ellas dejen de ser lo que son, para ser más conscientes, más humanas. La primera es formulada e implementada por los(as) que tienen proyectos de dominación sobre otro; la segunda debe ser desarrollada por los(as) que quieren la liberación de toda la humanidad.


El impulso que lleva al ser humano a la educación es ontológico, o sea, proviene de su propia naturaleza: “Es en la inconclusión del ser que se sabe como tal, que se basa la educación como proceso permanente. Mujeres y hombres se convierten en educables en tanto se reconozcan como inacabados. No fue la educación que hizo educables a los hombres y mujeres, sino que fue la conciencia de su inconclusión que generó su educabilidad” (FREIRE). Como todos los seres de la naturaleza, los hombres y mujeres son incompletos, inconclusos e inacabados. Pero, a diferencia de todos los seres de la naturaleza, su ontología específica los hace conscientes de que son incompletos, conscientes de su inacabamiento, y de la inconclusión, impulsándolos hacia la plenitud, hacia el acabamiento y hacia la conclusión. Por lo tanto, para la educación, por la cual pueden superar lo que son (incompletos, inconclusos e inacabados) e ir hacia lo que quieren ser (plenos, concluidos y acabados).

De acuerdo con la teoría freiriana, la naturaleza humana puede ser identificada también por la esperanza: “Es también en la inconclusión (en que nos volvemos conscientes y nos insertamos en el movimiento permanente de búsqueda) que se basa la esperanza” (FREIRE). A propósito, citándose a sí mismo en este texto, Freire vuelve a recordar y refuerza esta última dimensión de la especificidad de la ontología humana: “No soy esperanzado por pura necedad, sino por imperativo existencial e histórico” (FREIRE). Y en la citación de sí mismo, substituye la expresión “imperativo existencial e histórico” por “exigencia ontológica”, lo que refuerza la idea de que su concepción de educación proviene de su concepción respecto a la singularidad (esperanzada) de la naturaleza humana.

En la perspectiva del educador pernambucano, la educación es también dialógica-dialéctica, porque es una relación entre educando, educador y el mundo, en el círculo de cultura, que debe substituir al aula en el caso de la educación escolarizada. Y, al contrario de la “educación bancaria”, el (la) educador(a) no es la mediación entre el conocimiento y el (la) propio(a) educando(a). “Ya ahora nadie educa a nadie y tampoco nadie se educa a sí mismo: los hombres se educan en comunión, mediatizados por el mundo” (FREIRE). En esta cita, se entiende toda la riqueza de la concepción freiriana de educación.

En primer lugar, a pesar de la doble negativa “nadie educa a nadie”, el(la) educador(a) es importante en la medida que “tampoco nadie se educa a sí  mismo”. Por lo tanto, el acto educacional es una relación de “do-discencia” —neologismo creado por Freire para expresar la simultaneidad y la mutualidad del enseñar/aprender/enseñar—, en que el educador(a) y educando(a) son sujetos estratégicos del proceso, en el cual el aprendizaje es el “principio fundador” del enseñar, y no al contrario. En segundo lugar, la pedagogía de Freire invierte la relación verticalista de la “educación bancaria”, que establece la primacía del(la) profesor(a) sobre el(la) estudiante, del enseñar sobre el aprender, de la comunicación del saber docente sobre el proceso de reconstrucción colectiva de los saberes de los(as) educandos(as) y del(la) educador(a). Finalmente se vale de otro neologismo, “mediatizados” —para no ser confundido con los diversos sentidos prestados al término “mediar”—, para enfatizar que la mediación no se da entre el(la) alumno(a) y el conocimiento, por medio del(la) profesor(a) , que actuaría como una especie de puente, sino entre ambos y el mundo. Así, la educación presenta una doble dimensión: política y gnoseológica. La dimensión política es la lectura del mundo, y la dimensión gnoseológica es la lectura de la palabra, de los conceptos, de las categorías, de las teorías, de las disciplinas, de las ciencias, en fin, de las elaboraciones humanas formuladas anteriormente. La dimensión política da los fundamentos de la dimensión gnoseológica (del conocimiento).

Para Paulo Freire, la educación es también praxis, esto es, una profunda interacción necesaria entre práctica y teoría, en este orden. Y, como consecuencia de la relación entre la dimensión política y la dimensión gnoseológica de la relación pedagógica, la práctica precede y se constituye como principio fundador de la teoría. Ésta a su vez, da nuevo sentido a la práctica de forma dialéctica, especialmente si fuera una teoría crítica, o sea, resultante de una lectura consciente del mundo y de sus relaciones naturales y sociales.




Autor: José Eustáquio Romão

jueves, 27 de febrero de 2020

LA DESCOMPOSICIÓN SOCIAL QUE SOMOS


Muchas veces hablamos de la descomposición social desde la posición de superioridad y privilegio, nuestra opinión está hecha de estereotipos porque creemos que los causantes de tal degradación son quienes crecen en la alcantarilla, en el lumpen, en la condición social de parias. Entonces vemos a ese adolescente marginado por nosotros mismos, al que le hemos negado una vida distinta y al que obligamos a robar un celular, una billetera o un radio de automóvil, como el culpable. Porque a la primera decimos que vienen de familias disfuncionales como si las de nosotros no lo fueran también, los señalamos de no querer trabajar cuando sabemos que los últimos en las clases sociales son los que sostienen al mundo con sus lomos. Y a él lo sentenciamos y en él depositamos todo nuestro clasismo, todo el racismo generacional y lo condenamos desde nuestras poltronas de quienes tuvieron el privilegio de la oportunidad.

Pero vemos como lindo cuando alguien se acerca a tomarse una foto con una niña indígena que vende arrestarías en la calle a la hora en que debería estar estudiando en la escuela, porque qué bonita su vestimenta y qué linda la persona que no le tuvo asco, que tampoco le compró pero le dio el privilegio a esa niña de que se tomara una foto con ella. O sea, pues. Eso es un ejemplo claro de descomposición social. Y hay miles más.
La gente que anda tomando fotos y expone a personas vulneradas en sus derechos: niños, adolescentes, adultos mayores vendiendo en la vía pública, en los mercados, sentados en la orilla de las banquetas comiéndose una tortilla con sal con la ropa empapada de sudor, lustrando zapatos, cargando bultos, o porque se acercaron a regalarles un pan con frijoles les tomaron una foto recibiéndolo o abrazados con ellos y creen que con eso ya tocaron el cielo con las manos sucias. El yo fulanito, yo menganita graduada de universidad, estudiante de universidad, empresaria me tomo una foto con este niño vendedor de chicles y la publico en las redes sociales, para que la gente vea que soy buena gente y abrazo a los parias sin que tema que me peguen los piojos. Y peor aún, la ola de comentarios aplaudiendo y alabando. Eso es descomposición social. Es la exposición del que está en necesidad para el placer de egolatría del que se cree superior. ¿Y si ese niño no ha comido en todo el día, cuántas veces comerá en la semana, dónde duerme, tiene familia, en dónde vive, tiene sueños? Eso no importa, solo la foto para el aplauso de las redes sociales. Pero como somos nosotros desde arriba desde la posición del privilegio quienes tomamos las fotos entonces no señalamos ni sentenciamos como al adolescente que roba un teléfono celular. Somos igualitos a los blancos que van de turismo a África y se toman fotos regalándoles dulces al puñado de niños negros en estado de desnutrición.
Es descomposición social la insensibilidad humana. Ver vertederos de basura llenos de familias viviendo y comiendo ahí y simplemente voltear hacia otro lugar. Saber que en los bares y casas de citas se viola a niñas, niños, adolescentes y mujeres y no hacer nada como sociedad para que no existan. Llamar trabajo sexual a la explotación sexual. Regatear a los campesinos que salen a vender su cosecha. Tener empleada doméstica, porque es privilegio de clase. Peor aún no pagarle el salario justo. Es descomposición social orinar en la vía pública, tirar basura en la calle, contaminar el agua de los ríos y lagos. Ser altaneros con los meseros, con los mensajeros, con las recepcionistas, con quien cuida el ascensor, con las personas del mantenimiento del edificio en donde trabajamos. No sentir el dolor del otro como muestro es un signo claro de descomposición social. Negar el derecho al aborto y al matrimonio igualitario también lo es. También lo es la vanidad, además de ser ignorancia pura.
Ver a las niñas trabajar de sol a sol en tortillerías y no hacer nada como sociedad para su realidad cambie. Saber que los trabajadores agrícolas no cuentan con derechos laborales, y ver cómo se pudren los cortadores de caña mientras los dueños de los ingenios de hinchan las bolsas junto a los banqueros con el beneficio de la explotación. Es descomposición social, elegir una y otra vez presidentes racistas, clasistas, corruptos, machistas, xenofóbicos, homofóbicos que alimentan la explotación del ser humano en necesidad, desde el Estado. Entonces, ¿quiénes somos nosotros para señalar al niño que huele pegamento todo el día y en la noche sale a asaltar?, ¿a la niña a la que su padre explota sexualmente todos los días para ir a comprar droga, ese padre que creció siendo explotado de igual manera y que solo eso conoce como medio de sobrevivencia ?, ¿a la madre que trabaja todo el día en las maquilas y que no puede ver a sus hijos salvo en la noche cuando llega y los encuentra dormidos? Claro, hablemos de descomposición social, pero, no de arriba hacia abajo y haciéndonos responsables de la parte que nos toca.



Por: Ilka Oliva Corado
Fuente: https://www.aporrea.org/ideologia/a287083.html


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