miércoles, 16 de octubre de 2013

El Diálogo versus Anti-Diálogo



Para Paulo Freire, la interacción es fundamental en los procesos educativo ¿Qué sentido le da al diálogo? ¿A qué llama antidiálogo? ¿Qué efectos buscan ambos? ¿Existen antidiálogos disfrazados?


Cuando Paulo Freire aborda este aspecto, comprende perfectamente el daño profundo que produce en los sectores populares una comunicación sustentada en la falta de interacción e interlocución, de ahí, que llegue a apuntar: “El antidialógico, dominador por excelencia, pretende en sus relaciones con su contrario, conquistarlo, cada vez más, a través de múltiples formas. Desde las más burdas hasta las más sutiles. Desde las más represivas hasta las más almibaradas, cual es el caso del paternalismo”.

Lo antidialógico es eminentemente abusivo del poder que detenta, en independencia del lugar, destino o modo que utilice, siempre tratará de imponer su voluntad o propósito; la historia humana ha estado caracterizada, desde su propio origen, por su naturaleza avasalladora, la desigualdad social y cultural, donde no hay tiempo para el intercambio equilibrado, ni para la escucha respetuosa y mucho menos para dar la palabra a los sectores menos favorecidos.

Las mayorías marginadas al no tener posibilidad de expresarse libremente, no se puede contar con una real noción del pensamiento que los caracteriza, de sus aspiraciones, de sus necesidades. Es decir, se destruyen las vías de una comunicación horizontal, desde el propio comienzo de la sociedad clasista, agudizándose con el devenir de la sociedad y la presencia de elites dominantes, que afianzaron este estado de cosas y justifican con diversos pretextos la ausencia de la palabra para los pobres. Tal panorama no propicia la aparición del diálogo como una herramienta de entendimiento entre los seres racionales, ya que para los grupos poseedores del poder no lo consideran viable y para las masas desposeídas era insospechado pensar abrir esta perspectiva.

El Antidiálogo evade la construcción del camino de la armonía social y la solidaridad entre hombres y mujeres, sepultando la idea de una convivencia feliz y una comunicación dialógica. Es bueno volver a Freire en este punto, recordando: “Si no amo el Mundo, si no amo la vida, s i no amo a los hombres, no me es posible el diálogo”.

La libertad individual y social es restringida sensiblemente a partir de la incidencia del Antidiálogo, que se contrapone raigalmente a todo tipo de derecho, dignidad o democracia, es por eso, que éste se alimenta de justificaciones ahistóricas, simulaciones o genuinos engaños epistemológicos. Incluso, cuando se ha visto amenazado por tendencias progresistas, ha acudido a la fuerza de la violencia, en la que la intolerancia reina de manera plena o parcial.

Una de las trampas de las sociedades expoliadoras hasta el presente, ha sido la de convencerse y tratar de que se acepte, que sólo priman las oportunidades para los poderosos, incluyendo en esta visión, el presupuesto del monopolio de la cultura y, por tanto, el dominio de la palabra. Este pensamiento contrario al progreso se sustenta en la estrecha y deformada versión, en la que determinados individuos tienen el privilegio de manifestar lo que les parezca conveniente y otros, la mayoría asumen la obligación de atender y aceptar lo que indican los primeros.

La colocación de cuatro rasgos o eslabones que retratan la concepción de los defensores del Antidiálogo, sintetizadas fehacientemente por Freire en “Pedagogía del Oprimido”, permiten ubicar, caracterizar y analizar adecuadamente las fuentes y formas que tienen los postulados de las clases dominantes, en varios siglos de subyugación cultural de pueblos enteros. Nos referimos a: La Conquista, La División, La Manipulación y la Invasión Cultural, los cuales conforman un todo único, reflejando a plenitud el grado de exacerbación de las contradicciones sociales y del carácter injusto de los grupos de poder a lo largo de la historia de la explotación del hombre por el hombre.

Junto a esta aportación de Paulo Freire, podemos destacar también el valor metodológico que ella alcanza, ya que se puede apreciar una lógica de sistema, la interacción entre las mismas, la visión dialéctica y el rango de significación que distingue a cada una, sirviendo en la comprensión de la relación comunicativa, tanto para épocas pasadas, como en la sociedad actual.

Además, a partir de esta visión, se puede derivar la evidente plasmación de una verdad irrefutable: el Antidiálogo ha sido un instrumento consciente o no de la ignominia y la sordera histórica de las elites de poder. Esta aseveración nos lleva a otra conclusión: los poderosos están incapacitados para promover la viabilidad de un diálogo verdadero.

Incluso, en la sociedad contemporánea, cuando se producen conversaciones de negociación de conflictos (El Salvador, Guatemala, Kosovo, etc.), ha predominado de modo implícito, el interés de favorecer a los grupos de poder, en detrimento de la otra parte.

El Antidiálogo impide o limita el avance del ser social hacia un proceso de humanización, ya que trunca el progreso espiritual de la mayor parte de la sociedad. Para nosotros, la humanización es un peldaño superior de la humanización, el salto de mono a hombre y a la construcción de sus relaciones de intercambio productivo y generativo.

El Antidiálogo, por lo tanto, es una fuerte barrera interpuesta en el crecimiento humano, en la edificación de valores cívicos, en el fomento de una cultura general de hombres y mujeres con posibilidades de realización.

Más a fondo, el Antidiálogo se constituye en un recurso de humillación para los sectores populares, en las que se manifiesta, abierta o simuladamente, un desprecio por la opinión de éstos, un acto consciente de ignorar los derechos de la libre expresión de las personas, es además una forma de etiquetar los límites de los mismos y, a la vez, un instrumento de opresión cultural.

Hay mecanismos solapados de Antidiálogo, donde se disfraza la palabra, dibujándose una aparente oportunidad de diálogo. Estamos en presencia de un hecho de simulación, de un seudo- diálogo. Los disfraces del Antidiálogo pueden ser numerosos, pero la esencia es la misma: no escuchar la voz del otro. Decía Freire: “La manipulación, en la teoría de la acción antidialógica, como la conquista a que sirve, tiene que anestesiar a las masas con el objeto de que éstas no piensen”.



Extraído de
APORTES DE PAULO FREIRE: PERSPECTIVA EPISTEMOLÓGICA
Autores:
Alisa Natividad Delgado Tornés
Doctora en Ciencias Filosóficas. CEDIC. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Oriente. Santiago de Cuba
Jorge Mesa Castillo
En Revista Colegio Universitario. Vol. I, No. 2, Año 2012

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