jueves, 26 de febrero de 2009

CARACTERISTICAS DE UNA PEDAGOGIA CRÍTICA

PEDAGOGIA CRÍTICA: EJE DE DESARROLLO DE LA ENSEÑANZA SUPERIOR
La formación de los intelectuales y profesionales que requiere el desarrollo del capital humano necesita una reforma fuerte de los procesos educativos. En la orientación de dicha reforma juega un papel fundamental el desarrollo de una pedagogía crítica.
Si la pedagogía en general tiene por objeto las relaciones educativas, una pedagogía crítica se caracteriza por estar despojada de todo interés que no sea el de contribuir al pleno desarrollo de dichas relaciones de manera coherente, con una utopía social superadora del status quo. Aunque existen elementos importantes en esa dirección, tal pedagogía está aún por sistematizarse.

En este sentido, las propuestas alternativas a los criterios de la pedagogía tradicional deben ser tomadas como hipótesis de trabajo a ser corroboradas por sus resultados y vigiladas mediante una investigación educativa que acompañe el proceso de innovación. Su referente empírico será entonces los problemas experimentados en la docencia concreta (los que generalmente son vividos como deficiencias o fracasos de los alumnos), analizados desde un modelo de trabajo académico asumido explícitamente por la universidad (lo que no se limita a estilos de razonamiento y mucho menos de evaluación, sino que incluye valores, actitudes y sentidos trascendentes para el conjunto de la comunidad académica).

Resumiendo, algunos lineamientos que creemos debería seguir una pedagogía crítica son los siguientes:
• Su característica principal no es la crítica cerrada del sistema escolar existente y la pretensión de sustituirlo, sino partir de esa institución educativa para transformarla desde adentro, mediante la implementación, consensual o acordada, de propuestas viables que le permitan cumplir su papel central en el desarrollo humano.
• Su lema principal es "enseñar a aprender". Esto incluye enseñar a todos los miembros de la comunidad educativa a aprender de su propia práctica, para lo cual debe tematizar los elementos "naturalizados" o inconscientes del proceso educativo. Y supone evaluar tanto a alumnos como a docentes por los resultados del aprendizaje.
• Su objetivo no es la asimilación eficiente de determinados conocimientos por parte de los alumnos, sino la formación de intelectuales y profesionales con autonomía creativa, capaces de diagnosticar problemas y de plantear alternativas construyendo consensos de manera dialógica, en interacción con los agentes del medio. La transferencia de los conocimientos y habilidades adquiridos a contextos extraeducativos debe ser una preocupación fundamental y traducirse en propuestas para encararla a lo largo de todo el proceso universitario. En esto debe ponerse especial énfasis en garantizar la capacidad de los graduados para identificar y atender a demandas o necesidades experimentadas por los diversos sectores o agentes sociales involucrados en un proceso de desarrollo humano, verdadera prueba de rendimiento del proceso educativo.
• A diferencia de las pedagogías que mantienen la jerarquía entre maestro y alumnos y de las que, en el otro extremo, plantean una horizontalidad total, una pedagogía crítica debe ver las relaciones maestro-alumno como una etapa necesaria en el desarrollo del capital humano, pero considerando al maestro mismo como parte de ese capital, necesitado de aprender y desarrollarse en su relación con los alumnos.
• Su estilo no debe ser normativo y su ámbito de vigilancia e intervención no debe ser sólo el aula ni sólo la relación profesor-alumno. Su estilo debe ser propositivo y consensual, institucionalizando una reflexión colectiva acerca de todas las relaciones y ámbitos en el interior de la comunidad académica, porque tanto maestros como alumnos y administradores tienen interés y algo que aportar en la búsqueda de mejores procedimientos educativos, y porque, en tanto contexto real inmediato de las relaciones educativas, prácticamente todas las relaciones que allí se tienen son formativas de valores, actitudes y capacidades. Esta amplitud de mira ayuda también a defender las relaciones educativas de posibles intrusiones del mercado (que tiende a estandarizar la producción de "recursos humanos" de acuerdo a demandas efectivas de corto plazo) o del poder burocrático (que impulsa un concepto de eficiencia que mide el rendimiento por indicadores cuantitativos antes que cualitativos).
• Mientras la pedagogía tradicional ha estado centrada en la enseñanza y sus medios (buenos profesores y buenos textos), y algunas corrientes han tendido, por el contrario, a poner el acento en el aprendizaje (el alumno y su contexto), una pedagogía crítica debe asumir la totalidad del proceso de enseñanza-aprendizaje, incorporando a los alumnos y sus relaciones cooperativas como recurso del proceso educativo.
• Una pedagogía crítica debe velar porque la autoridad basada en el conocimiento sea legítima y no se sustente en el ejercicio arbitrario de un poder externo al proceso de producción colectiva de significado. Desde ese punto de vista, la necesidad de iniciar los procesos educativos superiores a partir de una división del trabajo entre profesores y alumnos es algo que debe superarse a lo largo de la carrera universitaria, condición para la formación de egresados capaces de enfrentar las situaciones reales fuera del medio académico. Asimismo, la evaluación, usualmente instrumento de control de los alumnos por parte de los profesores, debe ser vista como un recurso fértil para apoyar el proceso de estudio y favorecer relaciones menos jerárquicas.
• Mientras la pedagogía tradicional se asienta en una concepción de la cognición como proceso individual, una pedagogía crítica debe enfatizar los procesos de participación en la producción colectiva de significado. Además, debe considerar explícitamente no sólo la dimensión cognitiva del proceso educativo, sino también su dimensión expresiva y normativa.
• Mientras otras corrientes ponen el centro de atención en el desarrollo de la capacidad lingüística de los graduados (manejo de lenguajes básicos y especializados), una pedagogía crítica debe dar mayor peso al desarrollo de la capacidad comunicativa (entre diversos niveles de la comunidad académica, entre los pares, con diversos interlocutores y a través de diversos medios del contexto extra-universitario), habilitando al egresado a insertarse en las múltiples redes existentes de comunicación social, condición para su eficacia profesional.

Avanzar de manera firme en todas estas direcciones supone varias tareas:
(1) Sistematizar los principios básicos de una propuesta pedagógica para la universidad que se base en un acuerdo real de su planta docente y administrativa respecto a reglas del juego y procedimientos;
(2) Conformar una unidad responsable de la investigación y seguimiento pedagógicos, que –en estrecha colaboración con los responsables de la planificación curricular- trabaje con profesores y alumnos en todos los niveles de la carrera y esté a cargo de la capacitación pedagógica de la planta docente y la continua devolución de los resultados de sus investigaciones.
(3) Realizar actividades docentes especialmente dirigidas a sentar las reglas del juego académico y a sensibilizar al estudiante respecto a sus estrategias de trabajo académico, abriéndole la posibilidad de un comportamiento más racional al respecto.

Autor
José Luis Coraggio
Recuperado de
http://www.fceia.unr.edu.ar/labinfo/facultad/decanato/secretarias/desarr_institucional/biblioteca_digital/articulos_pdf_biblioteca_digital/
El 3 de febrero de 2009

1 comentario:

eduardo dijo...

El triunfo de la cultura, se da y establece a través del triunfo, que por medio de la cultura, vive o padece, un individuo vivo, que por medio de la cultura, ciertamente cree prosperar y desarrollarse, en contra de la vida, a partir del dominio y la explotación de la vida, que por medio de la cultura se establece.

Tras una lenta cohesión moderación escolar, que determina el pulido y el acabado instrumental funcional, de nuestra existencia, respuestas mecanizadas, como pieza y forma precisa de un sistema que progresa en contra de nuestra vida.

Si yo no caminara constantemente hacia el horno, hacia la propia negación de todo lo que existe, por medio de esta cultura, si no caminara hacia el horno, que todo lo funde, desintegra, tendría que limitarme y asumirme, en tanto que reconocerme en la existencia predeterminada, acusada por los términos y los calificativos, por los nombres y las definiciones, otorgados por la acción de la cultural, funda en la absoluta negación y traición violenta, contra la acción de la vida.

Pero yo reconociéndome como producto de la acción y los juegos, los lenguajes de la cultura, pretendo negar la acción productiva de esta cultura, exigiéndole, que me respete y considere en mi vida y muerte, en todas mis raíces, en todos mis vínculos, en todos mis lenguajes, que respete el tránsito de la vida y la muerte por medio de la estructura de mis huesos.

Ya que no quiero terminar reducido a una de sus meras formas, formalidades, o instrumentos, por los que atenta contra la acción productiva de la vida-muerte, ejerciendo la acción mental de la violencia simbólica y lingüística.


En tanto esto pienso que para manejarnos conducirnos en el respeto de la vida, hacia la vida, por medio de los vínculos que es necesario sostener, crear, alimentar con otros, por medio de un lenguaje que nos respete y contemple como seres vivos, tenemos que crear un lenguaje que no existe, una gramática que desconocemos, una pedagogía contraía a la que predomina, ha predominado y existido por milenios.

Y que hoy circula por nuestros brazos cabezas, diluyéndonos corroyéndonos, en función de sus objetivos, en su melaza, a la velocidad de la luz, desasiéndonos y desintégranos como individuos, sociedad y comunidad estructura y mundo.

Como medio ambiente donde solo puede prospera la desintegración y la violencia, contra todo otro medio ambiente en que se da y se sostiene produce genera la prosperidad de la acción de la vida.

Vida social cultural que no se pude sostener ni sustentar, mantener, por la insuficiencia operativa de sus lenguajes que nuca contemplo la vida si no su dominio y explotación. Por su propio origen, por haber prosperado y haberse desarrollado por esta convicción. Por haberse fundado desde siempre, en una gramática de la violencia, dirigida hacia el dominio y la explotación de la vida y el mundo, y jamás en el respeto la compresión y la consideración, de esa gramática lenguaje, tan castigada, tan maltratada en que se da y sostiene esa cosa tan extraña como la acción productiva de la vida.

Se desintegra como es lógico, esta actividad social cultural, por la contracción productiva de sus lenguajes, y no tenemos aun, un nuevo lenguaje, para empezar a construir un mundo que no existe, nuca ha existido.

Un saludo. Eduardo Coli.

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