viernes, 15 de enero de 2021

SISTEMAS EDUCATIVOS AL ENFRENTAN DESIGUALDADES ESTRUCTURALES:

 Los sistemas educativos de América Latina y el Caribe no sólo enfrenta la pandemia de Covid-19, también desigualdades estructurales que imponen nuevos desafíos, entre ellos reconocer la diversidad cultural e integrarla en las currícula de cada país, advierte el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo “Inclusión y Educación: todos y todas sin excepción”.

 


El documento, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y el Laboratorio de Investigación e Innovación en Educación para América Latina y el Caribe (SUMMA), señala que en el 90 por ciento de los manuales escolares de ciencias sociales en la región, se describen en profundidad los sistemas de pensamiento europeo, pero sólo 55 por ciento describen la historia cultural de las personas negras, “en general de manera poco crítica y ahistórica”.

 

El informe subraya que el cuerpo docente necesita más apoyo para afrontar el reto de la diversidad, pues a menudo “no se les ofrecen oportunidades de desarrollo profesional continuo”. A pesar de que en el 70 por ciento de los países de la región hay leyes o políticas que prevén la capacitación de los docentes en materia de inclusión, más del 50 por ciento de los maestros en el Brasil, Colombia y México informaron que carecían una capacitación profesional para enseñar a alumnos con necesidades especiales.

 

La Unesco señala que el currículo es el principal medio que utilizan los sistemas educativos para llevar a la práctica la inclusión, por lo que un currículo inclusivo “debe reconocer e incluir todas las formas de conocimiento, suministrar una base común pero variada de conocimientos para promover la cohesión de la sociedad, y debe poder ser adaptado y contextualizado, teniendo en cuenta las diferencias y las necesidades de los alumnos y sus comunidades”.

 

Agrega que un análisis de 19 países muestra que en el 95 por cientode los currículos de tercero y sexto grado se introducen conceptos relativos al diálogo, la diversidad y la identidad, en el 90 por ciento se tratan los derechos y la solidaridad, y en el 70 por ciento la inclusión, la no discriminación y la tolerancia.

Sin embargo, en materia de participación política, considerada fundamental para la construcción de una sociedad inclusiva, se identificó que en las currículas de Colombia, Chile, República Dominicana, Guatemala, México y el Paraguay no alientan suficientemente al alumnado a a participar en actividades políticas.

 

 

 

Autora: Laura Poy Solano/Fuente: www.jornada.com.mx

 

domingo, 10 de enero de 2021

Pensar críticamente en situaciones de parálisis social

 En esta situación de parálisis social, de incertidumbres y de saturación mental, la ciudadanía no puede renunciar a continuar siendo critica, a estar motivada y a pensar, sentir y actuar en su contexto. No se puede renunciar y se ha de fortalecer el pensamiento socialmente crítico pues es fundamental para el proceso y para el desenlace de esta situación.

 


Se dice que en la última década se ha ido generando una situación de parálisis o bloqueo social. Los efectos de la crisis económica iniciada sobre 2007 de la que no acabamos de salir, los efectos del cambio climático que se van haciendo más evidentes, el impacto de los avances tecnológicos en todos los ámbitos de la vida y del mundo laboral, las nuevas estrategias en la globalización económica, la polarización y las tensiones políticas a nivel internacional, entre otros factores, han ido llenando de incertidumbre el futuro y la vida cotidiana de la ciudadanía. Y para acabar de rematar nos invade la pandemia del COVID-19 que remarca y agudiza todos los factores anteriores y cuestiona en gran medida nuestro modus vivendi, ocupa nuestras preocupaciones, energías y pensamientos y nos condiciona de forma sistémica. La pandemia ha llevado a extremos desconocidos la problematización de la vida personal y familiar en la salud, el trabajo, la escolarización, la libertad de movilidad, la participación en actividades de ocio y culturales, la falta de recursos económicos para subsistir y, lo que es más angustioso y bloqueante, la falta de perspectivas de solución a corto plazo y las limitaciones para poder participar o incidir en la salida de una situación tan vital.

 

En algunos foros se habla de que, paralelamente a las dinámicas de las superestructuras económicas y los ámbitos políticos institucionales que llevan su vida propia, tenemos una sociedad de a pie paralizada, desorientada y escéptica en cuanto a su capacidad de autonomía y poder de decisión. La situación parece que supera la capacidad de respuesta de la ciudadanía y ha generado una especie de saturación, de escepticismo e impotencia ciudadana. El pensamiento de los ciudadanos está ocupado por la agudización de problemas sociales que llevan a polarizar las conductas entre la subjetividad de las necesidades y opiniones individuales y el seguimiento de las orientaciones y normativas oficiales, supuestamente basadas solamente en el conocimiento científico. Los medios de comunicación colaboran en esta saturación con avalanchas de informaciones, necesarias pero repetitivas, poco dosificadas y muchas veces guiadas por el control de las cuotas de pantalla. Este escepticismo e impotencia puede estar llevando a la ciudadanía a la indiferencia, a dejarse orientar o llevar por actitudes y comportamientos individualistas e irracionales guiados por las emociones y necesidades o intereses personales o en el otro extremo a una fidelidad acrítica a las orientaciones y pautas de infinidad y diversidad de fuentes de información oficiales, paraoficiales y/o con consignas de intencionalidad política.

 

Es en esta situación compleja de bloqueo social cuando se necesita afianzar uno de los principales objetivos de la educación, el de formar una ciudadanía reflexiva y con un pensamiento social crítico. El desenlace de esta situación social, económica y también política comportará cambios en muchos de los ámbitos de nuestra vida ciudadana y por ello es necesario estar abiertos al análisis crítico del proceso y a poder incidir en los cambios que puedan resultar en nuestra vida como ciudadanos. Se necesita que la población esté expectante y sea más crítica que nunca.

 

Pero ciertamente en las condiciones actuales es difícil mantener un pensamiento y una actitud crítica ante los hechos sociales. La acumulación de problemáticas y las tensiones generadas tienen ocupadas y saturadas nuestras mentes de pre-ocupaciones, con el peligro de que nos conduzca a una desmotivación o desactivación que harán más difícil tener un pensamiento crítico. Un pensamiento que, partiendo de la duda como actitud inicial, necesitaría poder seleccionar, contrastar y evaluar la información sobre los temas más relevantes que nos invaden e intentar formar una idea o posicionamiento propio argumentado. Como decía Giroux, un pensamiento que incida en la necesidad de analizar la naturaleza ideológica de la vida, del conocimiento social, de las creencias y de los valores que lo sustentan.

 

Pero como bien sabemos, incluso para dudar de forma intencional es necesario un estado de motivación y curiosidad en conocer los fundamentos y propuestas sobre temas o hechos de relevancia social. Puede resultar difícil, pero necesario, estar motivados o interesados, dudar de las cosas, no aceptar cualquier explicación y tener una mente abierta y flexible que nos permita escuchar, analizar y cuestionar la diversidad de informaciones, enfoques y argumentaciones. Realmente, ante la cantidad ingente de información que nos llega, no desconectar supone un esfuerzo.

 

Estamos bombardeados con informaciones de detalle, cifras, imágenes, estadísticas, localizaciones, casos, declaraciones, todo ello repetido en diferentes momentos del dia y por diversos medios de comunicación que nos envuelven todas las horas del dia. En esta situación es difícil que un ciudadano que intente ser crítico pueda reflexionar sobre la complejidad de los hechos en términos abstractos, establecer correlaciones con la realidad, con la diversidad de interpretaciones y posibles implicaciones de cada una y sacar conclusiones. Quizá si se centra en un aspecto o tema por el que esté más motivado pueda analizar y reflexionar sobre cuestiones como la objetividad de la información, la intencionalidad, intereses, causas y posibles consecuencias de las propuestas, los valores que sustentan las propuestas, etc… Además, a la avalancha de informaciones, en el dia a dia continuamos con los inconvenientes y limitaciones para desarrollar las actividades de la vida cotidiana.

 

A pesar de las dificultades es necesario que la ciudadanía piense y actúe de forma crítica y reflexiva con una mente abierta, con la duda razonada y razonable, seleccionando y contrastando información, eligiendo un tema o aspecto prioritario si esto lo facilita, analizando propuestas, argumentando y actuando en base a conclusiones propias. Es evidente que el contexto actual de confinamiento con sus condicionantes dificulta la práctica de todo esto. Pero mientras se mantengan las condiciones bloqueantes habría que intentar participar en foros, debates, charlas, coloquios, en casa, en el bar, con más seguridad de forma virtual, etc. En ellos tendremos la oportunidad de ser empáticos, de poder entender otras ideas y como se han llegado a ellas. Y también ver o entender mejor la lógica de lo que analizamos y los sesgos de las afirmaciones o postulados que se defienden.

En esta situación de parálisis social, de incertidumbres y de saturación mental, la ciudadanía no puede renunciar a continuar siendo critica, a estar motivada y a pensar, sentir y actuar en su contexto. No se puede renunciar y se ha de fortalecer el pensamiento socialmente crítico pues es fundamental para el proceso y para el desenlace de esta situación.

 

 

 

por 

José Palos

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/convivenciayeducacionenvalores/2020/10/27/pensar-criticamente-en-situaciones-de-paralisis-social/

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