miércoles, 7 de septiembre de 2016

El modo indicativo e imperativo en los medios.

Los medios “inducen a actuar, comprar y aceptar”. Y todo esto se transmite con un estilo conciso, con una sintaxis comprimida y condensada que impide el desarrollo del verdadero significado. ¿Cómo los usan, especialmente la televisión? Esto es una herramienta en los medios de comunicación ¿No debería la escuela abandonar su indiferencia ante esto?


El modo del discurso escueto es el indicativo e imperativo. Es la palabra que, como decía Marcuse, “induce a actuar, comprar y aceptar”. Y todo esto se transmite con un estilo conciso, con una sintaxis comprimida y condensada que impide el desarrollo del verdadero significado. No admite contradicciones ni matices. La definición cerrada de los conceptos pervierte de tal modo el discurso que puede llegar al resultado de que en nombre de la libertad de expresión se bombardeen periódicos y emisoras de radio y televisión, o a la guerra se la denomine paz y a las víctimas “daños colaterales”. La criminal guerra contra Yugoslavia, Afganistán, Iraq, Líbano, puede servir de ejemplo de esta perversión del lenguaje. Dentro de esta lógica de la razón pervertida, los negocios de la guerra y sus inconvenientes para todos, los intereses particulares de quienes se enriquecen con la destrucción y la muerte se identifican con las ventajas de la paz y los intereses generales del bien común.

Las proposiciones de este lenguaje indiferenciado, mágico, son intimidadoras y glorificadoras al mismo tiempo. Son las formas de órdenes sugestivas, más evocativas que demostrativas. Se trata del discurso hipnótico del reclamo publicitario, o de la brutalidad imperativa del “ordeno y mando”, si el caso lo requiere. Es el lenguaje unidimensional que persigue la formación del hombre unidimensional.

El uso tan frecuente de abreviaturas (OTAN, ONU, UE, etc.) obstaculiza el planteamiento de preguntas no deseadas. Así, OTAN no sugiere lo mismo que Organización del Tratado del Atlántico Norte. En este caso habría que preguntarse qué hacen en ella países que, como Turquía, Grecia o Italia, nada tienen que ver con el Atlántico Norte, o que estas tropas se hallen ahora defendiendo los intereses de los grandes consorcios petroleros usamericanos en Asia Central. El discurso cerrado presenta la realidad en términos dicotómicos de buenos y malos.

No demuestra ni explica, sólo persigue el control reduciendo las formas y los símbolos de la reflexión, la abstracción, la contradicción y la dialéctica de la compleja realidad social a imágenes simplificadoras. Y, aunque la gente no crea este lenguaje o no le importe, actúa, sin embargo, de acuerdo con él, sigue sus indicaciones.

Mientras los medios emplean cada vez más el indicativo en la vida pública, en la vida la gente se pregunta diariamente qué pasaría si... Esto tiene que ver con el imperativo de la expresión corta y con la brevedad de la transmisión técnica. La información televisiva refuerza esta tendencia. Una imagen muestra lo que presenta. El lenguaje tiene que explicar el significado plural de las cosas, la relatividad de los conceptos. Pero, por razones de tiempo y espacio, no permite ningún subjuntivo ni condicional, ninguna subordinación. La mirada fugaz a los pequeños signos se compensa con ilusiones que se pueden obtener de Internet desde la tranquilidad del propio cubil Pero esto no proporciona ninguna certeza. Si se quiere ésta, hay que comprobarla por sí mismo, en la interacción con la realidad y con los demás seres humanos, en el diálogo enriquecedor.



Extraído de
La Intoxicación Lingüística
El uso perverso de la lengua
Vicente Romano

Colección TILDE

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